Capítulo 19

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"Lo que fue de mí."

El "sueño" que tuve en coma es algo que no se repite en sueños, pero sigue en mi mente, repitiendo varias escenas una y otra vez.

No hay nada interesante que hacer cuando estas amarrada a una cama, con la vista fija a una esquina de la blanca habitación y un estúpido psiquiatra entrando a ver si algo mejoro.

Desde que desperté del coma, hace 2 meses, me enviaron a Wisconsin con Agust.

Él estudia en otra escuela, mientras yo me quedo atada viendo una esquina, una mugrienta esquina.

No me permiten visitas, tampoco caminar libremente. Me consideran agresiva, ya tengo un expediente marcado. La anterior semana, clave un tenedor en la mano de Rony, una doctora.

Mis manos no las siento, pero puedo oír los pasos del doctor, es hora de la medicina.

—Bien, Señorita Jones, hora de su Cloruprofeno, aquí tiene agua y la pastilla—Dijo Fran, enseñándome un vaso de plástico con una pastilla verde.

— No puedo, mis manos. —Dije levantándome de la cama y dándome la vuelta, enseñándole las ataduras.

—¡Cierto!—Dijo y desató mis manos y me entrego el vaso.

Algo me ahogaba, algo me decía que huya, que desate la ira dentro de mí.

—No ahora—Tome mi cabeza entre las manos, esta me duele como si fuera a explotar— ¡NO AHORA!— Grite desesperada y caí en el suelo de rodillas —Cállense.— susurre con lágrimas en las mejillas.

Porque eso me pasa, yo no tenía nada hace 2 meses, siempre fui normal.

Siento un pinchazo y todo empieza a ponerse borroso, está claro, me sedaron.

Despierto en el psiquiátrico, pero no es igual.

Esta dañado por las esquinas, puerta rota, no hay ataduras.

Me levanto y camino fuera del cuarto, en la puerta, en el borde, sangre cayendo y una cae en mi frente.

Limpio la gota y camino hacia la salida, pero un grito es lo que capta mi atención.

Es desesperado, es de una mujer.

Sigo el grito. Por más extraño que se vea, parece muy normal, como si estuviera acostumbrada.

La puerta está trabada, busco algo para abrirla, una palanca, un destornillador, algo.

Debajo de una de las sillas de espera, una palanca oxidada, me agacho para tomarla y la obtengo.

Me pongo de pie y doy media vuelta, para mi sorpresa la puerta está abierta. De ella sale un grito, está ves era distinto, era un hombre. Entro y se ilumina una parte de la habitación, ahí se encuentra una mujer de vestido rojo, piel pálida, cabellera negra y tacones. Tira el brazo al suelo, del cual sale mucha sangre, se gira y lame su dedo lleno de sangre, sus manos ensangrentadas. Miró a su cara y no lo creo.

— Sé que a ti te encanta, no eres como esos idiotas, ¿o no Elizabeth?

—Soy Rafaella.

—No. — Una sonrisa aparece.

 — Una sonrisa aparece

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—Yo soy Rafaella, Elizabeth. Rafaella la que no le importa beber sangre de un inocente. ¿Crees que soy descontrolada? Soy el peor ser del mundo, algunos los aman pero sin saber nuestras ansias. Escucha, tú eres Elizabeth. Yo soy Rafaella. ¿Captas?

— Yo soy Rafaella, una chica que fue engañada por sí misma.

— Ya te dejas borrar tu mente, es lo que quieren. — Se para y el escote de su vestido es lo que resalta. Toma mis hombros con sus manos ensangrentadas, pero no me resultaba desagradable — Tu sabes la verdad, no dejes que borren tu mente. Cada vez que tienes estas visiones, queremos que te desates, pero ninguna ha tenido sentido. Pero ahora vez lo que realmente quieres.

— ¿Que tengo que hacer, según ustedes?

—Roba las llaves del auto de Agust, su billetera de tu padre y huye a Massachusetts, es uno de los pocos conocidos.

—¿Iniciar una vida nueva?

—No, investigar, busca pruebas pero no las enseñes, eso te hará peligrosa. Ve a un pueblo pequeño, no llames la atención, tiñete el cabello si es necesario, compra lentillas. Ocultarte y ser un arma peligrosa cuando quieras. No comas demasiada chatarra, la detesto y ejercitarte es necesario, necesitaras estar en forma.

Se oyen voces y mi "Doble" pone los ojos en blanco.

—No lo olvides.

Todo vuelve a ser la habitación del psiquiátrico. Agust a mi lado.

—Hey, Rafa. Tengo noticias.

— ¿Que paso?

— Si te comportas bien, dejaran que vayas este viernes a casa, bueno, a mi casa, solo por el fin de semana. Mama y papa vendrán, igual Jackson.

—Es miércoles, puedo hacerlo.

— ¿Que paso hoy?

—Jaqueca, una simple jaqueca.

Él sonrió y me dio un beso en la frente.

—También vendrá Natasha.

— Ya es tu novia ¿no?

—Algo por ahí, una hermana en el manicomio no ayuda mucho.

—Lo sé. Seré buena.

Él sonrió y salió, como dije nunca me dejan estar mucho tiempo con ellos.

Mis ataduras no están.

Massachusetts tendrás a una amenaza en tus calles muy pronto.

—Una amenaza y un dulce, Elizabeth.

Mi "doble" estaba sentada sobre la cómoda con una sonrisa, mostrando colmillos ensangrentados y sus ojos rojos.

Asentí y sonreí.

Libertad y cordura allí voy.

—Por eso tu eres Elizabeth y yo Rafaella, tu eres buena y yo soy mala.

Vampiro por Accidente.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora