Capítulo 5

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La frase de Bruno descolocó a la joven. Lo miró por unos segundos y después habló.

- Pues siento decirte que no podrás vengarte de ellos si sigues aquí. Están tan muertos como tú.

- Pero tienen descendientes.

Julia dio un paso hacia atrás, dispuesta a salir corriendo.

- ¿Quieres matar a sus descendientes?

Bruno se echó a reír.

- Eso es un poco de loco psicópata. Sólo quiero darles el susto de su vida.

- ¿Y por qué no lo has hecho ya?

- Porque les perdí la pista hace tiempo. Pero ahora que estás aquí... Creo que puedes ayudarme.

- No voy a ayudarte a asustar a nadie.

- Venga - se acercó a la chica, y comenzó a flotar - será divertido.

Ella negó con la cabeza y se giró.

- Aburrida.

Julia escuchó la risita del muchacho tras de sí.

- Bueno, si no quieres ayudarme a abandonar este mundo, quizá puedas hacer que mi estancia aquí sea algo más entretenida.

La joven lo miró de nuevo. Sus ojos azules la hipnotizaban.

- Está bien. ¿Qué quieres?

- Hablar.

Dicho y hecho. Pasaron el resto de la tarde conversando sobre la mayor variedad de temas imaginables. Bruno habló de su familia. Julia de la suya. De sus amigos, sus aficiones y sus pensamientos, hasta llegar a cosas más íntimas. Ambos estaban tumbados sobre la cama de la chica, mirándose a los ojos.

- ¿Cómo has dicho?

- Sí. Cuando me mataron estaba apunto de casarme.

- Entonces... No sólo te quitaron la vida sino también... Tú amor verdadero.

Bruno rió de nuevo. Su risa irritaba bastante a Julia, ya que era muy estridente y podía escucharse a kilómetros.

- ¿Amor verdadero? Negocio verdadero querrás decir. Yo era quien iba a sacar a mi familia de la pobreza al casarme con la hija del dueño de una fábrica.

- Vaya... ¿Entonces nunca te has enamorado?

El muchacho negó y bajó la cabeza.

- Vaya.

- En los años que llevo deambulando por esta casa siempre veo parejas felices, y yo sólo puedo pensar que nunca tendré eso.

- Bueno, quizá... En el otro lado...

- ¿Y si en el otro lado todo cambia? Me descompongo, para formar nuevas almas o... Que sé yo.

- ¿No te da miedo cruzar?

- Sí, pero es mejor que todas estas décadas en este mundo vagando sin rumbo.

- Supongo...

- Ahora hablemos de ti.

- No hay mucho que contar... Toda mi vida se limita a esto. Hablo con los muertos.

Julia bajó su mirada hacia la herida de bala en la barriga de Bruno.

- Vamos, seguro que hay algo más, haz un esfuerzo.

- Bueno, pues... Yo tampoco me he enamorado nunca.

- ¿Qué más?

- Aunque ayer... Salí de fiesta y besé a un chico... Creo que me gusta.

- Y empezamos con las ñoñerías.

- ¿Qué?

- Te has puesto roja.

Julia se tocó las mejillas. Estaban calientes.

- ¿Y cómo es ese chico?

- Es el hijo del alcalde. Es un auténtico encanto. Es simpático, y guapo, y...

- Deberías ver esa sonrisita que te sale.

Julia se tapó la boca avergonzada.

- Bueno, ya basta de hablar de él. - dijo la chica.

- Está bien. Pero sigue hablando. Llevo muchísimo tiempo sin hablar con nadie. Quiero... Quiero escuchar historias nuevas.

- ¿Qué quieres que te cuente?

- Bueno... ¿Cómo va España?

Julia se echó a reír.

- Bueno... Es... Es complicado. ¿Cuando dices que...?

- ¿Morí?

- Sí, eso.

- En los años veinte.

- Pues... A ver... Como te explico.

De la mejor manera que pudo, Julia relató la gran cantidad de desastres que habían ocurrido en la historia de España y del mundo.

- ¿Más guerras dices?

- Sí, una mundial y otra civil.

- Yo viví durante una guerra mundial... Las noticias eran... Horribles.

- Multiplica todo eso por diez, y tendrás lo que provocó la segunda.

- Bueno, ya he oído bastante sobre guerras. Cuentame cosas bonitas.

- De acuerdo... Te contaré... Cosas bonitas. - murmuró con una risita. - Finalmente vivimos en paz. Bueno. Relativa paz.

- Que positivismo.

- Hay mucha crisis... Hay gente viviendo en la calle, sin nada que llevarse a la boca... Enfermos...

- Entonces no parece que hayamos evolucionado mucho desde mi tiempo.

De repente se escuchó la puerta abrirse. Julia miró su móvil. Las nueve y media.

- Creo que deberías irte. Si mis padres me ven hablando el aire comenzarán a sospechar. Y no me apetece explicarles que el único amigo que tengo aquí es un fantasma.

- ¿Tu único amigo? ¿Y que hay de ese chico?

- Bueno. Creo que somos más que amigos.

- Volveré mañana.

- No lo dudaba.

Bruno atravesó la pared y desapareció de la vista de la chica. Justo entonces su hermana entró en la habitación.

- ¿Aún no te has duchado? ¡Vamos a llegar tarde a la verbena!

EL DON.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora