Te habías puesto a pensar que hay distintas formas de mirar a una persona. Por ejemplo, nunca le había mantenido la mirada a mi madre, siempre que lo hacía ella parecía lanzarme pequeños cuchillos de escarcha, en cambio, a papá le lanzaba cuchillos de esos que usan los carniceros y siempre están afilados, dispuestos a cortar cabezas.
Eso es lo que pasa por mi mente ahora que estoy en silencio, sentado en una habitación con dos camas individuales, observando al tranquilo chico que tengo en frente, el cual no ha movido su mirada del piso de madera. Sé que lo miro de manera extraña, como si fuera algún espécimen salido del área 51.
Él solo está allí y su presencia es tan sutil e inadvertida que a veces tengo miedo de estarlo imaginando, pero luego veo la forma en que su propia familia lo mira y sé que no es ningún producto de mi imaginación. Doyoung lo ve con lástima, su madre con resignación y adoración, su hermanita ni siquiera parece mirarlo, y luego está la única mirada que me resulta pura, sincera, agradable; es la de su padre.
Cuando su papá lo mira existe un pequeño brillo, parece estar viendo a un cachorro hacer un truco. El hombre no es más que simpático y por si fuera poco es al único al cual el chico le regresa la mirada.
En el fondo me estoy preguntando de qué forma me verá mí.
Pero él no se ha fijado en mí, ni una sola vez.
Las voces que llegan desde la sala de estar discuten sobre la cena de esta noche. A decir verdad, el ruido me parece refrescante, en casa las cenas son bastantes parecidas a una escena de esas películas dramáticas donde nadie puede soportar la presencia del otro. Jaemin no debe pensar lo mismo, luce aburrido de estar aquí, dedicándose exclusivamente a pasar la mano por la colcha a cuadros.
Cuando su madre nos dijo con una pequeña sonrisa que compartiríamos cuarto creí que por fin descubriría algo sobre Na Jaemin, pero no puedo hacerlo. Porque soy tonto y tímido y él debe detestarme.
–Iré abajo –digo, pateando la maleta debajo de la cama–, ¿quieres ir conmigo?
Oh, eso fue vergonzoso, él tiene los auriculares puestos y sus ojos cerrados.
Me levanto con las mejillas sonrojadas y le doy una última mirada antes de dirigirme a la puerta, pero no alcanzo a dar ni tres pasos cuando siento un agarre en mi camiseta, al mirar sobre mi hombro noto la cima de su cabeza. Sus ojos no se han despegado del suelo.
Trago pesado, sin saber muy bien qué hacer a continuación.
Pero él jala con más fuerza de mi ropa y torpemente comienzo a caminar.
Lo primero que veo es a Doyoung discutiendo con su padre acerca de si deberían hacer la barbacoa ahora o mañana. Después está Yuri jugando con sus muñecas sobre una manta de color azul.
Jihyo aparece por el marco de la cocina, su sonrisa se acentúa al verme, pero luego flaquea cuando se percata del menudo cuerpo tras de mí.
–Chicos, iba a llamarlos para comer.
–¡Jeno, tendremos que ir a por leña! – interrumpe Doyoung. Su madre le frunce el ceño, pero él está demasiado distraído para darse cuenta. –Al parecer papá no puede esperar hasta mañana.
Y con esa declaración toma su chaqueta y sale azotando la puerta. El señor Na me da una mueca resignada y una disculpa silenciosa.
Cuando me muevo para enfrentarme al frío de la noche, aun siento el agarre de Jaemin en el borde de mi ropa. No me molesta, pero noto sus nudillos tornarse rosados y su nariz humedecerse a medida que nos internamos en el bosque siguiendo a su hermano mayor.
– Jaemin, ve dentro. – Dice Doyoung, su voz suena cálida y a la vez autoritaria.
En cuanto él me suelta, creo que podría estirar mis dedos y sujetar su mano. Algo estúpido de hacer, dudo que él quiera sostener mi mano. Sin embargo, se queda cerca de mí, apretándose los dedos y presionando la tierra con sus pies.
Un chico de quince años no debería lucir tan ajeno al mundo. No es que sea malo, solo... distinto.
Doyoung rueda los ojos.
–Bien, haz lo que quieras, pequeño revoltoso.
Y con eso los tres nos ponemos en marcha. Doyoung va adelante, diciendo cosas sobre la universidad a la que irá el próximo año y lo mucho que espera no dejar de ver a sus amigos una vez comiencen los cursos. No puedo concentrarme del todo, sigo viendo hacia atrás, al muchacho que desenreda cada poco tiempo el cordón de sus auriculares.
–Mañana iremos al lago y luego al pueblo de por aquí, todos los años hacen algo como una pequeña reunión en la playa– Doyoung se detiene, dejando que le alcance para poder susurrar en mi oído. –Las chicas siempre son lindas.
El tono de su voz me hace soltar una pequeña risa mientras recojo ramas para el fuego.
–Eso es genial, en realidad sería mi primera fiesta.
Se ríe a mi costa, guiñándome con diversión.
–Lo sé. Eres joven, pero ya es hora de que empieces a divertirte.
–No lo sé, una vez le robé un trago de vodka a papá y fue un asco. –El simple recuerdo trae consigo el fantasma de una arcada–. Definitivamente no me gusta el alcohol.
–A muchos no les gusta, es... como decirlo... costumbre.
Y antes que pueda poner en duda sus palabras, el móvil en su bolsillo comienza a sonar. El nombre en la pantalla debe ser importante porque una mueca amistosa se forma en su rosto, luego me hace una seña como si le estuviesen por cortar el cuello.
–Jaehyun, no. Si, lo entiendo. ¡Tonto, déjame hablar! –Sus hombros se ponen tensos y la mueca se acentúa–. Espera, no tengo señal... Ahg, eres insoportable.
Parece olvidarse de que está dejando a dos menores en el bosque al anochecer, pero cuando frena y voltea, sus ojos van de Jaemin hacía mí. –Jeno estas a cargo, volveré en cuanto encuentre señal.
Miro de reojo a Jaemin, quien se ha puesto a observar un camino de hormigas que pasa por entre sus pies. Pero levanta la vista en cuanto su hermano mayor comienza a ir rumbo a la casa.
-Puedes ir con él si quieres, sé cómo volver, estaré bien -le digo, fingiendo ser valiente.
Lo cierto es que podría mearme en los pantalones porque El proyecto de la Bruja de Blair me traumó de por vida.
Jaemin duda, sus labios agrietados se abren y se cierran. Sin embargo, se queda allí hasta que ya no podemos oír nada más que nuestras propias respiraciones junto al murmullo del bosque.
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Mermar - Nomin
FanfictionTenía 14 cuando su familia se mudó a la casa de al lado. Tenía 15 cuando vi a mi padre besarse con otro hombre. Tenía 16 cuando comencé a sentir odio. Tenía 17 cuando lo bese. PORTADA creada por la hermosa y talentosa @Kunhangucci a quien amo y admi...
