Cuando Julia despertó no estaba sola en la cama. Tumbado a su lado estaba Diego. Dormía tranquilo y sus heridas estaban curadas. ¿Estaban salvados? ¿O acaso todo había sido un mal sueño? Se levantó con dificultad y comprobó que no. Continuaba en la misma habitación, sin puerta y con una única ventana por la que le sería imposible saltar.
Comenzó a acariciar el brazo de Diego. No entendía nada. Parecía que la cabeza fuese a explotarle en cualquier momento. Se levantó de la cama y revisó la habitación. Había un escritorio, un armario y un espejo. No entendía por qué "él" se habría tomado la molestia de colocar todo aquello allí. Se dirigió hacia el armario y lo abrió de par en par. Dentro había un vestido blanco. Era muy fino, casi transparente.
– ¿Julia?
– Diego.
– Creía que no iba a volver a verte.
– Lo mismo digo.
La chica estiró la pierna para dirigirse hacia la cama cuando sintió que algo le rodeaba la muñeca. Se giró y chilló. La manga del vestido tenía vida propia. Pegó un tirón y se deshizo de ella. Caminó hacia la cama y prácticamente se lanzó encima de su amigo.
– Lo siento tanto.
Comenzó a llorar sobre el pecho de Diego.
– Julia...
– Siento haberte metido en toda esta mierda. Lo siento de verdad.
– Julia... Está bien.
– No está bien. Te han secuestrado y torturado. Todo por mi culpa.
– Bueno. Más bien la culpa es de un fantasma vengativo.
– No. Él no tiene la culpa. Hay algo más.
– ¿Algo más?
Diego calló de repente. Comenzó a mirar a su alrededor casi histérico.
– ¿Tú también lo sientes?
Julia no respondió. Había caído sobre la cama y se tapaba los oídos.
– ¡HAZ QUE PARE! – le gritó. Parecía que la cabeza iba a explotarle. Un agudo pitido la invadía. Se retorció sin parar hasta el punto de caer al suelo.
– ¡Julia!
Entonces cesó. La chica se levantó poco a poco. Todo se habían vuelto sensaciones agradables. Parecía estar en una nube. Ni siquiera se giró hacia Diego. Era como si ese movimiento fuera demasiado costoso. Sus movimientos eran bastante más lentos que los habituales. Alzó la cabeza y la vio.
– ¡Abuela! – corrió hacia ella y la rodeo con los brazos – Abuela... – las lágrimas comenzaron a brotar a la vez que el cuerpo le temblaba. – ¿Qué haces aquí? Creí que... Creí que habías cruzado al otro lado.
– Así es. Pero he vuelto para ayudarte. No tenemos mucho tiempo.
– ¿Qué debo hacer? – agarró las manos de la mujer que comenzaba a desvanecerse.
– Tiene un frasco. Allí guarda los recuerdos de cientos de espíritus. Se apropia de ellos. Así consigue no desaparecer.
– Cuando nadie te recuerda... Desapareces...
– Debes romper el frasco. Libera los recuerdos.
– Pero...
– Julia. Lo harás muy bien. Eres muy fuerte.
– ¡Abuela!
La mujer de desvaneció. Una sensación helada recorrió a la chica de arriba a abajo.
– ¡Julia! – Diego se acercó a ella – ¿Qué acaba de pasar?
– Mi abuela. Mi abuela me ha dado la solución.
Julia intentaba unir todas las piezas, relacionándolas con Bruno.
– Hay un ser. Una mujer. Quiere... Quiere volver a la vida. Pero... Pero necesitaba tiempo para llevar a cabo su plan. Y en ese tiempo sus seres queridos la olvidarían... – Julia cerró los ojos. El hilo conductor parecía tener sentido – Por eso robó los recuerdos de otros espíritus. De algún modo... Se apropió de ellos. Así puede seguir existiendo sin desvanecerse. Utiliza a estos espíritus para sus planes. Utilizó a Bruno para encontrarme a mí. Le robó su recuerdo. Su asunto pendiente. Tenemos que encontrar el frasco y liberar los recuerdos.
– Claro. – dijo Diego casi con sarcasmo.
– Créeme. Es la única oportunidad que tenemos.
– Está bien. ¿Qué tenemos que hacer?
En aquel momento el armario se abrió de golpe. El vestido, que anteriormente se había movido tímidamente, estiró las mangas de manera extravagante hasta alcanzar los brazos de Julia e inmovilizarlos. Diego trató de ir hacia ella, pero Julia negó con la cabeza. El vestido la llevó con ella hacia el armario y las puertas se cerraron. El propio vestido comenzó a desnudarla de forma violenta y a introducirse en su cuerpo.
– ¡Déjame! – chilló. Ambas mangas se cruzaron sobre la barriga y se ataron tras la espalda. Tras un par de intentos de liberarse, Julia desistió. Las puertas del armario se abrieron, y observó a Diego, sobre la cama. También vestía de blanco. Poco a poco las mangas se aflojaron hasta que pudo moverse con libertad. Salió del armario de un salto y se dirigió a la cama.
– ¿Qué acaba de pasar? – murmuró mirando hacia abajo.
– Estás preciosa.
– Diego, no es momento para eso.
– Diego no ha dicho nada.
Julia levantó la cabeza. Bruno estaba frente a ella. Sus ojos azules brillaban más que nunca. Las mejillas de la chica enrrojecieron.
– Sé como salvarte.
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EL DON.
Mystery / Thriller¿Alguna vez te has preguntado cómo sería tu vida si fueses capaz de ver cosas que los demás no? Fantasmas, por ejemplo. Por extraño que parezca, Julia lo lleva con bastante normalidad. Heredado de su abuela, este extraño don le permite hablar con lo...
