Prueba de valor

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Al día siguiente un extraño aire flotaba en el ambiente. La tensión entre Rubi y Tomás era evidente. Tras el llanto de Tomás, las dudas del rubio habían salido a la superficie. Aunque se había esforzado en mantener su inseguridad escondida, no pudo evitar preguntarle a Tomi que sucedía. Y este, le confesó todo. Así que aquella mañana el aire podía cortarse con un soplido. Por eso Nico propuso un juego, una prueba de valor. La mañana había amanecido lluviosa, por lo que harían dos grupos y se internarían en el bosque. Quien antes consiguiera llegar al otro lado del lago y traer un poco de arena de la que se podía encontrar en aquella orilla, ganaría. Nico sacó unos palitos para elegir los equipos. Largos con largos, y cortos con cortos. El primero en sacar fue Rubi, que tomando su palito corto clavó su mirada con fuerza sobre Tomás, que fue el segundo. Tragando saliva, sin saber si prefería ir con el rubio, o solo, vio salir el palito largo. Tiago lo saco rápido, rogando por que Marcos quedara con él y no con Tomás. Era otro corto. Le guiñó el ojo a Marcos, que nervioso se acercó a la mano de Nico. Necesitaba el corto. Lejos de Tomás y junto a Tiago. Que el destino le tuviera piedad, pensaba mientras sacaba el palito largo. Le había tocado con Tomás. Ambos se miraron por un segundo, para apartar la mirada rápidamente, a cual más herido. Y por último Nico mostró triunfante su palito corto. 

- ¡Bien! busquemos materiales para jugar.- comenzó a decir.

Marcos miró a Tiago fijamente, rogandole con la mirada que parara aquello. 

-Nico, quizá sería mejor si cambiaramos los equipos...- dijo de forma tranquila, tratando de no sonar demasiado interesado.

-¿Porque? ¿Hay alguna razón por la que quieras ir junto a alguien en particular?- le preguntó mirandolo fijamente.

Tiago maldijo para si. Nico sabía lo que sentía, pero no que estaban juntos. Y en aquel momento no podía contarselo. Seguro lo había arreglado para alejarlo a él de Marcos y a Rubi de Tomás. Que tonto había sido. Pero ahora no podía decir nada sin exponerse ante todos. Evito la mirada de suplica de Marcos, y contestó.

-No... solo decía.

Tiago dijo esto girandose, para evitar la mirada de Marcos, que cambió de la suplica a la decepción. Era la primera vez que lo desprotegía, pero el miedo de reconocer en voz alta lo que era, lo que hacía, le podía. Era incapaz de hacerlo. No aquel día, no de esa forma. Así que Marcos debería esperar a la noche para recibir sus cuidados. Y ojalá ese momento hubiera llegado. En el corazón de Marcos el miedo comenzó a crecer de forma desproporcional, pero se sorprendió al ver la mirada de Tomás. No era feliz, pero aquel odio ciego, aquel dolor desbordante había desaparecido. En su lugar, veía una nostalgia silenciosa, mezclada con una curiosidad masoquista hacia él. Aquello golpeó al miedo de su corazón y de un solo golpe lo hizo desaparecer. Los labios de Tomás se movieron, y por primera vez en mucho tiempo le hablaba a él.

- ¿Vamos?- le preguntó con un tono neutral. 

Lo cierto es que el corazón de Tomás estaba a mil por horas. La noche anterior, Rubi había dado a entender que lo de ellos dos había acabado, y de alguna forma muy desagradable, aquello lo había aliviado muchísimo. Y ahora tenía la oportunidad de volver a estar a solas con Marcos. Sabía que este estaba con Tiago, pero quizá estuviera lo suficientemente loco como para seguir sintiendo algo para él. Conteniendo sus ganas de abrazarlo, Tomás hecho a andar hacía la casa. Buscó agua y algo de comida. Una manta, y su navaja multiusos, y lo echó en una mochila. Esperó a Marcos fuera. Luego, mientras Nico terminaba de explicar las normas, se entretuvo observándolo atentamente. Era como si volviera a verlo por primera vez. Era increíble lo mucho que había cambiado el pelirrojo en esos meses. Ya no sonreía burlón, ni se jactaba de sus noches de desenfreno. No tenía esa actitud de león en celo, si no que más bien era un huroncillo pelirrojo. Asustadizo e huidizo. Y... por que no, adorable. Sonrió, cuando Marcos se giró y lo pilló en aquel gesto impulsivo. Giró rápidamente esperando que el otro no lo hubiera visto. Pero había sido demasiado lento. Marcos lo había visto. Había visto esa sonrisa. ¿Era para él? ¿Acaso Tomás...? Lo miró por primera vez atentamente. ¿Cuando había cambiado tanto? Su rostro ya no expresaba ira. Su cuerpo parecía mucho más alto ahora que no se encorvaba. Antes hacía eso constantemente, como si necesitara esconderse de algo. Y parecía mucho más apuesto. ¿Había tomado su piel más color en esos días? La voz de Nico dando el aviso de que la prueba comenzaba lo despistó. 

Amigos de la infancia (Yaoi)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora