Ya el festival de primavera de los elfos del Bosque Esmeralda se acercaba, todos lo conocían como Dunevar, es la fiesta más hermosa del sur llena de luz, canciones, colores, aromas y la danza de las fuentes de aguas azules y verdes, muchos eran los invitados, al Dunevar acudían el soberano del Sauce Blanco, el señor de Áurum, el señor elfo de los bosques nevados, el rey de Ciudad Escondida, los montañeses habían fracturado las amistades y alianzas con el Sauce Blanco así como con algunas otras ciudades hasta que el actual rey las renovó, era un rey sabio, previsor y muy carismático.
Andelian había enviado las invitaciones hechas de madera y hojas a todas las ciudades sin excepción alguna, al único lugar que no se tenía acceso era a la tierra de las Lumen Oris, el camino ya nadie lo recordaba, según se rumora que las Lumen lo desvanecieron para que nadie pudiese entrar a sus dominios y si aquello era verdad, el motivo también era desconocido.
Los preparativos para el inicio del Dunevar ya estaban casi listos. El día elegido para la fiesta siempre era el más brillante de la primavera, la primera luna llena que iluminaba la noche como ríos de plata.
Los días transcurrían tranquilos y ya se rumoraba de la excelsitud del Dunevar. El día esperado llegó así como los primeros invitados a la luz del alba ya que la fiesta daba inicio muy temprano, todo el reino del bosque estaba muy bien adornado, para la entrada al lugar una empedrada como camino sombreada por altos árboles y adornada con pequeños arbustos floreados que eran serpenteados por un delicado cauce de agua verde cristal que los mismos elfos labraron, en los árboles habían aves de hermosos colores que silbaban alguna melodía a los rayos del sol, para llegar a salón del Dunevar un largo puente arqueado de madera y cristal con hermosos detalles en los balaustres, el puente se anteponía a una cascada y se sobreponía sobre el descanso del agua de la catarata que era tranquila y tan clara que parecía haber dos puentes, uno debajo del otro.
El salón estaba hecho de enormes árboles que daban sombra y refugio, eran los más verdes que existían dentro de los dominios de los elfos, de ellos colgaban lianas cubiertas de flores de colores desde el blanco hasta el rojo más intenso que formaban grandes racimos muy parecidos a las wisterias de Abscondia, por detrás del salón estaba el palacio de los elfos, un hermoso castillo formado por árboles, cristal, agua y flores; de hojas de plata con capullos blancos y también azules se unían en espiral del más pequeño al más grande alrededor de un montículo verde y en la cima estaban los aposentos de la reina hechos de troncos que jamás morían, siempre estaban verdes con ramificaciones, jamás dejaban de florecer.
Para subir hasta el palacio de la soberana se tenía que seguir el camino espirado marcado por los árboles, todo el sendero era una escalera de tierra, pasto, tulipanes y algunas otras flores, también tenía una balaustrada de cristal que en su parte superior siempre corría una línea de agua que nacía del palacio y que era fuente también de una delgada cortina de agua que caía en bruma sobre el jardín de la reina, en las partes más bajas de los árboles en sus grandes raíces vivían los elfos, otros dormían en camas de hojas y flores, algunos otros detrás de cortinas verdes tejidas naturalmente por guías que caían de los árboles, todos ellos distribuidos alrededor del palacio y algunos otros por todo el bosque Esmeralda.
Los elfos daban la bienvenida a Yaron señor de Áurum igual a sus acompañantes que vestían túnicas doradas y peinados elegantes, fueron los primeros en llegar.
—En nombre de la reina Andelian, le doy la bienvenida su majestad. —Dijo Nathana, consejero de la reina.
Después llegaron los magos del Sauce Blanco, por delante de la caravana estaba Electro Ráfagus y Allegra Furah, ella vestía un manto de cuello alto, de amplias mangas en rojo que tenía detalles negros haciendo resaltar la intensidad de sus ojos y un sombrero de punta, Ráfagus por su parte vestía igual que siempre con una túnica azul cielo y un sombrero sin punta en plata, su cabello suelto y portaba un cetro alto en color tornasol y puntos brillantes, de punta bien labrada en forma del árbol del rey del Sauce Blanco con un espacio en medio que guardaba una joya azul y el tallo del cetro en forma de una hoja de sauce.
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EL CETRO Y LA GEMA. La Saga
FantasyEn un principio, cuando nada existía, sólo tinieblas y vacío en el mundo, nació la luz y tomó forma de mujer, ella lo creó todo, el tiempo, toda forma de vida, el sol, la luna y les dio brillo...