Cap. 30 - Los recuerdos -

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          Thomas Jefferson:

           No, mi conciencia no está tranquila. Rumbo a la fotocopiadora, la cobradora y torturadora consciencia me atacaba.

            Me resulta doloroso que ésta este echándome culpa, no sé si esté libre de ella pero déjame en paz subconsciente.

           Es como en esos momentos que quieres pensar en otra cosa para no recordar tus pecados, para no aceptar que cargas la culpa. Intentaba mirar la vereda en fijo, concentrarme solo en esl y no llevarme a nadie por delante, pero no podía.

             El aire primaveral era ideal para un día de picnic y que pienso en picnic sino tengo a nadie con quién compartirlo. Me pareció que todo en lo que pensaba desembocaba en aquella cama con Windy sobre ella.

            Noté que estaba caminando encorvado, decaído, que los párpados estaban semicerrados, que mis manos eran torpes y que mi espléndida sonrisa estaba apagada.

           Seguía caminando con esa desfachatez, hasta llegar a la fotocopiadora donde había dejado un copia de aquel pedido de transplante para salvar la vida de mi alma, de mi princesa Windy.

             Max aún no sabe de la enfermedad de Windy. He intentado contactarme con él, tal vez él sea de su mismo grupo sanguíneo y quiera donarle un pulmón.

           Esta de vacaciones con su padre y su hermano más pequeño. En cuanto a los amigos de Windy, Emily y Sam, me contacte con ellos a penas internaron a Win. Me pidieron que los mantuviese al tanto y cuando acaben el colegio vendrían de inmediato.

          Un agosto particular...

        - Buenos días Señor - dijo el chico de la fotocopiadora.

        - Ojalá fuesen buenos - dije en un murmullo - Vengo a buscar unas fotocopias que encargué que sacasen -

        - Claro, ¿Las de búsqueda de trasplante? - dijo el hombre incursionando entre la montaña de papeles.

         - Si, lamentablemente si - dije bajando la vista.

        El hombre me alcanzó las hojas.

         - Son noventa pesos - dijo el hombre.

         Le alcance los billetes y tome las hojas.

          - Ojalá lo encuentren rápido - dijo recibiendo los billetes.

         - Gracias - me voltee y salí del negocio.

          Llevaba cinta en mi bolsillo, comencé a distribuir los folletos por la calle, a los que pasaban, a los que esperaban el colectivo, luego los pegue en los comercios más visitados, en los postes de la luz y hasta en los árboles.

            Cómo aún me sobraban folletos y no había por dónde más pegarlos se los entregué a más gente. Veía como más de uno incluso sin leerlo, los arrojaban a la basura, otros los rompían y los tiraban a la vía pública y hasta otros ni siquiera me los recibía.

            ¿Esta es nuestra sociedad? ¿Ese es el respeto? ¿Esto es a lo que nosotros llamamos "humanidad"?

              Si cada persona fuese un poco más "persona", más "humana" y más respetuoso por el prógimo, sería diferente vivir.

             Jamás pensé que podrían ser tan desconsiderados. Una donación salva la vida de una persona, puede vivir más tiempo, salva sus sueños, salva el brillo de sus ojos, las esperanzas, salva no solo el alma de la persona enferma sino de todos sus familiares y amigos. Porque una persona que fallece, jamás pasa desapercibido. Le hace salir las lágrimas por lo menos a uno.

         Sé el millón de personas que necesitan un donante de algún órgano para salvar su vida. Sucedió con Paulina, los donantes son escasos.

       Pero, ¿Saben por qué?  Porque todos estamos condenados a vivir en una sociedad de ignorantes, egocéntricos e insulsos.

        Ahora en esta situación, comprendo que vivimos en una sociedad plagada de idiotas. Donde el amor, el respeto, el interés por el otro, el afecto, la humildad, la solidaridad e incluso el buen acto de donar órganos se ha perdido.

 
      Si tan solo supieran lo importante que es... Pero claro no lo entienden.

          Me compre una bebida fresca en un quiosco cercano a dónde estaba entregando los folletos.

         Le pregunté a la señora si le interesaba leer un folleto para la donación de un pulmón a una joven .

          - Claro, donar es dar vida. Déjame ver joven - dijo extendiendo su brazo.

         Le pase una copia y a la mujer, a medida que leía, se le llenaban los ojos de lágrimas.

          - Muchacho, lo siento mucho - dijo quitándose las lágrimas que habían comenzado a humedecer sus mejillas.

         Me paso la bebida.

          - ¿ Cuánto es? - dije sacando la billetera de mi bolsillo.

            - Es un regalo, muchacho - dijo la mujer afectada por el folleto - Suerte -

           Le di las gracias y me fui al hospital. Mi linda Windy debe de haber despertado.

                           ********

        Entré a la sala, estaba con los ojos abiertos.

       - Windy, cariño - dije sonriendo.

       Ella no podía hablar, pero si me escuchaba.

       Me arrodille a la derecha de la cama y la tomé de su brazos procurando de no quitar la manguera por donde pasaba el suero.
    
           - Debes de estar derrotada Princesa. Pero vas a salir de estas como saliste de todas. Vengo de pegar unos folletos para pedir un transplante de pulmón para ti. Creo que funcionará, empapele toda la ciudad. Me gustaría tanto que estuviésemos frente al mar, como hacíamos siempre. Pero a penas salgas de aquí iremos al mar, iremos al cine, iremos a recorrer el mundo y te prometo que jamás me separaré de ti. Escribiremos un libro juntos, estudiaremos en la misma facultad y todo irá bien. Solo debes ser fuerte, aguarda y verás que alguien vendrá para donarte un pulmón.
             Yo quería decirte, que lo pensé mientras vos estabas dormida, que te amo. Que no hay nada que modifique lo que siento por ti, que nada nos puede separar, que el amor todo lo puede, que jamás imagine que podría querer tanto a alguien, jamás pensé que podría volverme tan loca por alguien y si, me equivoqué montones de veces pero jamás podría dejar de amarte.  -

      Se lo dije todo, me sentía más aliviado. Los ojos de Windy comenzaron a desprender lágrimas y mostrar como se vio conmovida por lo que dije.

       - Eres y siempre serás las esperanzas de mi vida, mi sonrisa, mis días bonitos, mis palabras amorosas, mis ojos, mi luz, mi sol, mi cielo, mi otra mitad, mi complemento, mi hermana, mi compañera, mi princesa, mi pequeña idiota... No puedo dejar implorarle a Dios que te deje aqui conmigo por siempre. Vas a ver, conseguirás un donante. Saldrás de esta, mi pequeña idiota - dije acariciando su cabello

        Por dentro me destrozaba saber que sino ha de conseguir un donante sólo podré decirle estás palabras frente a su tumba.

        Tome un poco de mi bebida y me calmé. Estaba totalmente acelerado.

     

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