Capítulo 7

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- Ah.

Julia miró a Diego con vergüenza.

- Lo siento de verdad. No sabía lo que hacía.

Un silencio incómodo se formó en torno a ellos.

- Quieres... ¿Quieres volver a la fiesta?

Julia negó con la cabeza.

- Me voy a casa.

- Julia...

- No me encuentro bien. Me voy.

Abandonó el callejón y se dirigió a la plaza, en busca de sus padres.

- Dadme las llaves. Me voy a casa.

- ¿Qué ha pasado? - su madre dejó de prestar atención a su vaso para girarse hacia su hija.

- No me encuentro bien. Acabo de vomitar.

- ¿Quieres que vaya contigo?

Julia negó con la cabeza.

- Divertíos.

Cogió las llaves y abandonó la plaza. Mientras caminaba hacia la casa se encontró con varias personas que se dirigían a la feria, felices, sin preocupaciones. Llegó a la casa, entró y fue corriendo a su habitación. Se tumbó a la cama y comenzó a llorar. No entendía muy bien por qué. Al cabo de un rato escuchó a alguien moverse en la habitación. Levantó la cabeza para encontrarse con Bruno.

- Creía que volverías mañana.

- Te escuché llorar y decidí venir.

- ¿Así que ahora te preocupas por mí?

- Es lo que hacen los amigos.

Julia se sentó en la cama, y Bruno se colocó junto a ella.

- ¿Estás bien?

Ella negó con la cabeza.

- Para un tío con el que parece que tengo oportunidades... ¡Y resulta que es gay!

- ¿Que es qué?

- Gay. Ya sabes. Un hombre al que le gustan los hombres.

Bruno abrió muchos los ojos.

- ¿Eso existe?

- Pues claro.

- Si tú lo dices...

Discurrieron unos minutos de silencio hasta que Julia volvió a hablar.

- Al final va a ser verdad que me voy a morir sola.

- Eres una dramática. Sólo ha sido un fracaso. Además, siempre puedes encontrar novio en el más allá.

- ¿Los fantasmas hacéis eso?

- Tenemos mucho tiempo libre hasta que cruzamos al otro lado.

- ¿Tú lo has hecho?

- Bueno, sí.

- Me dijiste que nunca te habías enamorado.

- Y es verdad, pero eso no significa que no me haya divertido un poco.

Julia había dejado de llorar, y las lágrimas iban secándose poco a poco.

- ¿Qué pasó con ella?

- Se aburrió de mí.

- ¿Aburrirse de tí? ¡Vaya! ¿No es eso imposible? - dijo Julia con algo de sarcasmo.

- Muy graciosa. Se fue. Con otro fantasma.

- ¿Me lo estás diciendo en serio? Esto es un culebrón.

Bruno sonrió y se tumbó en la cama. Julia hizo lo mismo.

- Cuando él cruzó al otro lado, ella volvió a por mí.

- ¿Y que hiciste? - Julia bostezó.

- Ignorarla. A veces, a día de hoy, viene a verme.

- ¿Sigue intentándolo?

- No tener ocupación ninguna crea en ti una necesidad de compartir tu vida con alguien.

- Bueno, tú has estado solo.

- Sí. Hasta que te conocí.

Estiró su brazo y rodeó con él a Julia.

- ¿Qué estás haciendo?

- Compartir mi vida con alguien.

Julia se ruborizó.

- ¿Estás ligando conmigo?

- Es posible.

- Pero... ¡Estás muerto!

- ¿Y qué?

- Que eso... Eso... ¡Eso no está bien!

- ¿Y quien lo dice?

- ¡Yo lo digo! ¡Imagina la cara de mis padres cuando les diga que mi novio es un fantasma!

- No te estoy pidiendo que seamos novios.

- ¿Y entonces que quieres?

- Darte a entender que eres preciosa y que algún día encontrarás a alguien perfecto para ti.

- Y ese alguien... ¿Eres tú?

- No lo creo. Yo estoy muerto. Tú lo has dicho.

- Y... ¿Y entonces?

- ¿Cuanto tiempo vas a estar aquí?

- Una semana.

- Muy bien, seamos novios durante una semana entonces.

- ¿Me lo estás diciendo en serio?

- Muy en serio. Si no te gusto imagínate que soy ese chaval que te ha dejado tirada.

- Bruno... Esto es muy raro.

- Igual que tú. Te dejaré hasta mañana para pensarlo.

Dicho esto se levantó de un salto y abandonó la habitación atravesando la pared.

- ¡Oh vamos! ¿Esto va en serio?

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