ZOÉ
–¿Y qué piensas hacer Zoé?– susurró mi tía mientras bebía de su taza, sentada detrás de su escritorio con la luz del día entrando por la enorme ventana a su espalda que era una pared completa. La miré dejando la taza sobre su escritorio en un parche para no ensuciar la madera y fruncir el ceño sin entender bien su pregunta –Oh vamos cariño, no eh conocido ningún novio formal de tu parte, no veo que tengas muchas ganas de cumplir metas o cosas comunes de jóvenes como salir de fiesta con amigos, me alegro por eso pero no me es normal. Yo a tu edad estaba en antros disfrutando en todos los sentidos.
Miré un poco la desesperación y la inquietud de mi tía pero no pude evitar sonreír un poco al escucharla, alcé los hombros y negué –No lo sé, no tengo muchos planes para un futuro. No me interesa buscar una pareja por el momento ¿Sabe? Solo quiero estar tranquila en mi departamento, ver películas o venir a trabajar, eso me gusta– ella suspiró y negó lentamente sin estar conforme aún con lo que le decía y podía ver claramente un poco de decepción. No sabía si quería que fuera una reventada pero no podría ser así, ser un reventado traía problemas, yo no los quería.
–Te noto cambiada desde que te fuiste a ese país, sé que no me lo contaste todo porque las pequeñas cosas de las que hablaste no cambian a una persona tan dramáticamente– cambió el tono de voz chillón de siempre a uno suave y claro dejando su taza encima de un parche a un lado de sus papeles cuidando de no provocar un accidente.
–¿Quién dice que eh cambiado? Solo maduré, eso no es un delito.
–No es un delito madurar, lo que es un delito es cambiar de esa manera. Cuando te visité ¿Hace cuanto? ¿Seis o siete años? No eras así, tenías sueños, querías estudiar para ser la mejor mujer del mundo y hasta decías que lucharías por ser la primera gobernadora del país.
Reí al escuchar lo último –Eran sueños. Los sueños no son reales tía Susan– susurré en bajo tomando de nuevo la taza y beber del poco café que éste tenía –Y no me lo tome a mal pero yo sabré como hacer mi vida ¿De acuerdo?
Ella guardó silencio mientras me miraba ya seria.
–Bueno, si así lo quieres– dijo cortante bebiendo de su taza, estaba molesta y no lo podía entender, eran mis decisiones y se supone que las personas deben aceptarlas, claro, ahora tenía veinticuatro años pero tengo el suficiente tiempo como para buscar a alguien y formar una familia cuando lo tenga decidido, pero no ahora, yo no pensaba en parejas, hijos, en nada más que, Inglaterra –Pero cambiemos de tema un minuto...– levanté la mirada para mirar de mi tía que había cambiado un poco su humor para no hacer más tenso el ambiente –Haz trabajado bien por un año aquí en la empresa, es hora de que te tomes unas vacaciones– sonrió de manera dulce levantándose de su silla e ir hasta un mueble a lo lejos del escritorio donde había una cafetera y todo lo necesario para prepararse una taza.
Suspiré levantándome de mi asiento e ir hasta con ella para ponerme a su lado dejando la taza sobre un pequeño lavavajillas.
–Sigo sin entender como es que tiene una pequeña cocina en su oficina– musité en bajo.
–No me cambies de tema– dijo un poco irritada –Debo darte vacaciones antes de que te vuelvas loca de tanto trabajo y me den una multa– gruñó en bajo mientras presionaba un botón en la cafetera para que éste comenzara a trabajar.
–Estoy bien. Me gusta trabajar aquí– susurré mirando como el liquido negro iba llenando la cafetera de manera rápida.
–Me alegra pero ese ánimo no me evitará multas. Te daré tres semanas de vacaciones, tú verás que haces pero no quiero que pongas un solo pie en mi empresa ¿De acuerdo?– se recargó en la isla y mirarme de brazos cruzados y hacer como si estuviera molesta pero ya la conocía bastante bien, no estaba enojada sí no solo un poco alterada.
Me puse de la misma manera con mi cadera pegada a la isla y mirar el suelo sin poder imaginar tres semanas en casa sin hacer absolutamente nada además de limpiar, cocinar o ir al gimnasio que era incomodo asistir.
–Zoé, eres una chica hermosa– susurró –A pesar de toda la joyería en tus orejas que te da un toque callejero– rió de forma seca, intentando no insultarme pero no me importaba, me sentía acostumbrada por alguna razón –Eres hermosa, puedes aprovechar ese tiempo para salir y conocer nuevas personas. Aquí en Monterrey podrás conocer a gente muy talentosa ¿De acuerdo? No quiero que estés sola.
Hice una mueca y morder el interior de mi mejilla pensando mejor esas palabras.
Tenía tres años viviendo ya en Monterrey ¿Por qué debería explorarlo más?
–¿Y sí no quiero estar aquí en Monterrey?– la miré y ella frunció el ceño.
–¿Y a dónde piensas ir? ¿A Sinaloa?– en cuanto escuché eso negué y pensar un poco mejor mirando el techo de la oficina y de pronto tuve el destino perfecto.
–Inglaterra– susurré con una pequeña sonrisa –Tengo amigos allá–musité –Tengo el suficiente dinero para pasar tres semanas en un hotel así que ¿Por qué no?
Mi tía sonrió de oreja a oreja pero de pronto se le borró.
–¿Lo irás a ver? A ese muchacho.
Eso bajó un poco mi ánimo y suspiré sobando mi nuca como un tick nervioso.
–Ethan– musité haciendo de lado la pregunta de mi tía. Lo recordaba perfectamente aún, con los brazos llenos de tatuajes, una perforación en su nariz en uno de sus poros y sus inolvidables ojos, los ojos de un depredador que estuvieron siempre a mi acecho desde el principio.
Lo extrañaba.
Demasiado.
ESTÁS LEYENDO
ETHAN II ®
Fiction généraleÉsta es la última oportunidad que tienen para saber si acaban juntos o no. Sí no, será la última vez que se miren. #72 en Ficción General 15/01/17 #65 en Ficción General 16/01/17 #66 en Ficción General 27/01/17 #31 en Ficción General 30/01/17 #21 en...
