Tras la tormenta, tras esa noche eterna de lluvia y frío, salió el sol. Tiago permanecía frente a la ventana, como si el magnetismo del paisaje lo mantuviera preso en sus pensamientos. Se preguntaba cómo estaría Marcos. Si habría pasado frío, si la lluvia lo habría tropezar, si habría sufrido alguna fiebre por la humedad. Si habría encontrado donde refugiarse o había pasado toda la noche bajo el manto de lluvia helada que los había asustado camino a la cabaña. Se preguntaba su Tomás, ahora soltero, habría intentado algo con él, y sorprendido, se daba cuenta de que no le dolería la traición tanto como el que Marcos hubiera salido lastimado. Se había convertido en un guardián para él, y lo único que podría calmarlo es ver su rostro, sano y salvo. Se lo imaginaba con esos ojos verdes brillantes, y su pelo rojizo, tan vivo como el color de su rostro al sonrojarse. Deseaba que se abrazara a él, y le pidiera que lo cuidara como hacía siempre. Deseaba besar sus labios dulces, tiernos, y perderse en la inmensidad de su mirada al finalizar el encuentro de sus bocas. Ya le daba igual todo. Le daba igual que los chicos lo supieran. Le daba igual que Tomás lo odiara. Le daba igual. Solo quería verlo, besarlo, que todos supieran que era suyo. Desde el otro lado, y sin que aún pudiera verlo, Marcos observaba el rostro de Tiago junto a la ventana. Sentía que su corazón se encogía al verlo, al recordar todo lo ocurrido. Lo había traicionado. ¿Como podía volver a mirarlo a la cara? Tras él, Tomás consiguió alcanzarlo, y antes de pasar a un lugar donde Tiago podría verlos se dirigió a él.
-Marcos... La oferta sigue en pie. Si decides darme una oportunidad me quedaré y lucharé por ti. Si no... bueno. No me verás más. Y creo que ayer... Quedó claro que no es eso lo que quieres.
Tomás dijo eso acercándose a los labios de Marcos, deseándolo tanto como la noche anterior, tanto como siempre.
-Tomi... No.- contestó el otro apartándose para evitar el beso- No quiero. Yo... Lo pensaré. Pero ahora... No.
Marcos echó a andar. Su corazón se rompía a cada paso. Atrás, su primer amor. Tomi. Aún podía verlo con sus 14, años, plantado frente a él, diciendole que lo quería. Estaba tan cambiado. Aún sus labios le sabían a amor, a dulzura, a inocencia. Sin embargo el rostro que ahora veía, no era el de Tomás. Era el de Tiago. La persona en la que más confiaba, quien había peleado para conquistarlo. Había sido un idiota al dejarlo solo, pero siempre lo había cuidado. Su corazón latía con una dolorosa emoción al verlo. Su corazón deseaba correr hacia su adictiva calma. Hacia su respiración, que lo acunaba cuando lo sostenía entre sus brazos. Hacia sus ojos, llenos de una paz enorme. Hacia él. Lo amaba. Podía sentirlo en cada terminación nerviosa. Así como podía sentir que Tomás aún era una espina en su corazón, sabía que Tiago era el amor que curaba esa herida. ¿Podía amar a dos personas? Sintió sobre él la mirada de Tiago, que se levantó de la ventana para salir corriendo hacia la puerta a su encuentro.
-Marcos!- Tiago corrió a su encuentro.
-Hola...-Contesto el pelirrojo invadido de culpa y vergüenza al ver su rostro iluminado.
Tras el aparecieron Rubi, con una mirada aún enfadada y Nico, alegre por el regreso. Aún Tomás caminaba tras Marcos, acercándose a la casa. Tiago olvido todo. Olvidó que los chicos veían. Olvidó que nadie sabía lo que sentía. Olvidó hasta donde estaban. Olvidó sus miedos. Solo podía ver a Marcos. Había estado tan preocupado. Corrió hacia él y lo beso. Con su rostro entre sus manos callo las palabras de Marcos que decían "Los chicos..." Sus labios lo devoraron. Sintiendo su sabor. Ese sabor que lo hacía sentir paz, amor, vida. Ese sabor que lo hacía sentir que todo estaba bien. Sintió el frío de la lluvia anterior. Sintió su camiseta aún húmeda. Sintió sus brazos tiritando, de emoción. Sintió su alma estremecerse en cada caricia, y su pelo sucio de barro y restos del bosque. Todo aquello no era de extrañar. Todo aquello sabía a gloria. Pero entonces lo sintió. Sintió el sabor salado de las lágrimas que resbalaban por el rostro de Marcos. Sintió el sabor a culpa, a miedo, a dolor, a tristeza. Tiago se separó y miro a los ojos de Marcos. Pero este ya no podía mirarlo. Había roto en llanto, sin poder contener el dolor de la culpa, que tanto le pesaba.
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Amigos de la infancia (Yaoi)
RomanceUn grupo de amigos de la infancia. ¿Será una simple casualidad que todos ellos descubran que su sexualidad no es la que esperaban? Quedense para leer la inexplicable historia de los chicos de El club de los ganadores. Aviso: La imagen de portada NO...
