«No importa lo rápido que viaje la luz, siempre se encuentra con que la oscuridad ha llegado antes y la está esperando.» -Terry Pratchett.
• Histora ganadora de los premios WATTY 2019 en la categoría de misterio & suspenso.
• Primer libro de la trio...
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Mercy
La alcantarilla desemboca en la playa.
Mis botas se hunden en la arena húmeda por una reciente llovizna. La noche no está lejos y el cielo cobra un color plomizo. El océano se encuentra turbulento y las olas crecen a lo lejos. La brisa es fría y la tempestad acecha cerca. Casi puedo imaginarme a Enora mirando preocupada las alturas, retorciéndose las manos con nerviosismo. Siempre le dije que no tuviera miedo de las tormentas, pero ella insiste en que la naturaleza es el fenómeno más hermoso y traicionero que hay.
¿Cómo no vas a temerle a algo que puede ahogarlo, volarlo, erupcionarlo y calcinarlo todo, Mer?
Subimos por la pequeña pendiente rocosa hasta el muelle y caminamos a lo largo del paseo de madera hasta llegar a la vieja alameda de Saint Rocke. Hay pocas tiendas callejeras y cada bar, burdel, hotel y restaurante está recibiendo un constante flujo de gente pasando y saliendo por sus puertas. El puerto siempre fue uno de los lugares más transitados, antes dado que de aquí se importaba a otros países. Ahora es, en mayor parte, un punto de paso entre los otros puntos importantes del Globo ya que a unos pocos kilómetros está la única estación de tren que conecta los sitios primordiales de lo que resta de nuestro país: El Timón, La Escarlata, El paso de Cynder y, hacia donde nos dirigimos, Raigón.
Mi antiguo hogar.
—Me encargaré de conseguir un lugar para dormir esta noche —afirma Clay observando las diferentes construcciones deterioradas—. Pueden intentar conseguir algo de dinero en algún bar, ya saben que por aquí se hacen muchas apuestas. No nos vendría mal algo más de efectivo para el viaje.
—Te acompaño —dice Myko—. Hay más posibilidades de que te den un lugar si te presentas con un rostro bonito como el mío. —Clay rueda los ojos y el rubio se gira hacia su hermana, quien le tiende su pañuelo amarillo—. ¿Vienes? —le pregunta doblándolo y volviéndolo a guardar en el bolsillo de su chaleco.
—En realidad, me gustaría hablar con Letha —interrumpo.
Myko mira a su melliza esperando por una respuesta. Cuando esta asiente y asegura que todo está bien él asiente de vuelta y le da un apretón a su mano antes de marchar con Clay.
—¿Puedes ocuparte de Romeo por un minuto? —inquiero a Nisha, quien arquea una ceja en respuesta. Karsten imita el gesto por ser apodado de esa forma.
—No será un placer, pero puedo hacerlo por ti —asegura echándose una de las trenzas sobre el hombro antes de tomar al muchacho por el cuello de la camiseta y arrastrarlo a quién sabe dónde—. Camina o vuela de una patada en el trasero, chico —le dice.
Una ráfaga de brisa vuela mi coleta y la estrella contra mi mejilla. No la aparto porque estoy demasiado ocupada quitándome la chaqueta y envolviendo sus hombros con ella. Letha aprieta los labios en silencio e inhala despacio. Sus rizos siempre parecieron oro al sol, pero ahora que hay un cielo enlutado sobre nosotras y ha comenzado a lloviznar otra vez su pelo parece de un color apagado y sucio.