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Obsidiana, 1835

La noche caía, y él nada que llegaba, lo espeso de la noche como única compañía empezaba a perturbar a lady Anastasia, estaba destruyendo sus nervios. ¿Le habrá pasado algo? Se preguntó ella. Rogó a Dios que no fuera así, pero a cada minuto que pasaba la espera se hacía insostenible. La semilla que algo malo estaba por pasar se implantaba rápidamente en su mente y corazón.

— ¿Por qué se tardará tanto? — le preguntó la joven con impaciencia al viento.

Si Daemon no se apresuraba, pronto su padre el marqués de Bainbridge los descubrirá. Sus planes para huir juntos se convertirán en un imposible; él jamás permitiría que lady Anastasia uniera su vida a un hombre que no perteneciera a su clase social. Aún menos, a alguno de aquellos denominados salvajes.

<<Confía en mí— le había dicho Daemon— pronto nos iremos de este pueblo maldito, y no habrá nadie que pueda separarnos, nos uniremos como uno>>. Ella sonrió ante ese recuerdo. Él jamás la plantaría; la fuerza que le proporcionaba vida a su amor era más grande que la extensión de firmamento.

El corazón de la dama se estrujaba sabiendo el daño que su partida le causaría a su padre, pero simplemente no podía casarse con aquel noble caballero. No cuando el corazón de Anastasia le ha pertenecido a Daemon, desde el primer momento en que lo vio en aquel oscuro bosque. Pero ya no se detendría, aun sabiendo el destino que les seguiría a sus hermanas. No conseguirían esposo; quién querría casarse con la hermana de una descarriada.

<<Que me perdone Dios por causarles tal desdicha—pensó>>. Pero ya nada la haría cambiar de opinión. Estaba cansada de vivir para agradar a los demás. Por una vez en su vida pelearía por su felicidad, por el hombre que amaba.

Una fuerte briza soplo, trayendo consigo un desgarrador grito, como el de un animal herido. Por reflejo, cubrió su helado cuerpo con la capa. Las heladas horas durante las cuales había estado aguardando en aquel claro, bajo el frondoso árbol empezaban a hacerse manifiestas.

—Solo espero que posea un gran motivo para explicar su tardanza —se dijo.

Un bramido se abrió paso entre los arbustos rompiendo la arrulló del viento, al tiempo que la luz y la oscuridad proyectaban una sombra que se abría paso hacia Anastasia, una fuerte punzada recorrió su espina dorsal, un gritó se coló a través de su seca garganta, pero halló una pronta muerte, cuando los rasgos del hombre fueron visibles, entonces pudo detallar al Catanys que salía de la penumbra.

Anastasia respiro tranquila por una vez desde que aquella eterna noche había dado inicio. Deseó no haberlo hecho, porque tal vez, de no haber sido así, no habría sentido aquel olor a cobre que rodeó el aire, lo conocía demasiado bien.

Dio un grito ahogado cuando la luz de la luna le permitió apreciar los rasgos del hombre sus ropas sus manos estaban cubiertos de espesa sangre.

— ¿Daemon, eres tú? —preguntó ella escuchó el incesante sonido de una percusión cuya melodía ascendía segundo tras segundo, la joven tardó en descubrir que eran los gritos de su corazón— ¿Qué ha ocurrido?

Daemon se encontraba estoico, su melena aleonada danzaba con el viento, su piel dorada como el maíz se convirtió en un tono acenizado sus párpados estaban dormido, sólo permitían ver un reflejo fugaz de los dos brillantes llamas, que hora proporcionaban una gélida mirada que perfectamente hacían competencia con el frío nocturno.

Anastasia intentó acercarse al hombre.

<<No>> declaró él, sus labios eran una lápida sellada, sin embargo, las profundas órbitas plateadas que le devolvían la mirada inmovilizaron el cuerpo de Anastasia gritando una y otra vez la mismas dos letras. La hizo sentir igual que en el primer encuentro, como si ella no valiera la pena el esfuerzo.

Anastasia #ZelAwards2019 #pgp2019Donde viven las historias. Descúbrelo ahora