Aquel día transcurrió sin silencio. Nico y Rubí trataban de animar a Tiago, que volvía a su inescrutable silencio. Lo cierto es que, aunque no se lo veía tan mal, los chicos estaban preocupados. No habían entendido del todo bien, pero al parecer Tiago y Marcos estaban juntos y Tomás se había metido. La historia poco a poco se iba armando en la cabeza de los dos chicos. Nico sabía lo que Tiago sentía por Marcos, pero nunca se habría imaginado que Marcos pudiera estar con un chico más de dos noches seguidas. Y Rubí no podía entender si Marcos había superado a Tomás o había usado a Tiago como lo habían usado a él. Esos pensamientos traían a Rubí sonrisas amargas. ¿Cuantas canciones había puesto en su nombre? ¿Cuantas? Había sido absolutamente sincero en cada nota escrita, en cada palabra dicha, en cada caricia dada. Y solo había ganado que lo usaran como un premio de consolación. ¡O peor aún! Cómo moneda de cambio. Por supuesto le dolía pensar en todo aquello, pero una rabia amarga había hecho desaparecer por completo el sabor del dolor. Lo odiaba. ¿Era quizá por eso que ya no sentía que lo amaba? Decían que odio y amor eran las dos caras de una misma moneda. Pues quizá la moneda había girado para no volver. No pensaba perdonarlo. Ese odio que crecía en su pecho era demasiado grande para ser olvidado. Sin embargo, solo hacían dos horas que Tomás había salido por la puerta y ya lo echaba de menos. Tratando de calmar todas esas emociones Rubí tomo su guitarra y uso el resto de día en componer. El odio desapareció cuando sus dedos rasgaron las cuerdas, comenzado a tocar el dolor. El dolor de los besos falsos. De su cuerpo entregado a la mentira. El dolor de recordar cada palabra que había usado para engañarlo. El dolor de pensar que cada segundo que habían pasado juntos había sido la mentira más preciosa de su vida. Lo odiaba. Lo odiaba tanto que su pecho dolía, pero cada una de sus lágrimas lloraba porque regresara y siguiera engañándolo. Porque por más que doliera. Por más que lo odiara. Lo amaba. Había sido su primer amor. Y siempre lo sería.
Desde la otra habitación, Marcos podía oír las notas. Aquellas notas reflejaban un dolor muy diferente al suyo, pero no importa de que sea la balada cuando uno siente pena con toda el alma. Aunque aquellas letras no contarán su historia, cada nota narraba otra melodía para él. Ahora se daba cuenta. Se daba cuenta de todo lo que había hecho. Se daba cuenta de cómo lo había despreciado. Se daba cuenta de cuánto se odiaba a si mismo. Se daba cuenta de cómo había echado su vida a perder desde aquel día. Desde que Javi le robó aquel beso su vida había ido de mal en peor, por culpa de Tomás. Ya no recordaba ni la mitad de los hombres a los que había engañado diciéndoles único mientras su mente le gemía a Tomás en cada noche de fuego. Se engaño a si mismo encadenandose a ese nombre como si estuviera maldito. Se juro amarlo siempre. Se juro nunca olvidarlo. Se juro que a ese frío que sentía al pensarlo seria siempre su temperatura corporal. Llegó Tiago y lo caló hasta los huesos. Fue una chimenea en la noche más helada del mundo. Y aunque no quiso lo calentó. Poco a poco. Rozo su cuerpo y borro aquel frío. Lo miro y poco a poco comenzó a olvidar cada promesa. Lo beso y olvidó cada noche de dolor y alcohol. Lo hizo mejor persona. Y vendió aquel calor reparador por una noche de frío inmenso. Se sentía estúpido. Pero no lo era tanto como para dejar de buscar ese calor. Y volvió a jurarse. Se juro amarlo siempre, y solo a él. Se juro nunca dejar de buscarlo hasta volver con él. Se juró que aquel calor era el único que quería sentir por el resto de su vida, y que daría la suya por sentirlo una vez más. Porque la soledad que sentía al perderlo era mucho más helada que el vacío de Tomás.
Mientras esos pensamientos volaban por la mente de Marcos, Tiago hablaba con Nico.
-¿Y que harás ahora?- le preguntaba Nico a su amigo.
-Amarlo. Cómo siempre lo he hecho. En secreto.- respondió con voz amarga Tiago.
-¿Te rindes? ¿Ya está? Este no es el Tiago que conozco- le replicó Nico.
Tiago dejo salir una breve y triste risita. Sus ojos aún seguían rojos del llanto, y uno de ellos morado del golpe.
-No es tan simple Nico. Sé que parece que a la primera me he rendido. Pero llevo desde que lo conozco amándolo. Incluso antes de saber lo que es el amor ya lo amaba. Y el nunca ha sido para mí Nico. Su primer amor fue ese imbécil que creía mi amigo. E incluso sabiendo que seguía amándolo me arriesgue a decirle lo que sentía.- Tiago hizo una pausa, como recordando aquel día- Pero no sirve de nada ¿sabes? Lo consolé noches enteras llorando por él aún cuando era mi novio. Lo sentí perdido en muchos besos. Pero me quedé. Porque lo amo, y pensaba que él también me amaba a mi. Pero ama a Tomás, Nico. Me lo ha dicho el mismo mirándome a los ojos. Aún lo ama. Y yo no soy quien para quitarle lo que le hace feliz. Si ama a Tomás, quiero que vaya con él, que sea feliz,- una risa débil salió de los labios de Tiago- que lo bese sin dañar a nadie. Que deje de dañarse a si mismo.- lanzo un largo suspiro- No me rindo Nico. Lucho. Lucho por amarlo y dejarlo ir, para que sea feliz.
Tiago se levantó y paso una mano por el hombro de su amigo, que había enmudecido de admiración. Sonrió tristemente y miro por la ventana.
-Te pagaré por la ventana rota. Pero ahora creo que será mejor que me vaya. Pillaré el autobús de la tarde. Gracias por todo Nico.
-No hace falta que te vayas.- dijo Nico levantándose también- Y olvida la ventana. Diré que fui yo.
-Se que no hace falta. Pero necesito estar solo está noche.- sonrió Tiago- Gracias amigo. Iré a buscar mis cosas.
Tiago se fue aquella tarde. En la mañana Nico, Rubí y Marcos hicieron un viaje silencioso hacia casa. Esa noche no hubo mensajes ni llamadas. Tomás parecía haber desaparecido desde el momento en que salió de aquella casa. En el corazón de todos habitaba la incertidumbre del día siguiente. ¿Que ocurría?
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Amigos de la infancia (Yaoi)
RomanceUn grupo de amigos de la infancia. ¿Será una simple casualidad que todos ellos descubran que su sexualidad no es la que esperaban? Quedense para leer la inexplicable historia de los chicos de El club de los ganadores. Aviso: La imagen de portada NO...
