- ¿Qué quieres pedir? - dijo él mirando la cartilla con sabores de helados.
- Frutilla, vainilla... - me interrumpe
-¿Y dulce de leche? -dijo riendo.
- ¿Cómo sabías? - respondí.
- Somos iguales idiota - dijo él.
- ¿A quien le dices idiota? - y le comencé a hacer cosquillas en su abdomen.
Su sonrisa esa hermosa, sus ojos comenzaban a llorar de la risa y carcajada era extremadamente dulce.
- Ya, basta - dijo alejándome.
Me dirigí hasta la chica que atendía que esperaba por nuestro pedido.
- Dos de frutilla, vainilla y dulce de leche - dije amablemente.
- Invito yo - dijo él.
- Ni se te ocurra - dije abriendo por demás los ojos.
- Sino me dejas pagar me iré - dijo él llendo hacia la puerta.
- Está bien, hazlo. La próxima me toca a mi - dije tomándolo del brazo
- Entonces... ¿Habrá próxima? - dijo acercándose más de lo normal a mi.
- Si, habrá - y me aleje un poco.
Nos sentamos y mientras tomábamos el helado no hablabamos. Solo nos mirábamos y reíamos.
Que lindo chico era, un caballero. Había encontrado a un chico muy dulce y estaba frente a mí.
Mi celular rompe con el silencio, era un mensaje de Max.
- ¿Tienes algo que hacer? ¿Salimos? - decía el mensaje.
Las manos me comenzaron a temblar y transpirar.
-¿Está todo bien Win? - dijo Thomas.
- Es Max, quiere que nos veamos - dije nerviosa.
- Dile que estás ocupada con la mudanza aún - dijo Thomas guiñando un ojo y mostrando otra vez sus blancos y relucientes dientes.
Tecleé lo que él me dijo. Pronto acabamos el helado.
- ¿Vamos a la playa? - dijo él.
- Si, vámonos - dije y abandonamos la heladería.
Caminamos unas cuadras y Thomas me tomó de la mano.
Nuestras manos estaban entrelazadas, eran la una para la otra.
- ¿Crees en el amor a primera vista? - me dijo él sin abandonar la vista de la deteriorada vereda por la que íbamos.
- Si, como el de los libros - dije.
- ¿Alguna vez tuviste algún amor de esos? - dijo, aún sin mirarme.
- Si, tal vez si - dije. - ¿Tú?-
Levanto la vista y me detuvo junto a él.
- Si. Tú... - me dijo mirándome fijamente a los ojos.
Baje la vista avergonzada. No sabía que decir.
Seguimos caminando, estábamos frente a la playa. Cruzamos y nos sentamos en la arena. El sol sr estaba ocultando y estaba precioso para ver cómo se ocultaba sentados en la arena
- Thomas - dije.
Él me miró.
- Tal vez a mi me pase lo mismo que te pasa conmigo -
Sonrió.
- ¿Quién diría que me enamoraría en un día? - dijo él fijando su vista en el horizonte.
- Somos seres heridos unidos por el amor - dije yo.
- Sanaré cada una de tus heridas - dijo él. - Y si quieres ir con Max, hazlo. Te estaré esperando por si quisieras regresar -
- No quiero estar con nadie más que contigo - dije apoyando mi cabeza sobre su hombro.
ESTÁS LEYENDO
Lo más inesperado
LosoweEl camino es una sorpresa, el destino nos depara una nueva aventura a diario y jamás sabremos que es lo que el futuro nos prepara pero por eso hay que estar preparado para cualquier sorpresa...
