Capítulo XXV

566 29 1
                                        

           

*__________*

Alcancé una de las bombas de baño que había comprado esa tarde, pensando en lo rico que olería el baño de la casa de Joe cuando las usara y recordando lo ocurrido cuando salí de la tienda, con las ilusiones por los suelos.

La observé, era bonita y grande, color rosa.

Cuando la solté me quedé observando como la espuma surgía y los pétalos de rosa que habían dentro flotaban en la superficie del agua, el aire comenzó a oler a flores de cerezo.

Dos lágrimas se deslizaron por cada una de mis mejillas y solté un sollozo ahogado, llevaba toda la tarde intentando no llorar frente a mi novio y su beso hacia unos minutos había roto todas mis barreras.

Me senté en el agua caliente y abracé mis piernas, dejé que la regadera mojara mi cabello y cerré los ojos, recargando la frente contra las rodillas; la imagen de Emily me había perseguido todo el día.

Tan alta y de alta costura, de tez perfecta y ojos grandes, con el cabello y las uñas más cuidados del mundo, de cuerpo esbelto y bien proporcionado; comparada con ella había parecido una chiquilla emocionada por el invierno y los chocolates contra una mujer profesional, elegante y, casi daba por sentado, increíblemente inteligente.

¿Cómo pude ser tan estúpida y creerle a Joseph que yo podía reemplazar a tal mujer? Yo, escueta y sin chiste, sin nada más que ofrecer que mi cariño.

La actitud de Joe en cuanto la vio me hizo darme cuenta de todo eso, se había paralizado y los ojos se le veían rojos, la actitud fingida a causa del dolor y la montaña rusa de emociones en donde se había montado lo había dejado atontado. Claro que yo no llenaba sus huecos como lo había hecho ella.

Joseph no lo sabía, pero había visto su encuentro entero desde el principio y las vibras que lanzaron el uno por el otro fueron tan fuertes que pude jurar que comenzaron a derretir los chocolates del escaparate.

Los ojos de amor con los que me veía no se comparaban ni de lejos con los de asombro y miedo con los que había visto esa mañana a Emily en la entrada de la tienda y cuando ella lo abrazo pude hasta escuchar el corazón de Jonas rompiéndose y saltando de pánico al mismo tiempo.

Era mentira que la hubiera superado.

Había pasado cerca de una hora y media cuando alguien tocó a la puerta con los nudillos suavemente. Seguía abrazando mis piernas, así que me limité a voltear la cara y mirar la pared en lugar de hacia la puerta.

—Evans...

—Jonas...

—¿Estás bien? — por el sonido de la voz, estaba casi segura de que no se había asomado aún, sino que me hablaba desde una rendija de puerta

—Sí, ¿necesitas algo?

"A ti", vamos, dilo

—No... quería asegurarme de que no te habías quedado dormida o algo así

—Pues no... estoy bien— mi voz se quebró al último

La puerta se abrió y yo apreté los ojos, como si eso me fuera hacer desparecer, abracé más fuerte mis piernas y pegué bien el cabello húmedo a la piel. Escuché sus pasos ligeros, no llevaba zapatos; no despegué el cuerpo.

—Esta agua esta helada...— sentí como metía la mano a la bañera y perturbaba la calma del agua—igual que tú...— me pasó la mano por la espalda y me estremecí más por nervios que por frío

Se volvió a levantar y escuché como movía algunas cosas, salió del cuarto y volvió a entrar.

—Vamos, sal de ahí cariño— me dijo suavemente, jalando un poco mi brazo

Todas las noches de mi vida [J.Jonas]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora