Era un moderno apartamento perfectamente ordenado y arreglado. Thomas había estado en cada pequeño detalle, en cada rincón había un toque masculino muy particular, el de Thomas.
Al entrar me encontré con unos sillones negros y un gran televisor frente a éstos. Detrás de este living había un desayunador y una pequeña cocina con una heladera repleta de imanes y papeles importantes.
Luego habían dos puertas una del baño y otra del cuarto.
- ¿Esta es tu casa? - pregunté dudosa.
- Mis padres acostumbran visitarme muy de vez en cuando. Me envian dinero por encomiendas porque viven en otra ciudad - me explico. - Vivo prácticamente solo -
- Wow, vaya departamento - dije mirando en todas las direcciones - es un lujo -
- Lo es - dijo él.
Era muy hermoso, él y el departamento.
Había una fotografía de él en un cuadro con una jovencita muy atractiva con sus mismos ojos verdes y cabello castaño claro.
- ¿Quién es ella? -
- Ella es... - hizo una pausa y tragó saliva - es Paulina - dijo bajando la vista.
- ¿Qué relación tiene contigo? -
- Ella es... Mejor dicho era mi hermana -
- ¿Murió? -
- Si, tenía cáncer. Su cáncer de pulmón fue muy difícil. Cuando descubrimos que lo tenía ya era demasiado tarde, el tumor estaba muy avanzado. No lograron salvarla - dijo Thomas dejándose caer al sillón.
Se secaba las lágrimas y ocultaba que estaba llorando.
Me senté a su lado
- No quiere verte triste ella, ella quiere verte salir adelante -
- Desde su muerte yo comencé a escribir, las personas dolidas son las que mejor se expresan - dijo él dejando de llorar y ya pudo mirarme a los ojos - ¿Sabes pequeña? Hubiera preferido jamás descubrir mi talento escribiendo y que ella estuviera aquí a que ella esté en el cielo y yo aquí escribiendo su ausencia -
Se rompió en llantos una vez más.
- Tranquilo - dije acariciando su cabeza.
- Y ya he descubierto que es lo que me atrajo de ti pequeña idiota -
- ¿Qué es? - dije con una sonrisa.
- Que cada vez que miro a tus ojos veo el reflejo de mi hermana, que con el último suspiro me dijo: Pequeño idiota te quiero -
- ¿Por eso me llamas así? - dije
- Si, cada vez que me dices así, es como si volviera a decírmelo Paulina - sonrió.
Sus ojos vidriosos por las lágrimas se iban reconfortando.
- Tal vez no esté Paulina, pero debes saber que es importante que tú estés bien - dije levantando su rostro - Jamás bajes la cabeza porque ella te quiere con la cabeza en alto y no derrotado - sonrió.
Me dio un abrazo fuerte y me sonrió luego de éste.
- Era un hermosa chica - dije volviendo a mirar la foto.
- Era tan hermosa como el hermano - dijo él bromista.
- Ese es el pequeño idiota que conocí - dije riendo.
Se levantó y se dirigió a la heladera.
- Delivery ¿De qué pedimos? - dijo mirando los millones de imanes con números de Deliverys adheridos a la heladera.
- ¿Hamburguesas? -
- Claro, tú escoges - dijo tomando su teléfono para pedir las hamburguesas.
Mientras hablaba con el chico, yo quería conocer un poco más de Thomas.
En su cuarto me encontré con una cama toda alborotada, las sábanas por el suelo, la almohada contra la ventana. Había una estantería repleta de libros y un pequeño escritorio llena de desordenadas hojas, apuntes, marcadores y demás. El armario con ropa ni me atreví a abrirlo.
- Es un desorden - dijo él a mis espaldas
- Tranquilo yo lo arreglo - dije.
En un abrir y cerrar de ojos acabe dejando todo en su perfecto lugar, parecía otra habitación.
- Wow, eres una genia - dijo él desde la puerta.
- Solo es cuestión de minutos - dije.
En su pared había una gran foto de toda su familia (incluyendo su hermana) y él.
- ¿ Esos son tus padres ? - pregunté mirando la foto.
-Si, estábamos todos juntos en ese tiempo-
- Que difícil ha de ser ¿No? -
- Más de lo que crees. Tengo más motivos de los que crees para refugiarme en la escritura -
- Lo entiendo - dije - jamás entendí tanto a alguien como te entiendo a tí -
Nos quedamos mirándonos a los ojos con una sonrisa en el rostro imborrable.
Fuimos interrumpidos por el ruido del timbre.
Era el chico del Delivery
Dejó el pedido y se fue.
- Has visto que bello era el chico del Delivery - le dije a Thomas bromeando.
- ¿Más que yo? No lo creo - dijo él siguiendo la broma.
- Ah que egocéntrico resultó ser el pequeño idiota - dije riendo.
Me tiró bruscamente al sillón y comenzó la guerra de cosquillas, las risas eran cada vez más fuertes pero las cosquillas ya no eran suficientes, comenzamos con los almohadones.
Era muy divertido jugar con él, más si esos juegos dejaban a la vista su bonita sonrisa.
- Detente ya idiota - le dije.
- ¿Comemos? - dijo él ordenando los almohadones.
Asistí con la cabeza.
La cena fue en silencio, había hambre en ambos estómagos.
La muñeca dejo de dolerme antes de que llegara a casa de Thomas, al parecer había sido solo el impacto del golpe lo que generó dolor, pero éste ya había desaparecido.
Las hamburguesas eran deliciosas, estaban bien condimentadas y muy completas. De postre Thomas había encargado helado, me había prometido que veríamos una película, pero de seguro me dormiré apenas comience ésta.
Las películas nunca fueron mi mejor compañía, me aburrían y me daban sueño. Prefería un buen libro, que te mantiene atento y al asecho ante cualquier hecho sorprendente.
- Dormiré en el sofá - dijo él para dejarme la cama libre para mi
- No seas idiota, yo dormiré en el sofá - dije riendo.
Me recosté en aquel confortable sofá a esperar el helado. Me quede profundamente dormida.
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Lo más inesperado
AléatoireEl camino es una sorpresa, el destino nos depara una nueva aventura a diario y jamás sabremos que es lo que el futuro nos prepara pero por eso hay que estar preparado para cualquier sorpresa...
