Dos gallos reñían para decidir quién mandaba en el gallinero.
Al fin uno salió vencedor y, presuntuoso, se subió a una pared poniéndose a cantar tan fuerte como pudo mientras el vencido se escondía.
Al verlo allí encaramado, un águila que sobrevolaba el corral lo atrapó entre sus garras.
Desde entonces, el gallo perdedor quedó como rey del gallinero.
★★★★★★
Moraleja: Si haces alarde de tus éxitos, puede aparecer quien te los arrebate
