Capítulo XVII

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*Joe*

—Lo sé... pero necesito café— murmuró ella como señalando sus ojeras— acompáñame a la cafetería— comenzó a caminar sin esperarme, eché a andar rápidamente junto a ella y la tomé del brazo

—Déjame invitarte a cenar— las palabras salieron de mi boca sin permiso

—¿A cenar? — ella arqueó una ceja, divertida

—Por favor...— la acerqué a mí, jalándola levemente del brazo y pegándola a mi cuerpo, ella arrugó la nariz

—Bien... hoy salgo a las 6, pasa por mí a las 8 ¿quieres?

—Por supuesto

—Ahora... mi café— dijo

Me tomó de la mano y caminó conmigo a su lado, pasamos junto a los pequeños jardines y entró al establecimiento, con el usual olor a comida en el aire.

Pidió dos cafés y se dio vuelta con ellos en mano, tenía las mejillas coloradas.

—Necesito que me respondas algo— dijo mientras se sentaba en una mesa frente a mí

—¿Sí? — alargué, receloso

—¿Por qué tenías una pijama y unos tenis en tu auto de mi tamaño?

—Ah... eran... un regalo, para ti, por supuesto— tomé un sorbo, para no tener que hablar

—Qué raro eres, Jonas

—Me gusta regalar cosas útiles— me encogí de hombros, ocultando el verdadero motivo: tener ropa para ella cuando deseara quedarse en lo mío y tener que trabajar al otro día.

—Ya... ¿no lo pensabas guardar en tu clóset o sí? — dijo leyéndome la mente e inclinándose en la mesa, me atraganté con el café

—No, no, por supuesto que no— carraspeé

—Deja de mentir, Jonas, me gusta dormir contigo— esto último lo murmuró tan bajo que no sabía si en serio era para mí

—Lo admito, quería una muda de ropa para ti— suspiré y me recargué pesadamente contra el asiento

—Eres raro...— murmuró

—Lo sé... Evans te gustan los viajes ¿verdad? — ella río suavemente y sus verdes ojos me miraron a través del vapor del vaso desechable

—¿Por qué lo preguntas?

—Vi una foto tuya en Italia en tu casa— omití el detalle de que estaba con Liam y bebí

—Me encantan, pero no puedo ir siempre— suspiró, estirándose en la silla— me gasté casi mi último centavo de mis ahorros universitarios en ese último viaje, desde entonces no he salido

—¿Y qué tal los centavos que te sobraron? — ella volvió a reír melodiosamente

—Están guardados, pero algún día poder empezar a ahorrar de nuevo o utilizarlos para poder ver a mis padres en algún momento, no creo que tengan intenciones de salir de Suiza en este momento

—Ven conmigo de viaje— mierda, ¿lo dije o lo pensé? Sentí como mi cuello se enrojecía

—¿Contigo? ¿A dónde? —alzó las cejas de inmediato

—No lo sé... a donde sea, a la playa— cerré los ojos, yo amaba el olor del mar

Ella lo pensó por un momento y una arruguita apareció en su frente mientras pensaba, me miró, expectante y, sonriendo mostrando todos los dientes, asintió.

Todas las noches de mi vida [J.Jonas]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora