«No importa lo rápido que viaje la luz, siempre se encuentra con que la oscuridad ha llegado antes y la está esperando.» -Terry Pratchett.
• Histora ganadora de los premios WATTY 2019 en la categoría de misterio & suspenso.
• Primer libro de la trio...
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Enora
—¿Mercy lo sabe? —pregunta Zenás en una susurro, pero en cuanto me retuerzo contra la pared para aguantar el ardor añade:—Lo siento, prometo que falta poco.
Asiento mientras él continúa limpiando con alcohol la herida en mi cadera. Está muy distinto a como era hace siete años atrás. Dejó de ser un niño físicamente hablando, pero me pregunto si fue obligado a dejar de serlo en los otros aspectos. Ha madurado, es notable, pero puede que se haya visto forzado a hacerlo como la mayoría. Este podría ser uno de muchos casos donde las ramas que encontrabas en la calle e imaginabas que eran pistolas terminaron por convertirse en unas reales.
—¿Qué estoy embarazada? —Rio con poco humor, y al notar que está por disculparse me corrijo—. Lo siento, fue grosero de mi parte. No, no lo sabe, y aún no sé cómo decirle que su hermana de apenas dieciséis años se embarazó del chico con el que solía acostarse.
—Hace años que no la veo, pero si su esencia sigue siendo la misma la visualizo como la tía que enseña a patear traseros. —Una vez que la venda está en su lugar me baja la camiseta sucia y comienza a guardar todo de nuevo en la pequeña mochila que traía en la espalda—. Y ahora que lo pienso, ella podría cambiar los pañales sin problema. No tiene olfato.
—No veo a Mercy cambiando pañales en mis sueños ni en mis pesadillas. —Rio, pero automáticamente él se lleva el dedo índice a los labios y me muerdo el interior de la mejilla para hacer silencio—. Perdona.
Él niega con la cabeza como si no existiera nada por lo que pedir disculpas. Se deja caer contra la pared opuesta del armario de limpieza y me mira con una pequeña sonrisa curvándole los labios, una que comienza a desparecer en cuanto mis ojos vuelven a cristalizarse.
Ojalá pudiera seguir riendo. Reír te hace olvidar de muchas cosas. Temporalmente, pero lo hace.
No puedo evitar llorar. No creo que sea de débiles extrañar a las personas que amas, pensar en el hecho de que has sido secuestrada y sentirte perdida cuando vas a traer un bebé a un mundo como este. Solo me falta recordar a Uxia para saber qué tan peligroso es, pero no hay forma de que pueda o se me ocurra abortarlo. No tuve mucho tiempo para hablarlo con Clayton porque cuando se lo mencioné no supo qué decir. No somos una pareja y no estamos enamorados, solo somos dos personas que se encontraron en el otro para tomar un descanso de enfrentarse todos los días al Globo, pero ahora estamos en esto juntos.
Sé que fui irresponsable y que mi hermana le echará toda la culpa a él cuando se entere, pero no sirve de nada seguir estancado en los errores o argumentar que Clay sabía lo que hacía al ser más grande que yo.
Ambos estuvimos en este y ambos vamos a hacerle frente. Al menos, yo pienso hacerlo.
Tengo que ponerme a salvo ahora.
Tengo que ponerlo a salvo.
Zenás se acerca hasta que sus rodillas tocan las mías. Me toma de las manos y aprieta con fuerza.
—¿Qué haces? —Tengo tantas emociones encontradas que sueño confundida. Lo estoy.
—Recuerdo que cuando te asustabas porque mi padre y el tuyo hacían todas esas reuniones con tipos armados en tu casa, Mercy te agarraba de las manos y obligaba repetir cosas. —Sus ojos dorados brillan bajo la escasa y mortecina iluminación—. Haremos eso. Además, no podemos salir de aquí hasta que mi contacto me diga que han desconectado las cámaras en los corredores de nuestro subterfugio.
Asiento en concordancia y vuelvo a darle las gracias.
—Repite después de mí: empieza pero termina, duele pero deja de hacerlo, cicatriza. Empieza pero termina, duele pero de hacerlo, cicatriza.
Lleno mis pulmones con una bocanada de oxígeno y repito.
—Empieza pero termina, duele pero deja de hacerlo,... cicatriza.