Cap 29 - Carta 2 -

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        Carta de Thomas Jefferson:

      " Windy, mi dulce amada. Ahora estoy escribiendo bajo la luz de los pasillos de este hospital, en una silla de plástico azul resistente pero demasiado duro, viendo pasar gente fatigada de sueño, dolor y cansancio, enfermero, médicos, familiares llorando en las puertas de las salas, de vez en cuando veo una que otra camilla vacía y otras veces con un cuerpo cubierto completamente por la sábana blanca para ser llevado a su entierro.

         De veras es difícil estar aquí, para ti también lo ha de ser. Yo no puedo dejar de escribir, con las esperanzas que tiene un niño de que le compren caramelos, pero yo estoy aquí con esas mismas esperanzas de que tú te mejores y consigas un transplante rápido antes de que tu cuadro de salud empeore.

         Sé que hay personas que están sufriendo más que yo, sé que hay casos peores o personas aún más destruidas que yo, pero lo que siento no disminuye. Dime si después de todo lo que he pasado desde la muerte de Paulina, la soledad de mi apartamento, las noche llorando con su foto en la mano, el sufrimiento que me causo el amor y las fiestas de Navidad en soledad.

        Estoy abatido cariño, perdón si no puedo hacer nada por ti. Realicé folletos contando tu historia, los mandé a imprimir para luego ir a pegarlos por las calles pidiendo un donante de pulmón que sea de tu mismo tipo de sangre.

           Esto lo viví ya, ahora entro a tu habitación y no solo te veo a vos ahí sino que también imagino a mi pequeña hermana que estuvo en la misma situación que estás padeciendo tú y que yo desde el otro lado solo podía hacer pedidos de donantes.

         Nadie que jamás haiga sentido esto que yo siento, el de perder una vez más a una persona importante de mi vida, nadie en esta situación entiende la importancia de ser donante.

          Donar salva vidas, puedes salvar la vida de una joven que tiene toda la vida por delante, que está llena de luz, llena de ganas, que está repleta de amor y que desborda talento.

           Aún no es tarde me han dicho los médicos. Las esperanzas están encendidas, las posibilidades de que salves tu vida son varias aún. Es todo lo contrario a lo que me dijieron cuando trajimos a la pequeña Paulina aquí, me fueron sinceros al decirme que el transplante era urgente, que su vida corria demasiado peligro y yo si por concluido que si de salvarse sería un milagro. Ese día recuerdo a la perfección... Estaba en este mismo pasillo, sentado en estas mismas sillas y con un rosario entre mis manos. Ese día... Le encomendé a Dios que protegiera de Paulina, que si era momento de llevársela que la cuidara mucho porque ella era la otra parte de mi alma.

        Luego de rezar, entre a la habitación y la tomé de la mano. Estaba despierta pero demasiado agitada. El aire del respirador no era suficiente, yo me desesperé pero entendí que era momento de que dejara de sufrir mi pequeña guerrera.

         Con sus últimas fuerzas, con lo poco que le quedaba de aire me sonrió y dijo.

         - Te quiero pequeño idiota -

         Fue suficiente para que cerrara sus ojos y se fuera con esa hermosa sonrisa que la caracterizaba

         Rompi en llantos, mire al cielo y me aferre a su mano hasta que se la llevaron.

       No pude ir a su entierro, era mucho. Solo corrí y me fui, me perdi.

       Me fui a la playa a llorar la ausencia y el vacío que había dejado en mi alma mi pequeña idiota.

         Ahora Windy, es momento de dejarte un ratito sola, no lo notarás porque sigues dotada con esa morfina que tienes en tu cuerpo para calmar esa agonía que intenta quitarte la vida. Podrás derrotarla mi guerrera.

         Voy a ir en busca de los folletos para encontrar un donante lo más rápido posible, te amo no lo olvides. "

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