Cuando la lluvia comenzó a golpear con fuerza, Rubi, Tiago y Nico apenas se habían alejado de la casa. Lo cierto es que Tiago iba demasiado preocupado, y no estaba concentrado. Los otros chicos habían confiado en su orientación y habían acabado dando una vuelta en círculo que los llevo de nuevo a la casa en unas cuentas horas. Horas en las que, sin embargo, Marcos y Tomás si habían avanzado bastante. Quizá todo habría sido diferente si esa lluvia no hubiera estallado ese día. Pero la naturaleza es caprichosa, y sin avisar, comenzó a llover con gran fuerza. Nico ordenó a los otros dos que volvieran a la casa. Las reacciones de los chicos fueron igual, y diferentes. Ambos se preguntaron como estaría ese ser amado que no habían visto en horas. Pero Rubí escupió al suelo, "ojalá agarré una gripe" pensó mientras lo hacia. Para Tiago no fue tan simple. ¿Cómo estaría Marcos? Realmente tenia ganas de correr por el bosque gritando su nombre hasta encontrarlo. O quizá correr lo suficiente como para volver atrás y poder decirle a Nico que no. Que no pensaba ir sin Marcos porque ya hacía bastante que estaban juntos. Que era feliz y gay. Muy gay, y ya no tenía miedo de decirlo. No cuando Marcos podía estar perdido en el bosque en medio de una lluvia torrencial con Tomás. Con el maldito Tomás. No sabía que temía más, que pudiera lastimarlo o todo lo contrario. Pero finalmente, comprendiendo que cualquier pensamiento era inútil para encontrar a Marcos ahora, se dio la vuelta y volvió a casa.
Por otro lado, Marcos y Tomás no la tuvieron tan fácil. Sus pasos se adentraban poco a poco en el bosque. Lo cierto es que volver era inútil, y la única esperanza que tenían de resguardo es llegar a la orilla y encontrar alguna cabaña de pesca, en la que quizá pudieran refugiarse. La lluvia era tan fuerte que Marcos no podía ver más allá de la espalda de Tomás, que delante de él no veía mucho más que sus propios pasos. Empapados hasta los pies, las fuerzas de los chicos comenzaban a mermar, angustiados por pensar que quizá no había cabaña alguna que los resguardara al llegar a la orilla. Aún así, no había opción, por lo que continuaron andando sin mucha demora. Cuando Marcos estaba por echarse a llorar, de la desesperación, Tomás grito con alegría.
-¡Veo algo!
Rápidamente Marcos se acerco a él, y agarrándose como podía a la camiseta empapada de Tomás lo siguió hacia la cabaña. Una vez allí pudieron encontrar algunas mantas con las que secarse. Tomás se acerco a Marcos, dándole una de las mantas. Al acercarse a él pudo notar como la ropa mojada se ceñia a su cuerpo, dejando poco a la imaginación. Miró hacia otro lado sonrojado y le pasó la manta.
-De-deberías cubrirte.-le dijo el chico.
Desde el momento en el que le había dicho a Marcos todo lo que sentía, podía verlo de otra forma. Había algo que se dibujaba en su sonrisa de forma diferente. Su mirada picara parecía haber vuelto, y ahora lo evadía una y otra vez, volviéndolo loco. Su cuerpo ardía en deseos de tomarlo, de abrazarlo y besarlo. De mostrar con su cuerpo todo lo que sentía su alma. Pero permaneció en silencio, observando esos débiles movimientos que realizaba Marcos con su cuerpo empapado. Como las gotas resbalaban por su cabello rojizo, hasta llegar a su rostro, para dejarse caer por sus redondeadas mejillas. Como sus labios se movían, casi inconscientemente , buscando leves suspiros de aire, para calmar a sus pulmones cansados de la carrera bajo la lluvia. Marco subió su mirada tras secarse y también lo observó. Esta vez ninguno corrió la mirada. Estaban allí. La luz era escasa. Solo los rayos los dejaban observarse bajo el insistente replique de la lluvia contra los tejados. Durante esos destellos fugaces de luz sus miradas se observaron. Se fundieron. La sincronía fue perfecta. Sus labios sonrieron a la vez que los del otro. Sus ojos se sorprendieron y mandaron sangre a sus mejillas, que heladas por la tormenta, comenzaban a tomar un color más rojizo en aquel pequeño cobertizo. Tomás alzó sus manos y se acercó a Marcos. Comenzó a acariciar lentamente la mejilla de Marcos , que lo observaba asustado. Dejo que sus dedos recorrieran su rostro, dibujando la silueta de sus ojos verdes y expresivos, de su pequeña nariz, ahora enrojecida por el frío. Trazó aquellas marcas que se hacía en su cara al sonreír. La de los ojos. La las mejillas. Las de la nariz. Y finalmente la de sus labios. Los rozó con delicadeza, como si fuera lo más frágil del mundo. Rozó esos labios mojados por la lluvia. Rozó aquellos labios, y dibujo sobre ellos una sonrisa. Marcos lo observaba, y por momentos, ese frío que había calado en el cuerpo de ambos, pareció esfumarse. Notó el calor que provenía del cuerpo de Tomás hacia él, y recordó cuantas noches de frío había deseado consolarse entre sus brazos. Sintió sus manos, tan suaves y firmes. Sintió su mirada, tan intima. El silencio los rodeaba, abrazando la escena, mientras la distancia entre ambos chicos se acortaba. Aquel silencio era especial. Aquel silencio hablaba. Hablaba lo que por años ambos habían callado. Hablaban de dolor, hablaban de miedo. Hablaban de amor, de ganas de correr a abrazarse. Hablaban de noches soñadas, y de deseos incumplidos. Hablaban de ambos. Tomas terminó de acortar la distancia entre ambos, sintiendo el aliento helado de Marcos, que alzaba sus manos para tomar su rostro.Aquella noche el silencio solo fue alterado por el sonido de dos labios, que finalmente se unían. Dos labios que habían estado demasiado tiempo deseándose, y que por fin estaban juntos. Aunque aquello rompiera muchos corazones. Aunque aquello hubiera debido pasar mucho tiempo antes. Aquella noche estaban juntos. Aquella noche era lo único que tenían, y se lo debían. Sobre el suelo helado de la cabaña, Tomás y Marcos se besaron toda la noche. No necesitaron hablar, no necesitaron más que un beso eterno. Un beso que decía todo.
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Amigos de la infancia (Yaoi)
RomanceUn grupo de amigos de la infancia. ¿Será una simple casualidad que todos ellos descubran que su sexualidad no es la que esperaban? Quedense para leer la inexplicable historia de los chicos de El club de los ganadores. Aviso: La imagen de portada NO...
