CAPÍTULO III

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LUCIANO

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LUCIANO

Trabajo. Familia. Diversión. Placer.

Placer. Diversión. Familia. Trabajo.

Esa es mi vida o como quieran ordenarla. Nunca me he considerado una persona responsable, salvo en cuestiones familiares o de trabajo. Nunca, jamás en la puta vida se debe subestimar el genio de mi hermano. El cabrón es don perfecto, aunque tiene sus secretos ocultos. Ese es Lev Armstrong, mientras yo, soy él típico chupa coños picaflor de la familia. Luciano Balbieri.

Vivo la vida a mi manera; follando hoy y mañana, ¡y qué carajos! Pasado mañana, también. Sin preocuparme en rendirle cuentas a nadie al llegar a mi ático luego de una jornada sofocante de trabajo y porque no, de una buena follada.

Como lo que está por pasar a continuación.

Una sonrisa lobuna se extiende en mi boca, cuando paso la llave digital por la ranura de la puerta de la suite del hotel que específica el pos-it  amarillo limón que dejaron entre las carpetas hoy por la tarde en mi oficina.

Venga, soy humano, pero sobre todo un hombre. Ni loco iba a desaprovechar una oferta generosa de sexo. Debo admitir que lo clandestino le da un sabor diferente a la cosa, y los orgasmos, mierda, son una muerte súbita.

Paso, cierro la puerta y avanzo deslizando mis zapatos italianos por el piso de madera. Parpadeando para acostumbrar mis ojos a la poco luz que ilumina la estancia.

La musica suave y rítmica me atrae, dirigiendo mi cuerpo como si flotara por el aire. Atravieso el pasillo en silencio, minimizando el ruido que pueda provocar las suelas de mis zapatos para no poner a mi anfitriona sobre aviso.

Detengo mis pasos frente a las puertas corredizas de caoba; las cuales a penas y dejan unos centímetros de separación entre los filos de la madera. Las luces están encendidas, mientras mi presa de esta noche descansa su cuerpo sobre un mar de seda enfundado en ropa interior femenina exquisita, color negra. Mi favorita.

Si, soy algo fetichista, pero no de nada raro, ojo con eso. Amo con locura un par de bonitos pezones y si le agregas a eso ropa interior sexy. ¡Joder! Haré un buen trabajo por un par de horas. ¿Qué mejor motivación que esa?

Empujo despacio las puerta hasta hacerme espacio sin hacer mucho ruido. Emily, cual es el nombre de la susodicha, tiene sus ojos cerrados y su cuerpo relajado, como si estuviera dormida. Sus labios llenos van disfrazados de rojo y a mi mente vuela con ellos envueltos alrededor de mi polla. Su respiración es superficial, moviendo ligeramente la carne de sus pechos retenidos por el sostén de media luna.

Le doy un repaso a su cuerpo lentamente, gustándole a mi parte inferior lo que veo: piel bronceada, pechos medianos, abdomen plano y un pequeño bultito de carne oculto bajo la tela semi transparente de sus braguitas, que nos es más que su coño.

Saboreo mis labios al mismo tiempo que comienzo a deshacerme de mi saco, parado al final de la cama con una maravillosa vista. Ella sigue en su mundo de inconsciencia acostada de forma incorrecta en la cama mientras yo, dejo caer la pieza de vestimenta en el sillón junto a la pared a mis espaldas. Quito un gemelo y luego otro, guardándolo en el bolsillo de mi pantalón, subiendo poco después las mangas de mi camisa hasta mis codos.

Signore BalbieriDonde viven las historias. Descúbrelo ahora