Observé cómo Dylan se marchaba airado de allí y cerré la puerta amenazante. Me alegraba de que Waliyha no volviera a sufrir mas por ese imbécil. Ella ya lo había decidido, me dijo que iba a dejarle, y quizá me precipité haciéndolo yo esa noche, pero no podía seguir viendo a ese idiota.
Volví al salón y Safaa estaba dormida. La observé dulcemente suspirar mientras dormía y la cogí en brazos para llevarla a su cama. Me costó un poco llevarla, aunque era normal teniendo en cuenta que tenía once años, no seis.
En cuanto se durmió aparecieron por la puerta Waliyha, Trisha y Yaser. Al parecer, se habían encontrado en el camino. Las dos llevaban unas cuantas bolsas en cada mano. Se notaba que habían ido bien las compras. Me acerqué a ellas.
-¿Qué tal las compras? —pregunté casi susurrando para no despertar a la pequeña.
-Muy bien —me desveló Wal.
-Te hemos comprado algo —interrumpió su madre.
-¿A mi? —pregunté con las manos en mi pecho. — ¿Por qué?
-No hay ningún motivo — me dijo Waliyha sacando una caja envuelta con un papel estampado en flores.— Vamos, ábrelo.
La obedecí y rasgué el papel para dar lugar a una caja color madera. Los miré a los tres antes de abrirla. Dentro de ella se hallaba un vestido negro ceñido, con un tramo de espalda al descubierto y que llegaba a la altura de la rodilla. Me quedé con la boca abierta, esto debía de costar un dineral.
-Es precioso... —balbuceé. Tras mirarlo unas veces más aterricé en el mundo real.— Muchísimas gracias, pero no puedo quedármelo.
-Oh, ya lo creo que sí, bonita —dijo Trisha divertida.
-Acéptalo, Valeria —dijo Yaser. Todas nos giramos hacia él. Trisha le hizo una mueca a su hija de satisfacción tras su comentario. Apuesto a que no se esperaban que dijera algo apropiado para mi.
-Esta bien —respondí sonriente sin creer que ese atuendo era mío.
Continuaron la conversación durante unos minutos más.
-Bueno, voy a colocar la ropa —dijo Waliyha. Entonces recordé que debía contarle lo ocurrido con Dylan.
-Te acompaño —respondí subiendo las escaleras a su compás. Llegamos a la habitación y ella comenzó a abrir cajones y a sacar ropa de las bolsas.
-Wal —la llamé cariñosamente.— Tengo que contarte algo.
-¿Qué pasa? Me estás asustando —se sentó al borde de su cama, esperando una respuesta mía.
-Esta tarde ha venido Dylan —paré para que asimilara la frase y se imaginara lo que había pasado.— Y se lo he explicado todo.
-¿Que le has dicho? —preguntó con mirada triste.
-Que no tiene derecho a pegarte y que no vuelva a verte. Se que querrías haberlo echo tú pero no podía aguantarme.
-¿Y qué te ha dicho él? —preguntó con los ojos húmedos.
-Que me metiera en mis asuntos y que le dejara en paz, después lo he echado —me senté junto a ella.— Ha terminado Waliyha, no volverá.
Se derrumbó en mis brazos. Me sentí culpable de ello, no tendría que haberle dicho nada, otra cagada más, pensé.
-Lo siento, muchísimo —dije arrepentida.— perdona.
-No... —balbuceó.— Tarde o temprano lo iba a hacer yo —y siguió llorando a moco tendido.— Es que... —tomó aire para luego soltarlo y continuar.— Aún así le quiero, pero no era una relación sana.
-Olvídate de él, hay miles de chicos más —dije pensando en mis palabras. En su situación eso le daba igual, le gustaba Dylan. Pero era lo que tenía que hacer.— No podías dejar que te controlara así, que te pegara por cualquier enfado.
