III

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Al día siguiente fue a su casa e hizo lo acordado. Su padre trató de impedirlo como era de esperarse, pero Amelia se armó de valor y lo enfrentó. Sabía que, de alguna manera, estaba salvando su vida al hacer las cosas de esa forma. Me hizo una llamada poco antes del mediodía y entonces pasé por ella en el auto.

-¿Cómo ha ido todo? –pregunto una vez que estamos camino a casa.

-Fatal –repone-. Se ha puesto furioso.

-¿Le dijiste dónde estarías?

-No, por más que intentó, no se lo dije.

-Tranquila, Mía, recuerda que lo estás haciendo por el bien de todos.

Ella me mira a los ojos con extrañes.

-¿Qué pasa? –pregunto.

-Mi madre solía llamarme así...–dice con un matiz de nostalgia.

-Lo siento.

-No –repone mirándome -. Me gusta... –concluye colocando su vista de nuevo en la carretera.

Yo la imito y nos quedamos en silencio el resto del viaje. La llevo a casa y la guío hasta su nueva habitación.

-Espero que estés cómoda.

-Seguro que lo estaré –dice, dejando sus maletas en el suelo.

La miro mientras lo hace y no sé si ya es momento de salir y dejarla para que comience a poner sus cosas en orden.

-¿De quién era esta habitación? –pregunta entonces.

-De nadie...

-¿Siempre has vivido sola?

-Sí.

Frunce el ceño.

-Iré a preparar algo de comer –le digo antes de darle tiempo a que haga otra pregunta. Me sigue hasta la cocina y se sienta en uno de los bancos del mesón.

Saco unos tomates y una lechuga para hacer una ensalada. Intento evadirla. Sé que está llena de preguntas, pero nunca me he sentido cómoda hablando de mi vida personal.

-¿Qué hay de tu familia?

-Soy sólo yo –repongo sin volverme si quiera.

-¿Tu madre?

Resoplo. Sé que ella es muy curiosa así que estaba dispuesta a contarle un poco acerca de mi familia.

-Nos abandonó cuando yo tenía un año y medio.

-¿Nos...?

-Sí, mi hermano Daniel tenía tres años. Mi padre se quedó solo con nosotros y luego nos trajo para intentar darnos una mejor vida.

-¿Dónde naciste?

-En Puerto Rico. Mi madre era puertorriqueña y mi padre estadounidense. Él y mi madre tuvieron un romance cuando mi padre fue a un crucero por el Caribe. Se enamoraron y nueve meses después nació mi hermano. El resto ya lo sabes...

-Siento mucho escuchar eso –dice con gesto de pena-. ¿Y tu padre?

-Murió poco después de haber entrado a la academia de policía. El cáncer se aferró en sus pulmones a consecuencia de su horrible hábito de fumar. Después de eso, caí en una terrible depresión.

-Es horrible escuchar eso, Elena. De verdad lo siento.

-No te preocupes.

-¿Tu hermano vive aquí?

-No. Luego de que mi padre muriera le ofrecieron un gran trabajo como editor en Londres. Él no quería dejarme sola, pero lo empujé a tomar esa oportunidad –hago una pausa-. Desde ese momento, soy sólo yo –concluyo con una sonrisa fingida.

El diario de Elena (COMPLETA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora