CAPITULO VEINTISÉIS

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- ¿De qué demonios me estás hablando? – le grite, exasperada, ella simplemente comenzó a reírse a carcajadas dándome a entender que era una estúpida, observe como se carcajeaba en mi cara.

- Deja de reírte maldita loca, quiero hablar contigo, no ser tu burla – le dije mientras me acercaba amenazadoramente a ella, era tanta mi furia y mi adrenalina que olvidé por completo que estaba en estado de gravidez. – No estoy bromeando te dije que dejes de burlarte de mí, maldita y no somos hermanas – le reitere mientras la tomaba violentamente de la mano, ella sin dejar de reírse se zafo en seguida de mi agarre.

- Querida, hermanita, yo que tú le peguntaba a tus queridos padres sobre tu verdadero origen, y la relación que tiene con el mío – me dijo burlándose de mí, algo que siempre me incomodo de sobremanera es que al tenerla tan cerca y confrontar nuestras miradas me da una sensación terrible de vértigo y mareo tan horrible que pareciera que me veo a mi misma, cuando la conocí lo primero que pensé fue, "Vaya, tenemos el mismo color de ojos" cosa muy poco común ya que este color de ojos solo lo tenía yo en mi familia, más aun en este tono.

- ¿De qué me estás hablando? – reitere con fingida calma.

- ¿Te has preguntado por que tu adorado padre me odio de un día para otro, cuando besaba el piso por donde yo caminaba? ¿Te has cuestionado porque tus padres aceptaron vivir en común acuerdo con sus amantes de manera tan sencilla? ¿Has indagado, aunque sea un poco porque tu padre ama, pero odia tanto el recuerdo de tu abuela? ¿Por qué si ya no se amaban tus padres siguen juntos, será que nunca se amaron, pero tuvieron que permanecer juntos por algún motivo? Anda hermanita, contéstame – me insistió no sé qué me movió más, el hecho de que me hiciera cuestionarme todo eso de golpe o el que insistiera en llamarme hermana.

- ¿Por qué me sigues llamando "hermanita"? – le grite.

- Suma dos más dos – me contesto burlonamente.

- Si sumo dos más dos como dices, voy a vomitar – no soy tonta, pero me niego a creer tal atrocidad.

- Toda inversión merece un sacrificio, más aún cuando se trata de descubrir una verdad, querida. Yo que tu averiguaba muchas cosas, ahora muévete, que mi hijo aclama un merecido descaso – me quede petrificada no tenía la capacidad de hablar de manera correcta millones de pensamientos llegaron a mí cabeza en menos de un segundo tantos que dejaron de tener lógica. Me empujo, y se marchó yo me quede simplemente petrificada en mi lugar, me quede ahí tal vez por unos cuantos segundos, minutos tal vez ¿horas?

- ¿Honoka estas bien? – mire hacia enfrente para ver a Umi y Kotori a mi lado, eran las únicas que sabían que iba a venir a conseguir un acuerdo con ella, insistieron en acompañarme, acepte a regañadientes pero con la condición de que me dejaran confrontarla sola.

- Voy a vomitar – fue lo único que alcance a decir antes de dejar echo un desastre el ascensor donde seguramente había paseado ya una infinidad de ocasiones, entre las dos me sostuvieron. Me deje guiar hasta que llegamos a su departamento la verdad es que pese a nuestra reconciliación nunca había venido acá.

Estuve en el baño como una hora vomitando, aunque mi estómago permanecía vacío desde hace un buen rato, no podía controlar las náuseas era como si todo mi sistema rechazara lo que estaba pasando a mi alrededor, me daba vuelta todo, me lave la boca, cambie mi ropa sucia por la que amablemente me prestaron, la puse a lavar junto con la de ellas y me anime a salir del baño apenas sosteniéndome de las cosas a mi alrededor.

- Honoka, siéntate por favor – mire de reojo apenas a Kotori quien me guio a la sala, antes de sentarme sentí las fuertes pero cálidas manos de mi novio me tomo delicadamente de la cintura y me sentó a su lado, yo solo lo abrace e intente que todo me dejara de dar vueltas.

Love Live School Idol Project: Un aplauso para el amorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora