CAPITULO 5
Oigo el grito de Mía por algo que le hacen los otros chicos, pero no puedo permitirme desconcentrarme, este tío sabe lo que se hace y confío que Mía, como buena boxeadora que es, consiga librarse de al menos uno de ellos.
Camino hacia atrás pensando en alguna táctica y escaneando al chico de arriba abajo. Es alto, con lo cual eso me da ventaja para atacarle por abajo, al bajar le he visto cojear así que decido centrar mi ataque en las piernas.
El chico con cabeza rapada se acerca a mí como un gigante a su presa y se lanza para darme un puñetazo, pero lo esquivo y aprovecho para clavarle el codo en la espalda. El grita, pero no soy consciente del aguante que tiene y en un intento por mirar hacia Mía me golpea en el pómulo y caigo al suelo.
Intento levantarme lo más rápido que puedo, pero me golpea en el estomago y eso hace que me contraiga y gruña de dolor.
-¡Ryan! – La voz angustiosa de Mía me da fuerzas para levantarme. No quiero que se preocupe por mí, quiero que se centre en esos dos cabezones que tienen por cerebro dos trozos de ositos de gominola.
Cuando ya esto en pie, me lanzo en su busca y le golpeo en la mandíbula ¡Dios que dolor! Le despisto al darle ese golpe y al intentar volver la mirada hacia mí, le doy una patada en su rodilla que le hace gritar de dolor y caer al suelo. ¡Bien, era la pierna correcta!
-¡Fraaank!
Grita el rapado desde el suelo retorciéndose de dolor. Uno de los cabeza gominola se acerca corriendo y deja a Mía con el otro que la sujeta por la cintura reteniéndole los brazos en la espalda.
-Mía, corre y vuelve al coche. – Le grito antes de lanzarme a por el tal Frank.
Este tío es un flojo, nada más mirarle lo noto. Parece un gallito pero con solo un puñetazo lo tiro al suelo. Veo la cara del chico que sujeta a Mía y por una milésima de segundo siento lastima por él, pero luego, por el rabillo del ojo vea a el cabeza rapada levantarse y me giro para encararle.
-¡Vas a morir esta noche chaval! – Grita corriendo hacia mí.
Lo ignoro y le golpeo varias veces, él consigue darme varios puñetazos y siento que mi labio está partido, noto el dolor, pero lo rechazo y tras darle una patada de nuevo en la rodilla que le hace perder la concentración, le empujo y tropezándose con la valla que separa la carretera de la cuesta que da al campo, cae y rueda por la cuesta hasta que el tronco de un árbol le frena. Oigo como gruñe de dolor. Bien, no está muerto y con eso me vale.
Me giro justo a tiempo de ver a Mía dándole un puñetazo al cabeza gominola que la sujetaba para soltarse.
Me acerco corriendo y termino su trabajo empujándole contra la camioneta en la que venían y dándole otro puñetazo que esta vez le deja inconsciente.
¡Ale, dos inconsciente y otro cojo cuesta abajo!
Escucho la costosa respiración de Mía a mi espalda y al girarme se me encoge el corazón.
La pobre chica esta en completo shock, tiene los ojos abiertos como platos y parece que le va a dar un ataque de pánico. Sus nudillos están algo rojos por el golpe que le ha dado al chico y parece dolerle, a mí también me duele, pero lo ignoro.
Rápidamente me acerco a ella y la abrazo hasta no dejar un solo centímetro de distancia entre nosotros.
-¿Estás bien? –Le pregunto pasándole la mano arriba y abajo por la espalda. No responde y sigue respirando con dificultad.
Me alejo lo suficiente para poder mirarla a los ojos y vuelvo a preguntarle:
-¿Ey Mía, te encuentras bien?
Le acaricio la cara con un mano y con la otra le coloco el pelo revuelto detrás de la oreja.
