Capítulo 23...Promesa

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-¡Maldición! - me quejo cuando mi redondo vientre, me impide levantarme con normalidad. Cinco meses de embarazo, que se calculan a unos siete, casi ocho meses en hombres lobo.

-Déjame te ayudo - sonríe Anton, dándome la mano para poder ponerme de pie.

-¡No te rías! - golpeo su hombro con tantas fuerzas que me lastimo yo antes que él.

-No lo hice.

-Lo pensaste - lo culpo enojada.

-¿Siempre serán así las embarazadas?

-¡¿Qué dijiste?! - lo vuelo a golpear con todas las fuerzas que poseo. - ¡No sabes nada!, claro como tú ni siquiera cargas con otra vida dentro de ti, No puedes decir nada. ¡Me pesa el cuerpo! ¿Sabes por qué? Porque cargo a tu hijo, inútil. Eres un inútil, lárgate que no quiere verte.

-¡Alía...

-¡Que vayas dije! No te quiero ver, maldito, idiota, como te odio, ojala y pueda castrarte - hablo enojada entrando al baño.

Miro mi cuerpo desnudo en el espejo y que quejo. ¡Odio, odio el embarazo!, pueden decir que me veo radiante, que soy hermosa, pero no es cierto. Tengo una barriga enorme, los pies hinchados, los pechos, sensibles y pesados. ¿Puede ser peor?, claro que sí. En las noches no puedo dormir, tengo unos calores enormes, pero no puedo decirle nada a Anton, porque sé que se hará ideas raras en su cabeza, y lo único que por ahora quiero, es entregarle a su hijo una vez nazca. No lo veré, no quiero conocerlo, no quiero encariñarme más de lo ya estoy.

-Bebe malo.

Sus patadas son otro problema, si él bebe no sale futbolista, pensare que entonces le gusta el taekwondo. Es tan fuerte, ósea sé qué es mitad hombre lobo, pero igualmente....no creo que fuera para tanto.

Me quito el vestido de pijama y caliento la ducha. Solo quiero relajarme un poco. - Tu padre es un tonto. - acaricio mi vientre. - Pero es una buena persona, después de toda esa cara un poco fría hay un gran hombre. Una persona noble y buena, él te dará el mejor futuro del mundo - mi voz se corta - perdóname bebe, perdóname por alejarme de ti, pero entre los dos sabemos que es la mejor opción. No me conocerás, pero te prometo que aunque sea a la distancia te conoceré una sola vez, de ahí sé que te dejo en buenas manos. - caen algunas lágrimas de mí. - Tu padre te educarà con buenos modales, te hará un guerrero, porque aquí entre nosotros, pienso y serás un pequeño hombrecito.

Seco mis lágrimas a toda prisa y salgo de mi baño. Camino a la habitación y me río al ver que, Anton me ha hecho caso, después de todo mi carácter es una mierda, pero adoro saber que él es todo un caballero, una persona muy tranquila, nunca se ha portado mal aun con todas mis malcriadeces.

Te has enamorado - dice mi subconsciente.

Joder, Alía, lo has hecho.

Y no solo eso, lo amo. ¿Cuándo paso eso? La pregunta correcta sería ¿Por qué no enamorase de él?, no hay duda de que él es el hombre más bueno del mundo.

-¿Cómo paso eso? - me repito, poniéndome unas leggins negras de embarazo, una blusa a rayas y una pequeña mascada roja. Miro toda la colección de zapatos y unos botines negros son los que decido colocarme, casi sudando logro hacerlo y me pongo de pie en el espejo. Me veo bien, solo que ¡estoy enorme!. Peino mi largo cabello negro y lo aliso con la crema, miro mi cara limpia por el agua y me empiezo a maquillar, peino mis cejas, delineo mis ojos, pongo color en mis mejillas y delineo mis labios en un tono rojo - vino.

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