La frase de Bruno descolocó a la joven. Lo miró por unos segundos y después habló.
- Pues siento decirte que no podrás vengarte de ellos si sigues aquí. Están tan muertos como tú.
- Pero tienen descendientes.
Julia dio un paso hacia atrás, dispuesta a salir corriendo.
- ¿Quieres matar a sus descendientes?
Bruno se echó a reír.
- Eso es un poco de loco psicópata. Sólo quiero darles el susto de su vida.
- ¿Y por qué no lo has hecho ya?
- Porque les perdí la pista hace tiempo. Pero ahora que estás aquí... Creo que puedes ayudarme.
- No voy a ayudarte a asustar a nadie.
- Venga - se acercó a la chica, y comenzó a flotar - será divertido.
Ella negó con la cabeza y se giró.
- Aburrida.
Julia escuchó la risita del muchacho tras de sí.
- Bueno, si no quieres ayudarme a abandonar este mundo, quizá puedas hacer que mi estancia aquí sea algo más entretenida.
La joven lo miró de nuevo. Sus ojos azules la hipnotizaban.
- Está bien. ¿Qué quieres?
- Hablar.
Dicho y hecho. Pasaron el resto de la tarde conversando sobre la mayor variedad de temas imaginables. Bruno habló de su familia. Julia de la suya. De sus amigos, sus aficiones y sus pensamientos, hasta llegar a cosas más íntimas. Ambos estaban tumbados sobre la cama de la chica, mirándose a los ojos.
- ¿Cómo has dicho?
- Sí. Cuando me mataron estaba apunto de casarme.
- Entonces... No sólo te quitaron la vida sino también... Tú amor verdadero.
Bruno rió de nuevo. Su risa irritaba bastante a Julia, ya que era muy estridente y podía escucharse a kilómetros.
- ¿Amor verdadero? Negocio verdadero querrás decir. Yo era quien iba a sacar a mi familia de la pobreza al casarme con la hija del dueño de una fábrica.
- Vaya... ¿Entonces nunca te has enamorado?
El muchacho negó y bajó la cabeza.
- Vaya.
- En los años que llevo deambulando por esta casa siempre veo parejas felices, y yo sólo puedo pensar que nunca tendré eso.
- Bueno, quizá... En el otro lado...
- ¿Y si en el otro lado todo cambia? Me descompongo, para formar nuevas almas o... Que sé yo.
- ¿No te da miedo cruzar?
- Sí, pero es mejor que todas estas décadas en este mundo vagando sin rumbo.
- Supongo...
- Ahora hablemos de ti.
- No hay mucho que contar... Toda mi vida se limita a esto. Hablo con los muertos.
Julia bajó su mirada hacia la herida de bala en la barriga de Bruno.
- Vamos, seguro que hay algo más, haz un esfuerzo.
- Bueno, pues... Yo tampoco me he enamorado nunca.
- ¿Qué más?
- Aunque ayer... Salí de fiesta y besé a un chico... Creo que me gusta.
- Y empezamos con las ñoñerías.
- ¿Qué?
- Te has puesto roja.
Julia se tocó las mejillas. Estaban calientes.
- ¿Y cómo es ese chico?
- Es el hijo del alcalde. Es un auténtico encanto. Es simpático, y guapo, y...
- Deberías ver esa sonrisita que te sale.
Julia se tapó la boca avergonzada.
- Bueno, ya basta de hablar de él. - dijo la chica.
- Está bien. Pero sigue hablando. Llevo muchísimo tiempo sin hablar con nadie. Quiero... Quiero escuchar historias nuevas.
- ¿Qué quieres que te cuente?
- Bueno... ¿Cómo va España?
Julia se echó a reír.
- Bueno... Es... Es complicado. ¿Cuando dices que...?
- ¿Morí?
- Sí, eso.
- En los años veinte.
- Pues... A ver... Como te explico.
De la mejor manera que pudo, Julia relató la gran cantidad de desastres que habían ocurrido en la historia de España y del mundo.
- ¿Más guerras dices?
- Sí, una mundial y otra civil.
- Yo viví durante una guerra mundial... Las noticias eran... Horribles.
- Multiplica todo eso por diez, y tendrás lo que provocó la segunda.
- Bueno, ya he oído bastante sobre guerras. Cuentame cosas bonitas.
- De acuerdo... Te contaré... Cosas bonitas. - murmuró con una risita. - Finalmente vivimos en paz. Bueno. Relativa paz.
- Que positivismo.
- Hay mucha crisis... Hay gente viviendo en la calle, sin nada que llevarse a la boca... Enfermos...
- Entonces no parece que hayamos evolucionado mucho desde mi tiempo.
De repente se escuchó la puerta abrirse. Julia miró su móvil. Las nueve y media.
- Creo que deberías irte. Si mis padres me ven hablando el aire comenzarán a sospechar. Y no me apetece explicarles que el único amigo que tengo aquí es un fantasma.
- ¿Tu único amigo? ¿Y que hay de ese chico?
- Bueno. Creo que somos más que amigos.
- Volveré mañana.
- No lo dudaba.
Bruno atravesó la pared y desapareció de la vista de la chica. Justo entonces su hermana entró en la habitación.
- ¿Aún no te has duchado? ¡Vamos a llegar tarde a la verbena!
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EL DON.
Mystery / Thriller¿Alguna vez te has preguntado cómo sería tu vida si fueses capaz de ver cosas que los demás no? Fantasmas, por ejemplo. Por extraño que parezca, Julia lo lleva con bastante normalidad. Heredado de su abuela, este extraño don le permite hablar con lo...