Esta vez me mira y tras varios segundos por fin asiente y vuelve a abrazarme. Yo la dejo hacer, no me gustan mucho las muestras de afecto, pero con ella, por alguna extraña razón no me molestan.
Vuelvo a acariciarle la espalda y esta vez le paso la mano por el pelo intentando que se tranquilice y parece que tras varios minutos funciona.
Se aleja rápidamente de mí noto que se está secando las lágrimas. Ha llorado.
-Lo siento, yo... No sé que me ha pasado. No me soltaba y no dejaba de susurrarme cosas al oído y yo... - No me mira, tiene sus ojos clavados en el suelo, al parecer avergonzada.
-Mía no tienes que explicarme nada. Está bien. – La agarro de las manos que no dejan de moverse mientras intenta explicarse.
-Esto es ridículo, soy boxeadora, ¿Por qué no he podido pegarle y ya está? – Me mira y sorbe por la nariz, un gesto que me parece muy tierno.
-Porque estabas nerviosa, porque te estaba sujetando con fuerza, porque eres persona y porque a veces pasa. Punto.
-No, a mí nunca me pasa.
-Mía, olvídalo ¿Vale? Le has dado un buen puñetazo del que seguramente se quejara cuando despierte así ahora lo mejor es salir de aquí cuanto antes. Vamos.
La insto a subir a la camioneta y me mira con el ceño fruncido.
-¿Vamos a robársela?
-No, vamos a cogerla prestada hasta llegar a mi coche y luego le robaremos una rueda para ponérsela a mi coche.
-¿En serio? – Se le ilumina la cara con una sonrisa mostrando que le ha gustado la idea y se la devuelvo.
-Muy en serio. Vamos.
~~~
Cuando llegamos hasta mi coche veo a Donny salir de él y acercarse, al ver que somos nosotros y que no ha nadie más en la camioneta tuerce el gesto y pregunta:
-¿Qué habéis liado ahora?
Holly también sale y se acerca a nosotros.
-¿De dónde has sacado ese trasto?
Mía y yo nos miramos y bajamos del coche, cuando ven mi cara y sus nudillos mi hermana grita con dramatismo y se acerca a mí.
-¡¿Pero qué ha pasado?! ¿Estáis bien? Dios Ryan tiene el labio fatal. – Me agarra de la barbilla y se acerca para verlo mejor, yo me deshago de su mano y miro a Donny con una señal de que debemos darnos prisa y su cara cambia a gesto serio. Lo ha entendido.
-Holly, porque no vas con Mía a ver si viene encontráis cobertura más adelante.
Mía me mira y entiende que quiero despistarla para poder actuar con rapidez y así cambiar la rueda del coche.
-Sí, vamos.
Las dos se van y es entonces cuando Donny pregunta.
-¿Qué ha pasado?
-Tres tíos que se querían pasar de listos al ver a Mía. Eso ha pasado.
Donny me escruta durante unos segundos. Sé lo que piensa. Sé lo que le preocupa.
A mí también, pero no hay tiempo para eso.
-Están bien. – Respondo a su pregunta interna.
-Bien, vamos a ver si esa rueda le vale a tu coche.
~~~
Quince minutos después y gracias a Dios, la rueda encaja y las chicas vuelven. Nos montamos en mi coche y en silencio volvemos a la ciudad.
Mía y yo nos miramos constantemente por el espejo. Intento ver si se encuentra bien, pero después de haber llorado en mi hombro parece haberse puesto una máscara para tapar su miedo.
Me preocupa.
¿Qué le habrá dicho ese tío para dejarla así?
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Siento la tardanzaaa /= estaba de vacaciones!! Pero ya he vueltoo.
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BOXEA COMO PUEDAS (Completa)
JugendliteraturRyan se encuentra en una encrucijada al dejar entrar en su vida a una boxeadora que le tiene loco. Su forma de boxear le resulta conocida, pero no queriendo entrar en detalles deja el tema apartado. Su vida ya es bastante difícil intentando olvida...
