Capítulo XXII

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Llegamos a su casa y la esperé en el auto mientras ella subía por sus maletas y a hablar con su vecina para informarle que no iba a llegar y pedirle que recibiera su mensajería por ella. Me recargué en el asiento y prendí es estéreo, el auto se llenó del último disco de Kings of Leon y yo cerré los ojos.

Mi teléfono comenzó a sonar, miré el iPhone y contesté.

—Diga

—Hola, Joe. Ayer ya no recibí tu llamada— siseé

—Rayos, una disculpa, lo olvidé por completo, salí a comprar una botella de vino y lo olvidé por completo— escuché su risa del otro lado del auricular

—No te preocupes, está bien, solo llamo para saber si todo está bien

—Todo está perfecto, ayer compramos los boletos y nos vamos mañana por la noche, a eso de las 10, estaremos llegando a París a las 5 o 6 de mañana en el horario de Nueva York, más o menos... son 6 horas más... calculo que serán más o menos medio día

—Me parece excelente, entonces nos veremos en unos días

—Sí, acordamos quedarnos en París unos cuatro o cinco días y después iremos a Niza, pasaremos a Lyon y ahí tomaremos el tren

—Excelente— se río del otro lado, unos pequeños nudillos golpearon la ventanilla, volteé y me encontré a la ojiverde del otro lado, que señalaba hacia atrás, abrí la cajuela

—Ya llegó, te dejo, nos veremos pronto

—Buen viaje— la línea se cortó y yo salí del auto

___________ llevaba dos maletas grandes color negro, las tomé una en cada mano y las metí al maletero, ella se subió al auto y cerró la puerta.

—¿Qué pasa?

—Nada... debemos hacer maletas, vamos

—¿Qué haremos mañana? — pregunté al tiempo que encendía el auto

—No lo sé, podemos dormir todo el día— se río

—Te tomaré la palabra

...

*__________*

Me tomó la mano y yo lo seguí, llevaba varias horas sin pegar ojo y comenzaba a sentirme cansada. Atravesamos las puertas del establecimiento y buscamos la sala de espera.

Nos sentamos en los mullidos sillones y él me abrazó.

Llevaba puesto un jogging con tenis, una sudadera, el cabello negro alborotado, unas gafas de sol subidas sobre la cabeza y la barba sin rasurar.

—Joe

—¿Si?

—Tengo sueño

—Lo sé, cariño... ven— me abrazó y yo me subí a su regazo

Yo llevaba ropa muy parecida a la suya, con un gorro en la cabeza. Las mariposas en mi estómago no cesaban de volar.

Me había besado toda la tarde de ese día, haciéndome mimos y diciéndome cosas bonitas, una fuga de felicidad de había disparado en mí y mi estómago estaba revuelto.

—Hola, cariño— me había dicho tras besarme diez minutos seguidos

—Hola— sentí como mis mejillas se ponían coloradas y me había acurrucado contra su clavícula

—Te quiero...— susurró de pronto

—Y yo a ti...

Había abierto una botella de vino que fría, sabía a gloria, con sus labios impregnados de su sabor y su cuerpo semidesnudo en la sala había comenzado a debatirme si todo era real o solo era una ilusión.

Todas las noches de mi vida [J.Jonas]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora