Capítulo LII

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—¡¡Mierda!! — grité azotando la cabeza en la pared, mi hermano me miró, Anna tenía la mirada perdida

Llevaba más de medio día intentando denunciar la desaparición de ______________ y ellos seguían insistiendo en que debía esperar 48 horas, estaba desesperado, Nick había intervenido ya un par de veces y seguían mandándonos a la mierda; me dolía la cabeza.

Estaba sentado en el piso de mi sala, mi prueba de antidoping había salido positiva para psicotrópicos, me sentía ligeramente débil, había omitido el detalle, pues no sabía cómo ligarlo a su desaparición.

Miré a la rubia, que tenía los ojos cristalinos, ya habíamos llamado a su familia, quienes habían tomado el primer vuelo a New York y estaban igual de preocupados. De pronto, Nicholas me miró.

—Joe...— sus ojos estaban iluminados, brillantes

—¿Sí?

—¿Dónde esta Emily? — la pregunta me molestó

—¿Yo como mierda voy a saber eso?— mascullé

—Contéstame

—No lo sé— me tapé la cara con las manos— no lo sé...

—Llámala

—¿Para qué, Nicholas? — bufé con enojo

—Llámala, por favor

—¿Y qué voy a decir? ¿Preguntarle por ___________?— bufé de nuevo, esta vez con sarcasmo

—Sí

—No juegues con eso— lo miré con las cejas fruncidas

—Hazme caso y pon el altavoz

—Nicholas...

—Ahora...— exigió con voz trémula

Suspiré y saqué el teléfono: ansiaba tanto ver su número en mi pantalla, marqué y el teléfono resonó un par de veces.

—¿Hola?

—Emily, hola...— mi voz era pastosa

—Joseph, que sorpresa tan grata

—Sí... oye ¿de casualidad no habrás visto a Evans en el hospital?

—¿A _____________? — su voz era tan asquerosamente inocente, Nick me pasó su teléfono que tenía una nota escrita con exactamente lo que tenía que decir

—Sí, hoy no pienso ir al hospital, me siento mal, pero necesito que alguien le dé un mensaje, no tengo ganas de hablar con ella y Anna no está... hemos peleado y necesito saber dónde ha dejado mis cosas

—Bien...— arrastró la palabra dos segundos—¿qué es?

—¿Puedes preguntarle dónde dejó mi laptop?

—Seguro, te llamo en un rato

—Gracias...

Miré a mi hermano, con las cejas arriba y su teléfono en la mano. Él sonrió de lado y soltó una ligera risita algo cínica, Anna y yo nos quedamos muy quietos, tomó su teléfono y marcó, dándome la espalda.

—Si... ya sé que es lo que ocurre... en seguida, gracias— dijo estás pocas palabras y seguido se volteó a verme— tenemos que irnos, ahora

—¿Qué esta ocurriendo? — preguntó Anna, mirando a mi hermano

—¿Qué es, Nick?

—Para ser médicos, son muy lentos— nos miró con una sonrisa en la boca, ambos los miramos, expectantes— Bien— suspiró—ya sé dónde está ____________

Todas las noches de mi vida [J.Jonas]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora