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Al día siguiente desperté y salí a correr. Corrí aproximadamente durante una hora, de la cual, treinta minutos los desperdicié revisando el móvil intentando encontrar algún mensaje de Amelia. Sabía que aún debía estar incómoda con lo ocurrido ayer en el restaurante. No quería molestarla, pero sentía muchas ganas de hablar con ella.

Regreso a mi departamento, tomo un poco de agua, reviso mi móvil, pero una vez más mi buzón de entrada está vacío. Resignada, lo dejo entonces sobre la encimera.

Me ducho y luego me visto sintiendo el satisfactorio cansancio que usualmente me invade luego de correr. Extrañaba esa sensación.

Luego de unos minutos suena el móvil y salgo desesperadamente a contestarlo.

Es Amelia.

-¿Hola? -contesto.

-¡Elena, me están siguiendo! ¡Esta vez estoy segura! –escucho al otro lado una voz temerosa.

-¿Amelia, dónde estás? -pregunto exaltada.

-Hay un hombre siguiéndome, Elena -dice en un susurro jadeante-. ¡Ven pronto!

La escucho llorar aterrada.

-¡Tienes que darme la dirección! –le digo -. ¡Concéntrate y dime dónde estás!

Me da la dirección con dificultad, pero logro entenderla.

Bajo hasta el estacionamiento y subo a mi motocicleta sin dudar.

Voy a una velocidad increíblemente imprudente. Paso entre los automóviles tan rápido que me parece ir volando. Siento la adrenalina corriendo por mis venas. La siento como un hormigueo por todo el cuerpo. Estoy furiosa y desesperada. Una mezcla letal. Mi cabeza da mil vueltas. ¿Qué pasaría si Amelia no sobrevivía esta vez? Le había prometido que la protegería y no podía faltar a esa promesa. No sólo por ella, por mí también. Se había convertido en un requisito vital para mi tranquilidad. No sé si la hallaré cuando llegue al lugar. Pueden haberla raptado una vez más.

Llego luego de unos minutos y bajo de mi motocicleta. Todo está en silencio, camino poco a poco pero no logro verla ni escucharla. Saco mi arma y me dispongo a entrar a un callejón. Tenía meses sin sentir esa emoción dentro de mí. Extrañaba sentirme así, pero al mismo tiempo odiaba estar de nuevo en una situación en la que Amelia fuera la víctima. Hago un movimiento brusco para adherirme a la pared. Camino hacia el fondo y al fin logro verla. Está en el piso, detrás de un contenedor de basura, inconsciente y con un golpe en la parte trasera de su cabeza. Siento un dolor desgarrador dentro de mí. Volví a fallarle. No había estado para ella y había permitido que le hicieran daño de nuevo. No entendía quién había sido capaz de hacerle eso y tampoco, por qué no la habían raptado esta vez. ¿Qué querían estos hombres? Nada tenía sentido.

Guardo mi arma y me agacho para tomarle el pulso. Está un poco débil pero viva. Sólo es un desmayo por el fuerte golpe en su cabeza.

-¡Despierta! –le digo al oído. La rabia me invade.

La escucho murmurar algo sin sentido.

-Amelia, por favor... -susurro.

Ella parece estar recobrando el sentido y comienza a quejarse un poco de dolor. Se sienta y se toca la cabeza.

-¡Elena! –se ilumina su mirada al verme.

Me abraza con fuerza y me cuesta reaccionar.

La abrazo luego de unos segundos y es la primera vez que puedo sentirla tan cerca. Está temblando de miedo y sollozando en mi pecho. Paso mi mano por su cabello y siento mi corazón acelerarse.

El diario de Elena (COMPLETA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora