Treinta y siete |FINAL

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No te vayas
Cerremos heridas.

D o s d í a s de s p u é s.

11:00AM

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11:00AM

Elsa salio de casa de Anna, la brisa matutina era perfecta y movía su cabello de un lado al otro. Su vestido volaba al compás del viento de mar, olía a agua salada y arena y Elsa deliraba con tal aroma afrodisíaco.

Los días en la playa se le fueron como agua entre los dedos, se sentía mejor a lo mejor no eternamente bien pero mejor que cuando llego. Aspiro el aroma y sintió como entraba a sus pulmones y los limpiaba. Había llorado la noche anterior porque sus sobrinos le hicieron un dibujo, eso la hizo sentir dos cosas; emoción y una inmensa tristeza. ¿Su tropa estaría pensando en ella? ¿La extrañarían?

Más tarde Anna la invito a ver una película en la sala, Hannah la escogió y tal fue su necedad que ambas terminaron aceptando ver "La Princesa y el sapo" la película no era mala pero a mitad del filme se soltó a llorar como una niña pequeña. Se disculpo y subió a su cuarto a llorar hasta que se quedo dormida. ¿Jack la extrañaría?

Este era un día nuevo y Elsa no quería llorar, hoy partía a New York por un par de cosas que le hacían falta, después despegaría rumbo a Milán donde una nueva aventura la esperaría con los brazos abiertos. No sabía cómo la hacia sentir eso exactamente. Pero aún así lo haría, no había nada que la detuviera, nada que valiera quedarse en la gran manzana.

—Adiós, Malibú —murmuró con una sonrisa mirando a la lejanía el mar azul que la despedía —. Fue un honor.

Elsa tomo el manubrio de su maleta celeste, no quería irse. Aquí sentía calma y se sentía menos sola porque aquí estaba su hermana y sus sobrinos, su familia. La puerta a sus espaldas se escuchó, Elsa miro por encima de su hombro y sonrió cuando vio a su hermana salir con una sonrisa, abrochado se su suéter color melón.

—Los niños están muy dormidos, ayer se durmieron muy tarde, lo siento.

—No te preocupes, no los despiertes son vacaciones —le sonrió de vuelta con cariño —. Solo recuerda les lo mucho que los amo y cuida los mucho son increíbles.

—Ay, ven aquí —Anna bajo las escaleras del portal rápidamente, Elsa abrió sus brazos y la estrecho cuando estuvo lo suficientemente cerca de ella. Anna frotó su espalda, recargando su barbilla en su hombro cubierto por el vestido rosa —. Te adoro, Elsa. Se verdad mereces mucho éxito, cuídate mucho, marca me cuando estés allá y, por favor, ven más seguido a vernos.

Elsa soltó una risa, amaba a su hermana con todo el corazón. Su hermana se había convertido como una madre y actuaba como tal en todo momento, incluso con ella se comportaba de esa manera. De repente sintió un malestar en el estómago. Que buena hermana tenia y ella era tan distinta a ella, no quería dejarla porque era lo más preciado que tenía en este lado del mundo. La platinada la abrazo con todas sus fuerzas, como la iba a echar de menos.

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