Capítulo XLVI

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*Joe*

Recibí la ubicación del restaurante mientras salía del hospital, serían ya las cuatro de la tarde, me cambié la camisa en el auto y me dirigí al lugar, dispuesto a deshacerme de Emily una vez por todas. Cuando llegué y entregué las llaves al valet me sentí ligeramente extraño, recordando la cena en París.

Emily me esperaba, vestida con un lindo vestido de flores y tacones altos, cuando me vio sonrió ampliamente.

—Creí que no llegarías

—Tenemos que hablar

—Dime— me senté en la mesa y la miré, con los ojos entornados

—Quiero que dejes de acosarme, Emily

—Ya he pedido tu comida, espero no te moleste

—Emily, mírame

—¿Sí?

El camarero llegó con un par de platos y me puso frente unos ravioles adornados de espinacas, miré a la mujer, comenzaba a molestarme (de nuevo), ella juntó su silla con la mía y tocó mi pierna con la suya.

—Quiero que dejes de seguirme, quiero que dejes de invitarme a comer, quiero que me dejes en paz— dije de mala gana

—Está bien, Joe, pronto volveremos a estar juntos, sin obstáculos

—Basta, Emily— se recargó en mi hombro y me apretó el brazo, abrazándolo

—Deberíamos escapar... ¿recuerdas cuando queríamos ir Finlandia? Deberíamos ir

—Emily

—Te quiero...— y sin poder hacer nada para preverlo, alzó la cara y depositó un beso muy suave a la mitad de mi boca

—Suficiente—bufé con molestia alzándome de la mesa— me voy

Me levanté rápidamente, haciendo que Emily perdiera el equilibrio y quedara recargada en la silla, salí del restaurante y esperé mi auto, suplicando porque la mujer no apareciera, y no lo hizo. Mi teléfono comenzó a sonar.

—¿Sí?

—Joe, estoy en New York, ¿Qué te parece si me das asilo?

—Seguro, llego en 10 a la casa...

...

Cuando llegué el sujete de rizos me esperaba en la puerta, saludé a mi hermano menor y cuando entramos a la casa me sorprendió no encontrar a la pelirroja dentro; supuse que seguiría con Anna, me senté en el sillón y Nicholas me miró.

—¿Qué ocurre?

—Emily esta cada día más loca

—¿______________?

—No dice nada, al parecer los dos estamos de acuerdo en que no hay que ser demasiado groseros con ella

—¿Quieres ver el partido?—suspiró

—Eeeh... claro...

Nick se acercó a la pantalla y sacó un disco del reproductor, lo metió en su cajita, que estaba junto en la repisa y lo guardó, me extrañó verlo ahí; la fuerte voz del conductor empezó a sonar en las paredes y yo miré la televisión sin realmente hacer mucho caso.

...

*[___________]

—¿Qué mier...? — miré hacia abajo

Me encontraba en una habitación oscura, con las ventanas selladas con papel de periódico, el piso estaba lleno de polvo y la poca luz que se filtraba a través de las grietas en la pared se veía tan escasa. Miré a mi alrededor y una sensación de terror me invadió, estaba sola y desorientada.

Todas las noches de mi vida [J.Jonas]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora