Su guitarra lo decía todo. Su nombre, una y otra vez. El ritmo aumentaba de fuerza en aquella canción que prometía ser una balada. Su voz se alzaba en un grito camuflado de nota, dejando ver el dolor en el desgarre de sus cuerdas vocales. En esa nota. En ese giro. En ese movimiento que su pelo hacía para dejar ver su cuello al mundo, como ofreciéndose a la muerte. Como ofreciéndose a la vida. Como ofreciéndose a él. Él. El maldito amor de su vida. Y si, era él y no ella. Era él y no cualquier él. Era, y no había forma de que nadie más fuera. Su nombre golpeo sus cuerdas con tanta fuerza que la nota se fue de sus dedos. Solo podía tocar si era por y para él. Dejo la guitarra en el estuche al tiempo que sonaba la campana. El autobús los buscaría. ¿Donde se bajarían hoy? Si mal no recordaba la reunión sería en casa de Tiago. Rubi pasó por el baño casi por instinto y miró como se veía. Él estaría allí. Él estaría allí y no podía soportar los nervios. Salió corriendo al darse cuenta de la estupidez que estaba pensando. Lo llevaba viendo desde siempre. ¿Porque ahora eso debería ponerlo nervioso? ¿Porque cuando casi besa a Marcos solo pudo pensar en él? ¿Que no debería ponerle más ansioso el que Marcos hubiera tratado de besarlo? Sin embargo aquello no tenía nada de extraño. Desde que Marcos había salido del armario había sabido que el averiguaría de esa parte tan secreta y oculta de él mismo, aun cuando el ni siquiera lo reconocía para si mismo. Marcos era muy inteligente, y no tardaría en darse cuenta y tratar algo con él. Lo sabía. Quizá por eso no tenía mayor impacto. Pero ¿enamorarse? Aquello era peligroso. Alarmante cuanto menos. Rubi se paró en seco frente al autobús. ¿Enamorado? ¿De su amigo? No. No, no, no. ¿Porque se había dejado pensar en eso? Rubi vació la cabeza de su nombre como mejor pudo y subió corriendo al bus, negando una y otra vez en su cabeza. No. Él no estaba enamorado. Sin embargo, su cuerpo se congeló al instante. Los cuatro amigos subían ahora el bus caminando hacía él. Y entre ellos, estaba él. Sus ojos se tocaron un segundo. Rubi cerró con fuerza los ojos y rezó.
"Por favor, para. Por favor"
Tiago amaba cuando sus amigos iban a casa. Al fin y al cabo eran sus chicos. Sus hermosos amigos. El perfecto caos de su vida. Los chicos llegaron a casa y fueron directos al cuarto de Tiago. Saludaron por el camino a sus padres, que ya estaban acostumbrados a aquella presencia tan caótica.
-Hey Tiago, déjame ver ese vídeo juego del que me hablabas antes.- la voz de Nico lo llamó por la espalda.
-Claro.- dijo este, sacando el juego y pasándoselo.
Rápidamente Tomas prendió la maquina, y se sentó junto a Nico con los mandos. Nico dijo algo, y Tomas sonrió. Era tan extraño ver a su amigo sonriendo estos días. Había estado tan serio... Rubi se sentó lejos de todos, el extremo del sofá, y Marcos llegó desde afuera con un vaso de jugo que se había servido. Desde la puerta, observó unos segundos el panorama junto a Tiago.
-¿Qué ve don perfecto?- le preguntó con una sonrisa asquerosamente hermosa.
-Caos.- le respondió Tiago, tratando de contenerse.
Si bueno. Le gustaba Marcos. Más bien, le encantaba. No era sorpresa para él. Siempre había admirado en secreto a su despreocupado amigo. Tan caótico. Tan hermosamente caótico. Un enorme desastre de persona. Era la ironía de su vida. Todos lo llamaban don perfecto, pero ¿él? Él solo adoraba el caos. El hermoso caos del pelo rojizo de su amigo, la profundidad de sus ojos oscuros, que se fundían en los suyos grises, con aquel brillo tan conquistador. Su sonrisa, tan coqueta y traviesa, colándose en cada recoveco de su estructurada mente, y dejando el desastre a su paso. El caos de su corazón, reclamando la paz de nuevo, cuando él lo tocaba. Y sus ojos, que se cerraban ante cada sonido de su voz. Sin embargo sabía que Marcos nunca lo miraría a él. En aquel momento la mirada de Marcos buscaba a Rubi, que se sentía cada vez más nervioso. Una sonrisa dolorosa escapó de sus labios sin poder notarlo. El corazón latía más pesado cuando lo veía mirar así a alguien más. Tiago lo miró, se preguntó. ¿Cuantos labios habrían besado aquellos labios que tanto deseaban? ¿Y porque nunca querrían besarlo a él? Y él mismo, que guardaba fielmente aquel primer beso para Marcos. Tan estúpida e ilógica era su fidelidad, que con más ansias la guardaba. Un poco más de caos a su perfecta vida.
Marcos no tardó en moverse, y Tiago decidió cubrirse con su análisis antes de que el corazón se le parara completamente. Observó a Tomas. Hacía mucho que Tomas y él no estaban a solas, y a menudo sentía que extrañaba al tierno y dulce Tomi que años atrás lo abrazaba en la entrada del colegio. Por supuesto, no sabía que había hecho que su amigo cambiara, pero sospechaba que el mismo Marcos tenía algo que ver en todo aquello. Desde que Marcos salió del armario dos años atrás, Tomas no había vuelto a ser el mismo. Había conocido a aquellos chicos, había dejando crecer su oscuro pelo, y cada vez pasaba menos tiempo con ellos. No tardó mucho en pedir que dejaran de llamarlo Tomi, y actualmente, nunca hablaba con Marcos. Con el tiempo, todos habían aprendido a lidiar con aquella tensión entre ellos. Recordaba haber escuchado a Rubi decir una vez "Seguramente su homofobia no le deje perdonar a Marcos por ser quien es" Pero Tiago conocía a Tomi. Él no era así ni mucho menos. Él no odiaría a alguien por algo así. Y luego estaba el mismo Rubi. Aquellos días había estado algo apagado. ¿Sería que Marcos había comenzado a cansarle? Nico lo llamó sacándolo de su ensoñación.
-Vamos Tiaguito, ensañale Marcos como se juega a la perfección.
Tiago sonrió. El bueno de Nico siempre tratando de mantenerlos juntos. ¿Que sería de aquel desastre de grupo sin él?
-Por supuesto, pásame el mando.
Tiago se sentó junto a Marcos, y miró sus ojos oscuros. Como cada vez que lo miraba, lo vio. Vio todo el caos acumulado. Vio el miedo y el dolor escondidos en aquellas pupilas que no engañaban a la sonrisa de Marcos. Y lo vio. Vio como detrás de él, Tomi acompañaba su mirada. Una vez más se afirmo. La homosexualidad de Marcos tenía que ver en el porque de la nueva actitud de Tomas, pero no como Rubi pensaba. El juego comenzó-
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Amigos de la infancia (Yaoi)
RomanceUn grupo de amigos de la infancia. ¿Será una simple casualidad que todos ellos descubran que su sexualidad no es la que esperaban? Quedense para leer la inexplicable historia de los chicos de El club de los ganadores. Aviso: La imagen de portada NO...
