Capítulo 8

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P.O.V. Savannah.

Oigo la puerta abrirse así que me incorporo en el sofá y veo a mis padres entrar cargados de bolsas. Me levanto y los ayudo, cogiendo yo unas pocas. Las dejo en la encimera de granito de la cocina y me vuelvo para hablar con ellos.

- ¿Compra de la semana, no? Podríais haberme avisado y habría ido con vosotros para ayudaros.

- No te preocupes, hija. ¿Qué tal el día? - pregunta mi madre, acercándose para dejarme un beso en la mejilla. Mi padre también se acerca y me abraza.

Yo diría que mi padre, Bruce Ward, es un hombre al que de verdad admiro. Creció con poco y de ello hizo algo grande. Siempre nos ha inculcado, junto a mi madre, los valores de la igualdad de género pues mi abuela fue víctima de violencia machista, y nos apoya en todo, aunque a veces se muestre desacuerdo y nos dé su opinión. Por su trabajo no solía estar mucho en casa, al igual que mi madre, pero han sabido estar cuando debían y me siento muy agradecida por ellos.

- Bien, un poco liado pero bien. Mañana me toca cuatro horas en la academia así que creo que me ducharé allí e iré a cenar con las chicas - les cuento mis planes para mañana. Ambos están de acuerdo, hablamos un poco más y yo subo a mi habitación. Repaso mis horarios y las coreografías que ensayaremos, una por una, pues me preocupa destrozar el trabajo del grupo. Dejo que la música llene el espacio de mi habitación, de mi cuerpo y de mi mente y los movimientos salen  de mí casi automáticamente. 

Cuando vuelvo a mirar la hora me sorprendo al ver que han pasado dos horas y media. Cojo una toalla para secarme el sudor que perla mi cuello y mi frente y bebo un poco de agua. Me encuentro cansada, pero ha merecido la pena. 

Decido ducharme, así que preparo la ropa y me dirijo a mi baño. Me desnudo y me meto bajo el chorro de agua calentita y me relajo. Este es mi momento favorito del día.

Mi momento favorito del día es este, cuando puedo relajarme bajo el agua y puedo pensar en todo lo que pasa por mi cabeza, y algo que no ha dejado de rondar por esta tiene nombre y apellidos y una voz y una guitarra que cuando suenan despiertan algo en mí... y en muchas otras. No he dejado de pensar en lo que pasó, en la manera en que a veces sentía no poder controlar mis emociones cuando estaba con él. Él es tan desconcertante y posee un aire de misterio que me despiertan dudas sin venir a cuento.

Decido dejarlo a un lado y cierro el grifo a la vez que mis pensamientos.

Escucho el timbre cuando me estoy secando así que me apresuro en terminar de prepararme para bajar y ver quién es. Me visto con un pijama de pantalones largos azul marino y una camiseta fina con detalles blancos. Recojo el baño y salgo.

Cuando bajo veo a mi hermano sentado en el sillón y mis padres en el sofá hablando.

- ¡Kyle! - exclamo alegre. Él levanta la vista hacia mí y me sonríe. Se levanta y me abraza. Antes, cuando lo tenía merodeando por aquí todos los días y era una costumbre verlo aquí nos llevábamos a ratos. Y desde que se fue siempre noto que no está y lo echo de menos, así que cada vez que viene es la mejor parte de mi día, incluso mejor que mi sagrada ducha.

Kyle se queda a cenar con nosotros. Yo no toco mucho mi comida, pues no tengo hambre, y el ambiente familiar me pone sensible. Siento ganas de llorar cuando mi hermano se va despidiendo y él se da cuenta. Nuestros padres nos dejan un rato a solas y empiezan a recoger la mesa. Acompaño a mi hermano hasta la verja de entrada.

- ¿Te pasa algo? - me pregunta, apretándome contra él.

- No, es que te echo de menos. Además estoy en mis días y, no sé... - le cuento.

They Don't Know About UsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora