8. Adrien el Metiche

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"ADRIEN EL METICHE"

Dejo que Leo se vaya primero de la habitación.
Me ha dicho que espere unos cinco minutos para salir.
No quiere a nadie hablando de que pudo haber pasado algo y que Finn se entere la forma mala.
Así que, se viste y sale. No sin antes llenarme de besos.
Me levanto cuando ya se ha ido.
Arreglo mi sostén y busco mis bragas.
Cuando las tengo en mano me las pongo rápidamente y busco mi top.
En alguna parte se debe haber quedado.
Veo que Thor se levanta y se pone alerta.
Seguramente Leo ya entrado nuevamente.
Me doy la vuelta y suelto un grito. Me llevo la mano a la boca cuando veo si figura parada delante de mi con los brazos cruzados y una sonrisa de autosuficiencia.

—Vaya, Vaya, Gabbo, no creí que fueras de ese tipo.

—Adrien...

—Por tu bien, espero que me puedas convencer de que no le diga nada a Finnick.

—Aquí no pasó nada, sólo... sólo fueron un par de besos—Miento.  Él alza una ceja y ruego al cielo que por favor se lo trague. Adrien es muy boquisuelto y sobretodo con Finn, no se guardan nada entre ellos.

—Sí, yo aún me chupo el dedo.

Trago grueso.

—Te vi, Gabbo.

Ah, carajo.

Me llevo las manos a la cabeza porque espero que haya visto muy poco. Me preocupa más que Adrien me haya visto desnuda a que le vaya a decir a Finn. Es como ser humillada porque son armas a su favor que puede usar para molestarme. Como, lo pequeños que son mis senos o como no dejo nada de vello púbico en mi zona íntima.

—¿Que viste? Metiche

—Tus lindos senos y esos gemidos...

—ah no Adrien... ¡Basta! No...

—No soy mirón, pero... puede que mucha gente se haya dado cuenta desde que subiste con Leo aquí.

—Por favor no digas nada.

—¿Y yo que gano con eso?

—Que no diga nada de lo de tu papá— Jaque mate. He dado en el clavo porque lo veo retroceder.  Su rostro se enseria

—Cruzaste la línea, Gabrielle, Sabes que pasará si Finnick se entera.

—Lo sé, Lo sé  es que... sólo no le digas, no tiene porque saberlo. Prometemelo, Adrien.

Suspira y camina hasta el escritorio de Leonel y se sienta sobre él.

—Tendrás que darme algo para comprar mi silencio y que no le diga a tu hermano mayor que le abriste las piernas a Leonel Wesley.

Siempre con esa actitud narcisista que odio tanto.

—Compro tu silencio con mi silencio.

—Da igual, ya les conté a los chicos lo de papá, así que...

Frunzo el ceño. Le da un trago al vaso que trae en la mano. 

—Adrien...

—Adrien nada, negociemos ¿Vale? Serás mi esclava por una semana — me señala.

—Ni de coña.

—Ah, Gabby, estas perdiendo.

Pienso en una forma de mantenerlo con su bocota cerrada. Lo soltaria todo con tal de molestarme.

Lo encuentro mirándome los pechos. Aún no encuentro mi top así que me cubro con los brazos. Él se ríe.

—Nada que no haya visto antes, Gabbo y aún más grandes.

Gabrielle entre IdiotasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora