Han pasado 49 horas desde que Daniel está aquí sin despertar. Su única mejora es apretarme la mano, es su forma de decirme que está bien. Dicen que va mejorando notablemente y que está reaccionando bien al tratamiento. Jesús ha venido está mañana para traerme algo de comer, a que no he salido de aquí desde que ingresaron a Dani. No me voy a separar de él hasta que despierte, él estuvo cuando yo estuve en coma así que ahora me toca estar a mí.
DANIEL
No sé qué me pasa, no sé cuánto tiempo llevo aquí, pero es horrible la sensación de querer moverte, querer hablar y no poder hacerlo. Durante este tiempo he estado escuchando a enfermeras, a Jesús y sobretodo a Julia que me decía cosas muy bonitas. He intentado muchísimas veces despertarme pero no puedo, lo único que hago es apretar la mano de Julia.
Estoy intentando mover alguna parte del cuerpo para ir despertándome, y creo que funciona.
JULIA Estoy en la habitación de Dani, sentada a su lado, con la cabeza agachada y con su mano cogida. Noto que apreta mi mano una vez más y sigo cabizbaja.
-Enana -dice Daniel con voz ronca.
Levanto la cabeza de golpe y abro los ojos como platos, le abrazo con cuidado y lloro en su pecho.
-Pensaba que te perdía -digo mirándolo a los ojos.
-Nunca me perderás pequeña, una promesa es una promesa -dice sonriendo.
Me acerco un poco a él y le beso dulcemente mientras noto como sonríe.
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Aviso a los médicos y dicen que le harán varias pruebas, mientras tanto aprovecho para llamar a Jesús y explicarle lo sucedido.