16. No hay mal que por bien no venga

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Eileen había llegado a casa más temprano de lo que había esperado

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Eileen había llegado a casa más temprano de lo que había esperado.


Su jefe había llegado a la oficina con una enorme sonrisa de dientes relucientes. Le había dicho que podía tomarse la noche libre si lo deseaba, pues los documentos que requería para mañana ya no eran necesarios.


Se sintió muy... extraño. No estaba acostumbrada a que Walker le diera menos trabajo. De hecho, usualmente era todo lo contrario. Una parte de ella se moría de ganas de preguntarle qué maldito bicho le había picado, y por qué no se dejaba picar más seguido.


Sin embargo se contuvo, e ignorando las miradas curiosas de sus empleados, simplemente asintió y regresó a su despacho.


Desde aquella fatídica noche junto a Judy, dónde su empleada la había visto, los demás trabajadores parecían estar muy al tanto de la situación. Algunos de ellos se mostraban escépticos, encontrando muy difícil creer que la correcta y estricta señora Hamilton se encontraría en un lugar como aquel.


Eileen sólo se sentía aliviada de que ninguno de ellos hubiera abierto la boca con el jefe. A pesar de que no tenían ningún tipo de prueba que la delatara, la semilla de la duda se plantaría y eso era lo suficientemente malo.


Así que a regañadientes se aguantaba las ganas de gritarles para que dejaran de mirarla.


Cuando ingresó a su hogar, se sintió por fin tranquila. Ahí nadie la miraba con recelo cada vez que caminaba. En su lugar, su prometida la esperaba como cada noche.


Podía escuchar su voz en la sala. Estaba hablando por teléfono.


—Oh, vamos... ¡no te hagas!—decía entre risas, sin notar que Eileen acababa de llegar—. Es un hombre muy guapo, un gran partido... ¡no, no sueno como mamá...!


Eileen no quería interrumpir, ni mucho menos se consideraba una chismosa, pero aquel intercambio incompleto logró despertar su curiosidad. Así que silenciosamente comenzó a quitarse su saco, fingiendo estar distraída.


—Bueno, Judy, por algún motivo aceptaste salir con él, ¿no...?—continuaba Beatrice tranquilamente, hasta que divisó a Eileen cerca del sofá, y formó una gran sonrisa—. ¡Eileen, cariño! Eileen llegó más temprano a casa, gracias por eso...


La recién llegada arqueó una ceja ante sus palabras, y el tono divertido con el que se dirigía a su hermana. Por lo que podía comprender, Judy había aceptado salir con alguien, un hombre. Intentó que no se notara demasiado la mueca que se había presentado en su rostro de manera inconsciente.

¡Vamos, Eileen!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora