"No me persigas si no estás listo para atraparme."
- Calliope Iphegenia Torres.
Lento, Becka, despacio...
Cerré los ojos rezando en mi interior, mientras abría la puerta de mi casa.
Mi madre... bueno, ella en realidad enloquecería si supiera que dormí en la casa de un hombre durante toda la noche. Por alguna razón, no me tenía confianza en ese aspecto; mi madre perdió la virginidad con un hombre que había creído ser su amor, él le rompió el corazón y mi madre empezó a acostarse con todo el mundo de su universidad; hasta que encontró a mi padre y se enamoró, y pues... aquí me ven, ¿No?. Mis padres habían pensado en tener hijos desde el día que se casaron, pero, para ser honesta, yo no había sido "planeada" por eso fui una gran sorpresa para mis padres cuando se enteraron que mi madre estaba embarazada. Con el tiempo nació mi hermana y nos volvimos una familia.
Obviamente, no me entere de eso por mi mamá, fue mi abuela la que me lo contó; cuando estas usando morfina en gran cantidad no eres muy consciente de lo que hablas ni de lo que cuentas.
Listo. Logré abrir la puerta sin despertar a nadie.
Sonreí por mis adentros mientras daba un paso, claro que mi felicidad no duró por mucho tiempo.
-¡Rebecka Rosewood Klaus!
Focas.
Abrí los ojos y vi a mi madre con una taza de café en sus manos mientras caminaba hacia mí. Si pudiera describir su cara, diría que parecía el diablo en persona.
-Ma, yo puedo-
No terminé la frase porque los ojos de mi madre recorrieron mi cuerpo.
La camiseta de Nate.
Doble focas.
-¡Becka! – mi madre me gritó.
Sus ojos se abrieron y juro que podía ver todas las ideas que corrían por su mente. Su compostura se tensó y abrió la boca.
-Madre, no hice nada.
Mi madre se cruzó de brazos y negó con la cabeza. ¿Por qué no me creía? O sea, siempre había sido la hija perfecta para ella, corrección, siempre me había tocado ser la hija perfecta.
-¿Qué hice mal, Becka?
Eso no me puso de malas.
-¿Perdón? – dije sin creerlo – no hice nada mal, mamá, solo fui a la casa de-
-Cállate, Becka – dijo mi madre con una risa, con ninguna pizca de gracia. No podía creerlo, ¿era ella mi madre? – no quiero saber que barbaridades hizo mi hija.
Abrí mis ojos grandes para mirarla. Estaba impecable: su ropa no tenía ningún arruga, su maquillaje perfectamente hecho... ¿Qué paso con mi madre de antes?
-Madre – dije con paciencia – no quiero empezar una pelea.
Mi madre se cruzó de brazos – no es una pelea, es una enseñanza – rodeé los ojos - ¡no puedes acostarte con cualquiera, Becka! – de repente se enfureció.
No sabía en que punto estábamos.
Becka, cálmate.
Mi conciencia tenía razón, no debía porque empezar a gritar con mi madre, ella era demasiado temperamental en comparación mía.
-Solo... - empecé a decir.
-Obviamente aprendiste eso de tus amigos esos de Chicago.
Uy, golpe bajo.
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¿Coincidencia?
Genç KurguLa mayoría de las personas creerían que una mudanza sería el escape a todos sus problemas, ¿no? Pero, para mí, no. Tuve que dejar a mis amigos, mi familia, mi vida -mejor dicho todo - para mudarme a San Diego. Por lo menos pensé que tendría un buen...
