Habían pasado cuatro días desde que escuché la rara conversación entre Doyoung y su madre.
No los había vuelto a ver por al menos tres días, hasta que la pequeña de los hermanos llegó en la tarde y dijo que estar en casa era aburrido sin mí allí. Entonces volví al ruedo, conviviendo con los Na como si jamás hubiese escuchado esa conversación.
Fue inesperado el que me llegara un mensaje de Doyoung 3:07 am. Él había estado actuando extraño últimamente, fuera de casa la mayoría del tiempo y poco hablador cuando nos encontrábamos en medio del pasillo. Sin embargo, algunas veces, se quedaba cerca de Jaemin, observándole a él y por consiguiente a mí también.
No debía de ser entretenido. La mayoría del tiempo nos encontrábamos en absoluto silencio, manteníamos un acuerdo mutuo que solo los dos podíamos entender: Yo no interrumpía su lectura y, a cambio, Jaemin permitía que me quedase a su lado. No existía la incomodidad y, pensándolo bien, no era algo de ahora, sino que desde el principio la poca comunicación entre nosotros jamás me resultó desagradable.
Me coloqué la sudadera con capucha y bajé los escalones, intentando que el chirrido de la madera no me delatase. Tenía que tener especial cuidado al pasar por el living, ya que ese era ahora el refugio de mi madre. Bebía, comía y dormía en el sofá blanco al que tanto había cuidado. Me revolvió las tripas verla abrazar su botella de vino como si fuese un oso de peluche.
El día había estado lluvioso por lo que el frío acompañaba a la noche. Doyoung me estaba esperando en la vereda con los manos en sus bolsillos y un constante golpear de su pie izquierdo contra el pavimento.
–Lee Jeno, pensé que cumpliría ochenta años esperándote. –dijo, burlándose con simpatía. Rodó mis hombros con su brazo y comenzamos a caminar calle abajo–. ¿Interrumpí algo?
–Bueno, suponiendo que tengo entrenamiento dentro de cuatro horas, mmh, supongo que solo interrumpiste mi sueño.
–Ah, así que eres un pequeño sarcástico cuando tienes sueño.
Nos detuvimos frente a una tienda de conveniencia abierta las veinticuatro horas, cuando lo vi salir llevaba una lata de cerveza y un juego de naranja entre sus manos. Me ofreció este último, para luego sentarse en una de las mesas de la tienda y señalar la silla sobrante.
Mientras hacía fuerza para meter el sorbete dentro del maldito jugo sin echarlo todo a perder, Doyoung golpeó la lata e interrumpió mi concentración.
Hubo algo raro en su expresión, se desinfló cuando hizo la pregunta que parecía haber retenido por toda la semana en que apenas nos dirigimos la palabra.
—¿Consideras a Jaemin un amigo?
Ni siquiera me estaba mirando cuando lo preguntó, su vista estaba perdida en algún lado de la calle y la verdad es que me tomó por sorpresa.
–Sip–lo dije sin dudar.
En realidad, no creía que existiese otra respuesta. Tenía otros amigos, no era precisamente alguien sociable por naturaleza, pero me las arreglaba. Sin embargo, Jaemin se había conseguido un lugar especial. No pensaba en ir hacia nadie más cada vez que las cosas se ponían difíciles, o cuando algo iba tan bien que necesitaba compartirlo. Jaemin no era el chico más demostrativo que había conocido, en cambio, pocas veces me tocaba por voluntad propia. Pero era él, y eso lo hacía increíble.
Doyoung se dio cuenta de que no entendía el rumbo de su pregunta, porque enseguida se aclaró la garganta e intentó explicármelo.
–Solo, solo quería saber si podías hacerme una promesa.
Sorbí un gran trago del jugo.
–Supongo que puedo hacerlo.
Él sonrió, pero la sonrisa no llegó a sus ojos, estos eran deprimentes.
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Mermar - Nomin
FanfictionTenía 14 cuando su familia se mudó a la casa de al lado. Tenía 15 cuando vi a mi padre besarse con otro hombre. Tenía 16 cuando comencé a sentir odio. Tenía 17 cuando lo bese. PORTADA creada por la hermosa y talentosa @Kunhangucci a quien amo y admi...
