Un pitido resonaba en mis oídos, fuerte, como el de un despertador, era hora de levantarse. Estiré la mano, con la esperanza de encontrar el celular y apagarlo de la primera, la cabeza me mataba.
Abrí un poquito los ojos, la habitación estaba oscura, solo la iluminaba la lamparita de noche, volteé hacia ella y apreté los ojos, el cráneo me iba a explotar. Gemí.
Un par de manos se posaron en mis hombros.
—Shhh...— me meció con voz suave— no te precipites, cariño...
Mi visión era borrosa podía ver el techo difuminarse por los bordes y las lámparas moverse un poco, volví a gemir, algo molestaba mi brazo, me dolía, sentía algo que jalaba la piel de mi cara.
—___________... deja, deja... — tomé lo que creía era una soga que jalaba mi rostro hacia arriba, pero un par de manos me detuvo— deja, mujer, te vas a lastimar
Escuché como se movía por la habitación y pasaba sobre mí, pronto llegó otra persona.
—Oh, cariño— su voz era cálida, de mujer
—Acaba de despertar— respondió el hombre
—Bien, bien...
Una sensación fría recorrió mi cuerpo y el sueño volvió a vencerme.
...
—No ha despertado aún
El mismo pitido molestaba mis oídos, me dolía el costado del cuerpo y la cabeza me pesaba.
—Mi niña...— la voz se me hacía conocida, pero me costaba mucho abrir los ojos y corroborar si no estaba alucinando— ¿Qué es lo que ha ocurrido, Joseph? — una mano suave me apartó el cabello de la cara
—Yo... es una historia muy larga, vamos, bajemos por un café, y así puedo explicarles mejor lo que está ocurriendo
La puerta deslizable se abrió y se volvió a cerrar con chasquido; intenté abrir los ojos, pero era demasiado para un día: decidí dormir nuevamente.
...
Jalé aire y la caja torácica me reclamó, resoplé.
Subí una mano y la puse sobre mi frente: dolía horriblemente. Poco a poco mis ojos se abrieron. Los bordes del lugar estaban borrosos y no había luz, solo una pequeña, que provenía de la misma lampara que no pude apagar la vez pasada; miré a un lado, moviendo los ojos, un tripié con sueros colgados me encaraban y un monitor con un pequeño corazón que palpitaba me molestaba con su pitido.
Alzado sobre mí, había un apuesto joven de unos 25 años, con barba de 3 días y unas ojeras violáceas que enmarcaban un par de ojos cafés caramelo que estaban enrojecidos y algo hinchados. Tenía una boca muy bella y unas cejas de encanto: Joseph Jonas me observaba, ansioso.
Tenía un aspecto descuidado, algo anímico y triste.
—Hey...— mi voz era asquerosamente rasposa
—Cariño...
Tomé la cánula que tenía en medio de la cara y la jalé un poco, él puso los dedos sobre los míos y negó suavemente con la cabeza.
—No, Evans... deja— murmuró con voz dulzona
—¿Qué es todo esto? — dije al tiempo que alzaba mi brazo, estaba canalizado y las agujas pinchaban con saña
—Deja, deja, te vas a lastimar, por favor— me miró a los ojos y pude notar la súplica en ellos
Bajé el brazo lentamente, mirando a mi alrededor. La habitación tenía un agradable color beige en las paredes, una ventana a mi derecha, que estaba cubierta en ese momento por un par de cortinas, estaba acostada en una cama de hospital y rodeada de todos los aparatos que por lo general yo debía vigilar, no usar. Ambos brazos habían sido canalizados, porque dolían igual y estaban cubiertos de cinta adhesiva, estaba cubierta con una manta de polar color blanco y unas sábanas de franela verdes. Miré al hombre, que me observaba con los ojos tristes.
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Todas las noches de mi vida [J.Jonas]
FanfictionCuando _____ Evans entra al programa de residencia en cirugía en New York y conoce a Joseph, un extraño no tan ajeno, su vida da un giro inesperado, obligándola a decidir entre el cariño y amor que construye sobre su nueva amistad y la seguridad emo...
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