CAPÍTULO XI

3.5K 374 75
                                        

VICTORIA

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

VICTORIA

Recojo mi pelo por décima cuarta vez, suspirando con fuerza. Haciendo que un mechón rojo baile flotando y luego caiga tapando mi ojo izquierdo. Con fastidio, lo meto tras mi oreja volviendo a la guerra.

Agarro con precisión el borde del sillón en forma de L y lo arrastro con fuerza por todo el piso, colocándolo en una nueva posición en mi sala.

Idea pésima. No me gusta como se ve.

Cansada de no conseguir el efecto visual que quiero, vuelvo a arrastrarlo a otro lugar.

No sé si a más mujeres les pasa lo mismo, pero lo que a mí respecta, cuando estoy furiosa, frustrada y con ganas asesinas de comerme el mundo, me da por hacer limpieza general.

Podría decirse que el polvo se esconde de mi.

Erick me tiene hasta las gónodas con sus visitas repentinas y sus exigencias por una oportunidad que no se merece. De verdad, él empieza a preocuparme.

Las cosas en el trabajo van mucho más que bien; ahora que mi jefe, Lev, regresó dispongo de más tiempo libre y puedo cotillear por los pasillos. Su esposa es preciosa y encantadora. Hasta hicimos buenas migas, ¿qué tal?

Es una pena que ese bombón ya este apartado. Él y Graciella, hacen bonita pareja. Les tengo envidia, pero de la buena.

Luciano. Luciano. Luciano.

El puto hombre es como el vino, cada día que pasa se pone mucho más bueno. No es que sea alcohólica, pero siendo franca conmigo misma ¿Quién no se lanzaría de cabeza si Luciano fuera una piscina llena de esa bebida?

Yo sería la primera, con ilusiones de ser la única. Cosa que es sumamente imposible. Aunque uno nunca se debe dar por vencida, ¿quien quita y me da más que un suspiro?

Es buen compañero en cuanto a ver tele y comentar cualquier cosa acompañado de una tasa de té de durazno. Es simpático, divertido y un caballero, pese a sus constantes coqueteos. Es cinéfilo y le gusta leer. ¿Qué más se podría pedir? El hombre perfecto no tan perfecto.

Solo que es una pena que tengamos tantos límites.

Tiro de regreso el sillón a su lugar de partida, maldiciendo hasta en hebreo al estúpido de Alain.

¡Joder!

El idiota lo hace más que reírse de mí mientras disfruta de un chocolate caliente sin siquiera mover una pestaña para ayudarme desde su lugar en mi cocina.

Signore BalbieriDonde viven las historias. Descúbrelo ahora