Ella asintió débilmente, pero siguió llorando. La entendía, tenía que desahogarse. La obligué a meterse en la cama, con las manos ocultando su cara. La tapé con la fina sábana y me tumbé en la cama de enfrente. Tras una hora llorando, se durmió, y junto a ella, yo.
• • •
-Son veinte con cincuenta, por favor —le informé a la chica que había tras el mostrador. Me tendió la mano con el dinero a la vez que yo le daba la bolsa con sus prendas.— Gracias, vuelva cuando quiera.
Hoy llevaba el trabajo con mejor humor, esta misma noche Zayn estaría aquí de vuelta. Tenía muchas ganas de verlo tras una semana. Al fin y al cabo, no había sido tan horrible como pensaba.
Llego la hora de comer un día más, resultaba extraño que Mike no viniera a proponerme otra comida, pero así era mucho mejor. No necesitaba más líos en mi vida.
Fui a un buffet cercano a la tienda y comí tranquilamente. Al cabo de una hora, volví a la tienda.
-Hola Sam —saludé a mi compañera. Ella me devolvió el saludo y enseguida aparecieron mas clientes a los que atender.
La tarde pasó rápida y no pude evitar pensar en Mike. No me imaginaba que pudiera verlo aquí, en Londres. Y desde que apareció, lo había complicado todo. No me gustaba Mike, no lo quería, pero no podía evitar sentir algo a lo que no podía darle un nombre, él era mi amor de instituto y había vuelto a mi vida. Y no contento con eso, me confesaba que le gustaba. Quería alejarme de él, y tenía miedo de que por trabajar en la tienda en la que es encargado, mis sentimientos cambiaran. Dicen que el roce hace el cariño.
Estaba segura que de quería a Zayn por encima de todas las cosas, y él no podría cambiarlo, pero su empeño por hacerlo era tan fuerte que no ayudaba. Si desde un principio hubiera aceptado que no lo quería, que estaba con Zayn, todo hubiera sido distinto.
Llegó la hora de volver a casa, así que Sam y yo contamos lo recaudado y lo apuntamos en una ficha que Mike nos obligaba a rellenar para asegurarse fe que no había robos. Las otras dependientas se habían marchado, y Sam y yo decidimos hacer lo mismo, pero cómo no, Mike apareció.
-Buenas noches chicas, ¿ha ido bien el día? —preguntó sonriente. Odiaba cuando sonreía así, se notaba que planeaba algo. Las dos asentimos.
-Valeria, quédate por favor, tengo que hablar contigo —me dijo. Yo, acostumbrada, volví a dejar mi bolso en el mostrador. Sam se marchó despidiéndose.
-¿Qué quieres? —pregunté pasota. Estaba cansada de sus juegos, quería irme a casa y estar con mi novio, joder.
-Saber qué hacías esta noche —se acercó hacia mí. Noté sus ojos revisándome de arriba a abajo.
-Irme a mi casa —dije seria, haciendo caso omiso de sus miradas.
-Pues ahora tienes un plan mejor —puso voz sensual a propósito. Acercó poco a poco sus labios a los míos. No lo iba a negar, una parte de mi deseaba besarle, pero no iba a hacerlo. Hasta que me besó él, presionando sus labios fuertemente contra los míos. Intentaba apartarme, pero era demasiado fuerte.
-Mike, ¡déjame! —alcé la voz, ya cabreada cuando lo aparté de mi unos segundos. Quería que se apartara de mi.— ¡para!
-Ha dicho que la dejes —una voz ronca y seria apareció en la sala, alarmándonos a los dos. Sentí que me moría cuando lo reconocí.
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Secuelas de suerte.
FanfictionDespués de todo lo que ha vivido Valeria, cree que su vida ha cambiado para siempre y no se le pasa por la cabeza volver a abandonar lo que le da la vida: Zayn. Pero a veces no todo sale como espera, ya que la suerte nunca ha estado de su lado.