Buenas noches

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Ethan caminó hacia mi y se me hizo en frente, como protegiéndome.

–Ahora que están los dos si puedo hablar, me alegro de que mi querido hijo todavía sea tan comprensivo como siempre.
Ethan gruñó por lo bajo.

–Yo no soy tu querido hijo, vieja demente.
Lo miró furiosa. Apoyé mi mano en su espalda.

–¡La mocosa te ha pegado lo agresivo! ¿Es qué acaso tú también necesitas terapia?
Agarré su camisa y lo jalé levemente hacia atrás. Me hice a su lado y conté hasta 10 cerrando los ojos.

–No es necesario que amenaces a Ethan, madre. Porqué mejor no vas al grano y nos dices ¿Qué haces aquí?
Tomé la mano de Ethan.

–No me esperaba esta actitud de ti pequeña estúpida.
Caminó rápidamente y pisando fuerte hacia mi. Cuando estuvimos frente a frente, levantó la mano para golpearme pero detuve su mano con mi mano libre antes de que sucediera. Se zafó de mi agarre de un manotazo y retrocedió unos pasos, descompuesta por mi respuesta.
Carraspeó y continuó hablando.

–Verán, mis queridos niños. Un amigo de mi marido ofreció su caridad conmigo si le entregaba la mano de mi hija. Al principio me negué porque claro, mi pobre hija es tan débil mentalmente... pero las cosas han cambiado, mi marido ya no puede darme lo que quiero, pero no puedo dejarlo hasta tener mi siguiente paso seguro. Así que se los voy a dejar así. Ethan volverá a vivir conmigo y tú te vas a casar.
Ethan y yo intercambiamos miradas.

–pff.
Y reímos carcajadas.

–¿Por qué haríamos eso?

–Porque yo sé darles por donde más les duele.

–¿Ah sí? Me gustaría informarme ¿Qué tipo de amenaza vas a darnos?

–Sus amigos... ¿Cómo era? ¿Kise Ryoutta... y... Haruto Violet?

–Y dime, madre ¿Con qué dinero vas a ponerles un dedo encima? porque te recuerdo que a diferencia de nosotros ellos siempre han sido de familias adineradas y tienen todo tipo de seguridad a su favor. ¿Qué me impide llamarles para que refuercen su seguridad mientras te alejamos lo más posible de ellos?

–¿Te preguntaste por qué Violet no fue a clase?
Me quedé helada. Tragué saliva. Ethan estaba en shock.

Saqué mi teléfono y le marqué a Violet.
Uno, dos, tres tonos, buzón de mensajes. Un, dos, tres, buzón de mensajes, un, dos, buzón de mensajes, un, dos y sonó un teléfono con el ringtone que Violet le tenía a mis llamadas. Mi madre sacudía el teléfono, como restregándolo en nuestras caras.

–¿¡DÓNDE LA TIENES MALDITA BASTARDA!?
Me le abalancé rabiosa, pero Ethan logró contenerme teniéndome abrazada desde atrás, escondió la cabeza en mi nuca y sentí sus lágrimas. Oh no... Ethan...

–Bueno... esa reacción me gusta más.

–¿Cuál es el trato?
Justo cuando creía que todo iba bien... Ella sonrió triunfante.

–Alista maletas. En el momento que te vea subida en el auto del señor Inoue la dejo libre. Antes dame tu teléfono. Y en donde se te ocurra hacer algo... Ethan, tú teléfono.
Los entregamos y subí las escaleras con él detrás mío. Llegué al cuarto y me dejé caer en el piso con las manos cubriéndome la cara.

–¿Qué le voy a decir a Aomine?
Sollocé, Ethan se arrodilló conmigo y me abrazó. Me dejó llorar y llorar, hasta que me quedé seca. Cuando me empezaron a doler las rodillas me separé de él y me puse de pie, bajé la maleta de la parte de arriba del armario. La boté en la cama y la abrí. ¡Maldita sea! Golpee la pared. Tomé mis cosas y las metí en la maleta con todo y ganchos, a la mierda.

–Ethan, no sé cuánto demore pero papá definitivamente vendrá por ti. Imagino que Kise lo está llamando en estos momentos. Así que no te preocupes.
Ethan comenzó a llorar más fuerte. Me senté en la maleta para poder cerrarla y luego junto a él. Abracé su cabeza.

–Por favor, dile a Aomine que lo siento mucho... también a Violet, que me disculpe por meterla en esto y despídeme de Kise.
Se me aguaron los ojos de nuevo.

–No quiero dejarte ir otra vez...

–Está vez no iré al psiquiátrico.

–No es momento de bromear.
Me regañó frotándose los ojos.

–Y esta vez al menos si estás llorando...
Se soltó de mi abrazo y se recostó en mi hombro. Rió un poco.

–Puta vida.
Suspiré. Sí, putísima vida.

*Narra Aomine*

Me quedé parado unos minutos más viendo la puerta como un idiota. Retrocedí unos pasos. Me debatía en si debía entrar o hacer lo que me había pedido. Maldita sea, ella no me pediría algo si fuera inútil. Saqué mi teléfono y le marqué a Kise.

–¡Aomine-chi!
Empecé a correr, al menos tenía idea de que su casa era hacia el norte y que no quedaba muy lejos.

–Tu dirección, Kise, ¡ahora!

–¿Por qué estás tan agitado Aomine-chi?

–¡___ y Ethan están en problemas!
Me dio su dirección y seguí corriendo hasta allá. Cuando llegué Kise me esperaba afuera. Tomé aire.

–¿Aomine-chi?

–¡Su madre los encontró! E-está con ellos en su casa, ella m-me dijo que tú sabrías que hacer.
Me apoyé en la rodillas y miré a Kise. Tenía una expresión seria pero se notaba que estaba aterrado.

–Entra.
Espetó señalándome la puerta. Miró a todos los lados antes de cerrarla detrás de él.

–¿Qué vas a hacer?
Pregunté normalizando mi respiración. Me señaló un sofa mientras marcaba en su teléfono. Me senté.

–Señor ____(ta) habla Kise Ryoutta... No, esta vez lo llamo por algo más delicado... Ella los ha encontrado... No... lo siento. Lo único que sé es que están en casa... entiendo, lo veo mañana entonces.

–¿Con quién hablabas?

–Con el padre de Ethan y ___.

–¿Y?

–Va a tomar el primer vuelo disponible que encuentre, está en Francia. Dijo que por mucho llega mañana en la tarde.

–¿Y en qué ayuda que él venga?

–El hecho de que su trabajo tiene que ver con la Policia. Mañana nos explica sus razones, dijo que había encontrado pruebas más graves que lo que ella había hecho en el pasado.
Tragué saliva ¿policía? eso no lo sabía.

–Ya veo...

–Prepárate para conocer a tu suegro. Puedes quedarte aquí si quieres.
Sonrió de lado sin ganas. Fruncí el ceño.
Espero que ___ esté bien.

Demonios de dos.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora