Marcos había estado mejor. Cada vez menos se repetía el dolor de pensar en él. Y es que aunque Tiago era actualmente su novio, y eso lo hacía muy feliz, aun una parte de si mismo echaba de menos a Tomás. No sabía como pararlo, más que estando al lado de Tiago. Era lo único que lo calmaba. Por eso días como aquel eran tan difíciles. Tiago estaba dando unas pruebas en la academia de clases extraescolares a las que iba. Y él, bueno, hizo lo que hacía cada día antes de Tiago. Vagaba por las calles donde solía ver a Tomás, con el corazón encogido, rezando por encontrarlo y sentir su corazón vivo al verlo. Vivo, pero estallando en dolor. Y allí estaba. Caminando por las calles donde Tomás pasaba las tardes con sus amigos, cuando lo vió. Pero lo que vio le rompió el corazón en mil pedazos. Frente a él, un chico rubio se alzaba sobre sus pies para darle a Tomás un breve beso en los labios. Tomás, en contra de lo que podría pensar Marcos, no se apartó, si no que, tomando a aquel chico entre sus brazos continuo el beso, alargando la agonía del pelirrojo. Marcos notó como sus ojos se humedecían, y el corazón, al del colapso, luchaba por salir corriendo de su pecho. Pero se paró, en contra de su sentido común, para ver, cuando se giraba aquel chico, que no era otro más que Rubi, su amigo. La traición se clavo más fuerte aun en su pecho, y sin pensarlo salió corriendo.
Tomás sentía los labios de Rubi, plenamente consciente de que Marcos observaba la escena, y lo acerco más aún a él, sonriendo satisfecho. Eso podría bastar para mantener alejado a Marcos de Rubi. Cuando este otro salió corriendo Tomás se separó y sonrió. Pero aquella no era la sonrisa que Rubi esperaba. Algo triste devolvió la sonrisa a Tomás. Alzó sus brazos y lo abrazó. Estaba tan enamorado de él, que le daba igual para quien fuera ese beso, o esa sonrisa. Le bastaba con tenerlos él, robados. Tomás era el hombre al que más amaba, y por la oportunidad de estar a su lado haría cualquier cosa. Sin embargo, en Tomás se despertaba algo más oscuro aun. Amaba a Marcos tanto, que quería lastimarlo. Era tan irracional su amor, que se había vuelto odio, y deseaba que si no iba a ser suyo, debía sufrir. Tomó la mano de Rubi y lo miró a los ojos, pero sin ver nada, cegado por su odio. Hacía Rubi, por haber tenido a Marcos. Hacía Marcos, por no ser suyo. Hasta por si mismo, por ser tan cobarde.
-Oye, rubito.- Comenzó a decirlo, sin pensar en las consecuencias.- ¿Te gustaría salir conmigo?
Los ojos de Rubi comenzaron a brillar, y se quiso engañar. Decidió caer, de forma inconsciente en las mentiras de Tomás, y se prometió que aquello era un inicio, que Tomás había comenzado a entender lo que sentía, a entender que estaban echos el uno para el otro.
Mientras tanto, Marcos corría por la calle, hacía las clases de Tiago, con el corazón en la boca, y el miedo saliendo de él por sus poros. No quería sentir esa angustía en su garganta. No quería sentir ese dolor en su pecho. No quería que sus ojos ardieran de aquella forma. No quería sentir como se moría todo lo vivo de él. No otra vez. No cuando lo habían salvado. Y así, corriendo desesperado, fue como lo vio Tiago, mientras salía del examen. Marcos corría hacia él con el rostro más roto que había visto alguna vez. El pelirojo se tiró en sus brazos y los sostuvo sin pensarlo. Tiró de él y lo llevó a un lugar escondido donde poder escucharlo tranquilo.
-Marcos, calma. ¿Qué pasa amor?- le dijo mirando su rostro descompuesto.
-Yo... Yo no quiero más dolor Tiago. Yo. Por favor. Haz que pare. Haz que pare el dolor. Haz que pare este vacio que me esta matando. Por favor, besame y no pares hasta que mi corazón se calme.- Decía con el corazón encogido, y de forma interrumpida por un llanto incontrolable.- Por fa...
Pero antes de que pudiera acabar de hablar, Tiago ya se había puesto manos a la obra, sosteniendo su rostro entre sus manos, y sonriendo, tranquilo, comenzó a besarlo. Despacio. Dejando que sus labios lo tocaran. Que lo envolvieran, jugando arriba y abajo, y mordiendo de vez en cuando el inferior. Lo beso suavemente, como solo se sabe hacer con amor. Y poco a poco, Marcos sintió que el dolor desaparecía.
-Te amo Marcos. Te amo, ¿Si? No temas más. Estoy aquí para ti.-le dijo Tiago con los ojos iluminados por el amor que sentía hacía el pelirojo.
-También te amo Tiago. Por favor, nunca dejes de amarme. No se que sería de mi sin tu amor.
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Amigos de la infancia (Yaoi)
RomanceUn grupo de amigos de la infancia. ¿Será una simple casualidad que todos ellos descubran que su sexualidad no es la que esperaban? Quedense para leer la inexplicable historia de los chicos de El club de los ganadores. Aviso: La imagen de portada NO...
