Capítulo XXXVIII

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Mi departamento estaba hecho un asco, olía a humedad y podía jurar que llevaba abandonado meses. Cerré la puerta y prendí la luz, entré a la cocina y deposité las pequeñas compras que había hecho en la tienda que estaba en la esquina.

Abrí el refrigerador: vacío. Bufé y me quité el abrigo y la sudadera, ajusté el termostato y me lavé las manos. El agua estaba helada, tomé un aspersor con líquido para limpiar y un trapo. La locura por la limpieza era algo que había heredado de mamá y compartía con James.

Pasé la escoba y pulí el piso, cuando estuve segura de que había terminado ya habían dado la 1:30 de la mañana, abrí la llave de la regadera y me desvestí, mi teléfono comenzó a sonar.

—¿Sí?

—__________

—Hey

—¿Estás en tu departamento?

—Sí

—Apenas salí, ¿estás despierta aún?

—No, estoy dormida

—____________

—Jaja si claro, te espero

Me bañé rápidamente y me enfundé en una de mis pijamas, me sentía rara en ellas, estaba tan acostumbrada a las camisetas de Joe, al poco tiempo se escuchó el timbre, no siquiera pregunté, oprimí el botón para abrir la cerradura del portón y esperé con la puerta abierta. Apareció en las escaleras, con una gabardina sobre la ropa de deporte y la maleta al brazo.

—Hola— saludé, poniéndome de puntitas y besándole la boca

—Hola— musitó contra mis labios

Me aparté y el entró, sacudiéndose el cabello y dejando caer unos copos de nieve al piso que rápidamente se deshicieron, llevaba un paso cansado, algo torpe.

—¿Estás bien?

—¿Sinceramente?

—Oh, vamos— cerré la puerta con seguro y avance hacia la cocina, saqué una botella de jugo nueva y la abrí con un pequeño sonido

—¿Has limpiado?

—¿Por qué?

—Huele demasiado a limpiador

—Sí, este lugar parecía un nido de ratas

—Sí, seguro— dijo con sarcasmo

Serví un par de vasos y saqué un paquete de pan de la alacena, un paquetito de jamón y uno de queso del refrigerador, Joe había desaparecido, adiviné donde estaba cuando escuché el agua del baño correr.

Estaba volteando el sándwich en el sartén cuando apareció de nuevo con el cabello recién lavado, descalzo y con un pantalón de chándal negro.

—¿Sabes? Deberías dejar ropa aquí también

—Si... la próxima la traeré— se sentó en la barra y le puse el bocadillo y el jugo frente a él— está bueno...— murmuró cuando tragó el primer bocado, yo lo imité

—Te ves cansado

—Tú te ves horrible, estás pálida— me reí

—No me he sentido bien estos días, desde que regresamos de Suiza, esta semana me comencé a sentir mal, creo que me hizo daño la comida o algo, porque ya no estoy enferma, pero quiero dormir, creo que por fin me afecto el cambio de horario

—Ya... ¿quieres dormir?

—La verdad si

—Venga...

Me tomó de la mano y cuando nos metimos a la cama prendió la lamparita de noche, me miró y suspiró pesadamente.

—¿Qué ocurre?

—Evans... tengo algo que contarte

—Dime

—Esta tarde he tenido que recibir a una residente nueva y...

—Emily, lo sé

—¿Cómo? — me miró bien

—Sí, Anna me dijo que iba a transferir a alguien de California, una tal Martin, no sé porque aun lleve el apellido

—Oh... bueno, Anna es una buena informante, así es...

—Solo ha venido a joderme la existencia— dije molesta, había olvidado lo mucho que me había molestado esa tarde

—Algo quiere... por supuesto que no es coincidencia que esté aquí, sabemos de sobra que viene por... por mí, pero oooh... esto es muy molesto

—Lo resolveremos— lo abracé y él enterró la cara entre mi cuello

—Sí... solo prométeme algo, mujer

—Dime

—No importe lo que pase, no dejaré que esa demente te toque, pero aun así prométeme que te vas a cuidar

—Lo prometo

—Buenas noches...— susurró lentamente, pude notar como su respiración se regulaba y comenzaba a dormirse.

Todas las noches de mi vida [J.Jonas]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora