9. No quiero verla de nuevo

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"NO QUIERO VERLO DENUEVO"

Alice se va porque su madre le dice que tienen que hacer algo importante juntas y me deja allí, en la casa llena de Hipócritas.

Poco después de que Alice sale de mi casa, llega el auto de Harry con Wayne y Jose Luis.

Vienen vestidos con trajes de baño y traen cerveza y comida.

Finnick enciende el estéreo y ponen música en volumen alto. Yo sólo puedo estar encerrada en mi habitación con Pradda en mis piernas.
Tengo un bote de helado, chocolates ferrero rocher que he mandado a Gemma a comprar y muchas muchas galletas con chispas de chocolate.
Me estoy tragando un montón de calorías pero la situación lo amerita.

Estoy pasando por un momento de desamor, mi mejor amiga me ha dejado y tengo que hacer algo para mejorar.
No hago nada la verdad. Sólo estoy torturandome viendo películas románticas y llorando a moco suelto cuando se besan y se dicen que se aman.
Puras mentiras.
La vida real no es así de fácil. En la vida real no te encuentras a un Chris Evans en la estación del metro tocando guitarra y te ayuda a regresar a casa mientras te enamoras profundamente de él. 
En la vida real Zac Efron no encuentra tu foto en una misión militar y se dedica a buscarte para amarte y todo eso.
En la vida real no vives una historia de amor infinita con Ryan Gosling y envejecen juntos.
En la vida real Nicholas Sparks no te escribe una historia de amor en la que estás de protagonista.
En la vida real chicos como Leo Wesley te desfloran y al día siguiente traen una chica a tu propia casa para besarse con ella en tu piscina y hacerte saber que sólo fuiste una noche de sexo y nada más.
Así de puta es la vida real.
¡Joder! Hasta Adrien tenía más dignidad que yo.

—¡Todos son unos jotos y los odio!— grito mientras tiro un pedazo de galleta a la pantalla.
Me tiro al suelo y sólo puedo llorar falsamente porque ya ni lágrimas tengo para tirar.
Pradda me mira y mueve su cabecita de lado a lado.

—Pradda... ayúdame, la he cagado— ella sólo me mira y me lame la mano.

La puerta de habitación se abre y ni me inmuto en ver quien es. Sé que es Finn.

—¡Largo!

Lo miro y me encuentro no con mi hermano, si no con Adrien. Está sin camisa y con shorts de basketball y mira toda mi habitación. No recuerdo la última vez que Adrien se metió en mi habitación.

—Vaya, este lugar está más rosa que antes. Parece el coño de una chica blanca.

Asqueroso.

—Largo de aquí, Adrien.

Me limpio las lágrimas antes de que él note que he estado llorando.
Lo veo comenzar a tocar cosas y darle golpecitos al cristal de la pecera que tengo.
Me paro de inmediato y lo empujo.

—No molestes a pardo, y no toques nada con tus asquerosas manos.

—Vaya, que humor, Gabbo ¿porque será?

Saboreo su sarcasmo.
Se recuesta a la puerta y me mira.
Okay, admito que su vientre me está distrayendo.
¿Eso es un tatuaje?

Frunzo el ceño y miro a otro lado porque está en un lugar donde no quiero mirar.

—¿Que quieres aquí? Está prohibido que entren hombres. En especial tú

—¿Te asusta?

—¿Tú? Puff, sueña.

Se aparta de la puerta y camina dentro de mi habitación. La hace ver tres veces más pequeña de lo que es.
Él allí dentro se ve como si estuviera en una casa de muñecas.
Quiero preguntarle cuanto mide pero ni al caso.

Gabrielle entre IdiotasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora