— S-NY-1250—dije por tercera vez.
El agente de policía se me quedó mirando perplejo desde el otro lado de la mesa. Era joven, de unos treinta y pocos, moreno, con el pelo corto y rizado y muy atractivo. Tenía una fina barba que le remarcaba los labios, de un color rosa tan intenso que parecían pintados. Su compañera se inclinó, haciendo que sus largos cabellos castaños le hicieran cosquillas al hombre en la cara. El policía se los apartó con la mano y volvió a introducir la matrícula en el ordenador.
— ¿Estás seguro?—preguntó el hombre mientras su compañera bajita se incorporaba para mirarme con sus ojos azules oscuro.
—Sí—repetí.
—Pues no es posible—dijo el hombre—. Esa matrícula pertenece a una anciana de setenta y cinco años de Brooklyn.
—Sé lo que vi—Ryan a mi lado se puso nervioso—. Ese coche recogió al hombre que asesinó a mi hermano.
—Comprobaré si la anciana ha denunciado el robo del vehículo—dijo la chica.
Les había contado todo lo que recordaba de la noche del asesinato de Adam una y otra vez. También habían declarado el portero, que había sido el que le había tratado de salvar la vida y algún que otro testigo que afirmaba no haber visto nada, entre ellos, Ryan. Yo había sido el único testigo y no había visto demasiado. Solo el hombre sin rostro disparar contra Adam, este caer al suelo, y al asesino subir a un coche con aquella matrícula, nada más.
—Eso es todo señor Grave—dijo el hombre levantándose de su asiento—. Le mantendremos informado de las novedades.
—Claro—tragué saliva y también me levanté del asiento.
Le tendí la mano a aquel hombre y luego salí a la calle seguido de mi amigo. Andamos en silencio hasta la parada del bus.
— ¿Qué has hecho con las cosas de Adam?—me preguntó Ryan mientras esperábamos.
—Las he enviado a casa, a Nassau—contesté con melancolía.
Había recogido el cuarto de mi hermano por entero, hasta dejarlo solo con la cama desierta, la mesilla y el armario vacíos. Aquello me había costado casi una tarde entera y una nueva sesión de llantina.
—No sé si he hecho bien—añadí a continuación—. Pero tampoco podía tirarlas a la basura.
—Has hecho bien—el autobús llegó y pegó un frenazo al llegar a nosotros—. Es mejor que pases página cuanto antes.
—No voy a pasar página—me despedí de mi amigo con un beso en la mejilla y me subí al autobús—. No hasta que detengan al asesino de Adam y pague por su muerte.
—Lucas...—Ryan vio el resentimiento en mis ojos y me miró con cara de pena.
—Tengo que trabajar—le dije para cortar aquella conversación—. Te llamo luego.
Las puertas del autobús se cerraron antes de que él pudiera contestar algo más. Yo pagué mi ticket y me senté en un asiento central, apoyé la cabeza en el cristal y esperé hasta que aparcó en la parada de la quinta avenida. Cinco minutos después ya estaba tras el mostrado para cumplir con mi trabajo. Fue una tarde aburrida y desesperante, tenía algo en mente y estaba desesperado por cumplirlo, pese a que las horas parecía no querer pasar para fastidiarme. Llegó la hora del cierre por fin, me despedí de Rhys y me fui caminando. Tuve que caminar durante un buen rato para llegar hasta la calle noventa y seis, pero aquel paseo me sirvió para reafirmarme en mis ideas. Sabía que aquello me ponía en peligro a mí también, pero estaba decidido.
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El Disfraz
Novela JuvenilLucas es un chico normal, que ya está acostumbrado a los lios de su hermano mayor. Sin embargo uno de esos lios le alcanza sin que Lucas pueda remediarlo, y de la noche a la mañana se encuentra inmerso en una historia de delincuencia, búsqueda y sob...
