12. Imprevisto

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—Yo solo quiero encontrar a mi hermano—le dije a Nate mientras me sentaba en el borde de la cama.

El chico se había retractado y había vuelto a poner el coche en marcha. En silencio llegamos al apartamento que tenía en Queens, cruzamos el pasillo en silencio para no despertar a Robert, y luego nos metimos tras la puerta de un cuarto. Nate había dicho que era mejor esperar a la mañana siguiente para ir al hospital a preguntar por Adam.

—Siento si estás enfadado—bajé la mirada y agarré las sábanas de la cama y suspiré—. Y siento haberte abofeteado, pero reconoce que tú me provocas continuamente.

—Es mejor que lo dejemos así—el chico se quitó los zapatos y los dejó en un rincón de la habitación oscura—. No quiero discutir más, ha sido un día muy largo. Así que vamos a dormir y mañana será otro día.

La habitación era rectangular y estaba pintada de blanco. Había una cama con una cubierta azul marino, y enfrente un balcón que daba a la calle principal con unas cortinas horribles de dibujos de superman. En la otra pared había un armario de doble hoja y junto a la cama una mesilla con un reloj encima y una foto de Nate y sus hermanos.

El cuarto estaba en penumbra, solo la tenue luz de una farola se introducía por la ventana y me iluminaba la cara.

— ¿Puedo hacer algo?—un estremecimiento y una autodeterminación extraña en mí se apoderó de mis palabras.

Nate que estaba al otro lado de la cama y se disponía a dejar el reloj encima de la mesilla, me miró arqueando las cejas y se encogió de hombros.

—Ya sabes donde está el baño—dijo en voz baja.

—No quiero ir al baño—me levanté lentamente, rodeé la cama de igual modo y me pare tras de él. Nate suspiró cuando posé mis manos sobre sus hombros—. ¿Puedes cerrar los ojos, por favor?

—Lucas, no creo que sea una buena...—intentó decir el chico.

—Por favor—insistí acallando su réplica.

Me giré un poco para cerciorarme de que me había echo caso. Sus parpados estaban cerrados cuando me puse frente a él. Entonces con un impulso de excitación le quité la cazadora y la dejé caer al suelo.

—Levanta los brazos—murmuré con pudor.

El chico alzó los brazos por encima de la cabeza. Yo cogí el dobladillo de su camiseta y se la quité. Ya estaba excitado antes de que la tela de su camiseta le hiciera compañía en el suelo a la chaqueta. Me deleité con la hermosura de su cuerpo, y le acaricié el torso siguiendo la fina línea de su bello corporal desde el centro del pecho hasta el ombligo. Cuando alcé de nuevo la cabeza, él me miraba fijamente y sonreí con ternura esta vez, olvidando la picardía de las veces anteriores.

—Estás haciendo trapa—le acusé yo sin levantar mucho la voz.

Me aparté un poco, me agaché y recogí su camiseta del suelo, la doblé varias veces hasta dejarla del tamaño de un pañuelo y la alcé.

— ¿Puedo?—pregunté poniéndosela a la altura de los ojos. Nate se encogió de hombros de nuevo y yo proseguí.

Le vendé los ojos con la camiseta y le hice un nudo tras la nuca. Luego volví a ponerme frente a él mientras escuchaba el latido de su corazón acelerarse un poco más.

Me agarré de sus hombros, me puse de puntillas y comencé a besarle lentamente. El chico abrió la boca para recibirme en cuanto posé mis labios sobre los suyos. Así comenzamos un apasionado beso. Nate estaba tenso por que no podía ver nada y era evidente que jamás se había sentido tan vulnerable. El beso fue tierno y dulce por que yo lo llevaba a él, por que estaba seguro que Nate me abría agarrado de la nuca y me habría devorado con fervor. Le solté minutos después, y mientras él se mordía el labio para relamerse, yo bajé lamiendo su pecho hasta que me arrodillé en el suelo. Le desabroché los pantalones y se los bajé hasta las rodillas. La dureza de su entrepierna se podía percibir por debajo de la tela blanca de sus slips. Sin pensarlo, saqué mi lengua y empecé a lamérsela muy despacio. Nate se tensó de repente y yo sonreí ahora que no podía verme. Tiré del elástico de sus calzoncillos y liberé su erección frene a mí. La agarré haciendo que Nate gimiera sobre mí y comencé a masturbarlo. Apenas un minuto después ya disfrutaba del sabor de su pene. Mi lengua rodeó su glande y esparcí la primera gotita de semen que Nate dejó escapar por todo se pene. Después me la metí en la boca una vez más, hasta que el bello púbico de Nate me rozó los labios y me paré del suelo.

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