El viernes de esa semana había quedado con Alex para almorzar. Creo que hasta ese día había olvidado que existía un mundo fuera de mi departamento.
Llego al restaurante donde había reservado y observo que está en la mesa esperándome.
-Hola, cariño -se levanta de la silla y me da un beso en la mejilla - ¿cómo has estado? -pregunta abriendo la silla para que me sentase.
-Estoy muy bien. Un poco estresada, sin más pistas del caso, pero sé que las encontraré pronto -me siento.
Él me imita y toma la carta que le acerca el camarero con una sonrisa amable.
-Yo creo que pierdes tu tiempo. Ahí no hay nada más -dice sin apartar su vista de la carta.
-Pues yo tengo mis esperanzas en el caso.
-Elena, no hay más pruebas y la chica no ha vuelto a tener más problemas -se encoge de hombros.
-Te equivocas.
-¿A qué te refieres? -ahora me mira atento.
-A Amelia la estuvieron acosando los días posteriores a su rescate.
-¿Por qué no me habías contado? -hace una pausa- y....¿por qué la tuteas? -ahora me mira con extrañez.
-Porque el comisario me ha dicho que no pidiera tu ayuda. Sabía que si te decía, ibas a querer intervenir y ayudarme.
Hace un movimiento con su mano, trayendo al camarero en seguida. Ordena por los dos. Sabe que odio que haga eso.
-El comisario no puede mandar sobre mí. Tú eres más importante -dice cuando se marcha el joven con nuestra orden.
-Gracias, Alex, pero no quiero causarte problemas.
-Dime qué es lo último que sabes.
-La han atacado y le han dejado un mensaje a Omar con ella. Le han pedido que le recuerde a su novio la deuda que tiene con ellos.
Él se queda pensando.
-Entonces el secuestro quizás se debió a la deuda que tenía Omar con estos tipos. ¿Pero de qué se trata?
-Es lo que tengo que averiguar, pero ahora Omar Arafat está fuera de la ciudad. Esperaré a que vuelva y lo vigilaré.
El camarero trae la comida y me dispongo a probar la pasta a la carbonara. Al menos esta vez no ha ordenado algo exótico o desagradable.
-Entonces Amelia y tú se han vuelto muy amigas, ¿no? -comenta él y entonces me siento predispuesta hacia lo que va a preguntarme. Lo conozco como a nadie y sé que no es de los que se interesa por una mujer al menos que desee llevarla a la cama.
-¿Por qué lo preguntas?
-Ya me conoces, Elena. La chica es hermosa y está emocionalmente vulnerable en estos momentos, creo que necesitará sentirse protegida. ¿Sabes a lo que me refiero? -dice con picardía.
-Alex, siempre sé a lo que te refieres. Básicamente porque todo se basa en acostarte con alguien.
Se ríe y toma un sorbo de vino blanco, igual de seco y amargo que él.
-Entonces, ¿me ayudarás un poco?
-Amelia es una buena chica. Ha pasado por muchas cosas y en estos momentos lo menos que necesita es que le rompan el corazón.
-¿Desde cuándo eres tan sentimental?
-No es sentimentalismo, es sentido común.
-¿Al menos me dirás cómo puedo encontrarla? Ya he ido a su casa y su padre no sabe nada de ella.
-Se está quedando en mi casa por un tiempo.
-¿En tu casa?
Asiento con la cabeza. Sé lo extraño que suena todo esto para él pero intento actuar con normalidad.
-¡No puedo creerlo! A duras penas me dejas pasar a saludarte y a ella le ofreces quedarse.
-Investigo su caso y le brindo protección. Eso es todo.
Entonces sonríe como si lo más siniestro se le hubiese ocurrido.
-Hagamos algo... -dice, pasando su mano por su barbilla-. Te ayudaré con el caso sin que nadie se entere y tú me ayudarás con Amelia -propone luego.
Muevo la cabeza y no puedo creerlo. Sé que no lo convenceré de que deje a Amelia en paz, así que no tengo opción. Quiero averiguar lo que esos tipos quieren con ella y si para eso debo ofrecérsela a Alex como cebo, entonces lo haría.
-Está bien, Alex, te ayudaré con ella.
Él sonríe victorioso y me parece acabar de venderle mi alma al diablo.
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El diario de Elena (COMPLETA)
RomanceElena es una agente de policía que ama su trabajo. Su siguiente caso a investigar, es la desaparición de Amelia Habash. Amelia es una doctora del hospital central, con una vida monótona y controlada absolutamente por su estricto padre. En este rel...
