Un leve cosquilleo me recorre la parte interior de mi brazo, poniéndome los vellos de punta. Siento cómo mis sentidos van despertándose, aunque sigo estando cansada. Abro mis ojos y estoy tan concentrada en no quedarme ciega por la cantidad de luz que entra en mis retinas que no me doy cuenta de que el cosquilleo ha parado. Miro a mi derecha y puedo ver a Jayden mirándome de una manera un tanto extraña.
Ay dios, que no tenga el pelo tan horrible como podría verse después de días con la cabeza pegada a la almohada, ¿y si tengo babilla seca por las comisuras de mis labios? Joder...
Tiene las manos puestas sobre el espacio vacío que dejo en la cama, y su mano está muy cerca de donde antes había sentido esas cosquillitas.
¿Me ha estado acariciando el brazo?
Después de lo que parece una eternidad observándonos, él rompe ese extraño ambiente y se pone recto sobre la silla. Yo aún sigo un poco perdida, así que carraspeo para aclararme la voz y hablar.
— ¿Qué ha... Es decir, cómo es que... qué haces aquí? Digo, estoy confundida y esperaba ver a alguien de mi familia... — aclaro, sin querer ser borde con él.
— Sólo he venido porque tenía que hablar con tu hermano, y al ver que estaba un tanto... Desaliñado, pues me he ofrecido a estar un rato contigo para que se fuese un poco más tranquilo a tomarse algo — responde, constante, dejando claro su poco interés en saber de mi estado. Bueno, Savannah, ¿qué esperabas? ¿Que te visitase todos los días?
— Estoy bien, gracias. Puedes irte tranquilo, debes estar muy ocupado — digo un tanto molesta. Ojalá se vaya ya.
— No voy a faltar a mi palabra, me quedaré aquí hasta que llegue Kyle.
—¿Sabes qué me pasó? No recuerdo mucho... — No puedo evitar preguntarle después de unos segundos de incómodo silencio.
— Tenías las defensas muy bajas con todo esto de la anemia, y al parecer estabas encubando algo, y has estado con mucha fiebre estos días. A penas has abierto los ojos— responde mirándome directamente. Me siento un tanto intimidada, y aun no sabiendo si su intención era esa, un poco regañada por haber descuidado mi alimentación.
Asiento y doy por terminada la corta conversación que hemos tenido, y rezo en silencio a quien sea que me pueda escuchar porque mi hermano llegue pronto.
Los minutos pasan y al ver la inutilidad de mis oraciones y que mi hermano no llega, decido estirar las piernas, que las siento muy agarrotadas.
Me incorporo en la cama, y saco las piernas de esta. Cuando casi puedo sentir el frío suelo con el pie, Jayden levanta la mirada antes puesta en el móvil y se levanta.
—¿Qué haces?
Lo miro con mala cara. ¿No es obvio lo que quiero hacer?
— Quiero estirar las piernas, tantos días en cama me agobian.
— De ninguna manera, ¿es que no escuchaste al doctor? Tienes que estar en reposo — dice, un tanto malhumorado.
Nos pasamos discutiendo un buen rato, y finalmente me deja tranquila para poder levantarme.
No sé si es por lo frío que está el suelo o porque esto de estar de pie mi cuerpo lo había olvidado, pero en cuanto tengo los dos pies pegados al suelo, poco me falta para besar el suelo. Madre mía, qué mareo.
Jayden me sujeta y me rodea la cintura con el brazo. Cojo el carrito con el suero y salgo al pasillo para poder andar un poco. A pesar del percance al principio, me sienta realmente bien andar un poco, aunque fuera por el pasillo del hospital. Intento mantener mi concentración en estabilizarme y no en la extraña sensación que estoy sintiendo con Jayden muy pegado a mí con sus brazos abrazándome.
Cuando llevo un rato andando veo a mi hermano doblar la esquina que da a mi pasillo. Abre los ojos con sorpresa al verme andando ya, y es que hoy me encuentro mejor, a pesar del cansancio que tengo.Un sentimiento de culpabilidad me recorre al percatarme de su estado. Está ojeroso y con la camiseta arrugada. ¿Ha pasado la noche aquí conmigo? ¿Qué día es hoy entonces? Anda con paso más apresurado, y lo sigo mirando, pensando en cómo puede seguir pareciendo así de atractivo aun estando cansado, y llamando la atención de dos enfermeras que están hablando mientras preparan unas jeringuillas.
Me abraza cuando llega a mí, saluda a Jayden y me pregunta cómo estoy.
— ¿No me ves? Como una rosa — bromeo, aunque después le aseguro que estoy bien.
Un chico joven, como de mi edad cuya cara me suena demasiado, viene con un carrito lleno de platos embalados y nos pide con una sonrisa muy simpática que volvamos a la habitación. Mientras lo dice, mira a Jayden, y a este parece no agradarle el enfermero por la mirada que le echa.
— Hasta que por fin estás con tus cinco sentidos, guapa. ¿Cómo estás?— me pregunta, siempre con la sonrisa en la boca y poniendo los platos en la mesa portátil, haciendo unos ruidos un poco desagradables cuando les quita el plástico.
— Pues bien... Supongo. Cansada, pero bien — le respondo.
— ¡Y tan bien! ¡Pero mira qué pelazo tienes, hija! — me halaga, tocándome el pelo. Espero que no esté muy mal.
Por el rabillo del ojo puedo ver a mi hermano y a Jayden mirarse un tanto, incómodos.
—¿Puede comer ya sólidos? — pregunta Jayden. Landon, así se llama el chico, lo mira y asiente.
— La princesita ya puede tomar sólidos, aunque no te flipes mucho, que en vez de comida te meterás una bomba en el estómago. Con precaución.
Me quedo desconcertada al ver lo pendiente que ha estado Jayden por mí, y me hace saber que en realidad no es un chico tan duro. Aunque lo suyo tiene. Ahora me siento molesta, no por Jayden, sino por el mote de princesita. Arg.
Después de unas risas con Landon, quien resulta ser de lo más gracioso y extrovertido, él se va, pues todavía le quedan dos plantas y me promete venir a verme antes de irme, para lo que quedan dos días si todo va bien. Aleluya. Prefiero no pensar en todo el trabajo atrasado de la Universidad.
Jayden se va, y se despide de mí con apenas una mirada antes de salir por la puerta. Típico.
Yo me quedo comiendo, mientras mi hermano hace algunas tareas de la Universidad. Poco después, contenta por haber saciado mi hambre con algo sólido, me quedo dormida.
— Madree, qué delgada. Bueno, con unos buenos donuts lo arreglamos, Emms. Pero mira la tía, igual de guapa que siempre — escucho la voz chillona de Emily. Aún así, admito que las he echado muuuucho de menos.
Abro los ojos y veo que la habitación está abarrotada. Mis padres, mi hermano, Alex y las dos locas y el loco (Will) están en ella, y todos mirándome. Me sonrojo un poco, pero cuando empiezan a hablar y ya no soy tanto el centro de atención me tranquilizo y pasamos una tarde en familia.Esta noche es mi padre el que se queda conmigo, después de que me dan la cena Alex y Kyle deciden irse y se llevan también a Ems, Emily y Will. Mamá se va poco después que ellos, prometiendo volver mañana lo más pronto que pueda.
- Hija, te queremos mucho, menudo susto nos has dado, pero lo importante es que estás bien - me susurra papá cuando me da un beso en la frente antes de dormirme.
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Os debo una gran disculpa, la verdad. Llevaba mucho sin actualizar, y no he tenido mucho tiempo. Intentaré seguir la historia con más asiduidad, y pronto es Semana Blanca, no sé si sabéis alguno lo que es, pero es una semana sin instituto para los estudiantes de aquí por los festivos de otros y compensar el número de días lectivos.
Un besazo. ¡Nos leemos pronto!
~ HeartLetters ~
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They Don't Know About Us
Romance¿Qué pasa cuando el chico malo no es del todo malo y la chica buena no es del todo buena? "Ellos no saben cuánto te quiero, cúanto te deseo y te necesito. Ellos no saben nada sobre nosotros".