«No importa lo rápido que viaje la luz, siempre se encuentra con que la oscuridad ha llegado antes y la está esperando.» -Terry Pratchett.
• Histora ganadora de los premios WATTY 2019 en la categoría de misterio & suspenso.
• Primer libro de la trio...
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Mercy
Me cuesta abrir los ojos. Las lagañas hacen de maldito pegamento y tengo que luchar contra ellas mientras intento ubicarme en tiempo y espacio.
Me duele el cuello cuando me enderezo. He dormido apoyada en el hombro de Karsten, quien ahora sueña tranquilo, con la mejilla descansando sobre la ventanilla y los labios ligeramente entreabiertos. Está oscuro afuera y el tren se encuentra silencioso, lleno de sombras. Vuelvo a arrastrar la mirada hacia el chico. Duerme con los brazos cruzados, como si incluso antes de dejarse llevar por Morfeo se asegurara de tener una especie de escudo al estar desprotegido en la realidad. Su respiración es suave, calmante.
Uno de sus mechones pelirrojos le cae sobre la frente. Lo miro con intensidad, como si pudiera devolverlo a su lugar con solo mirarlo. Necesita un corte de cabello, y por un momento retrocedo en el tiempo. Clay no siempre tuvo el cabello corto. Cuando lo conocí lo tenía como Karsten, pero luego apareció Letha, ágil con las tijeras. Ella nos corta el cabello a todos.
Pensar en Clayton me hace envidiar a Karsten. Él está en un estado donde nada lo afecta y deseo volver a dormirme, pero luego pienso que con mi suerte tendré una pesadilla. Me veré a mí misma clavando el puñal en Ernie o veré a Clay cayendo de rodillas. Sacudo la cabeza. Quiero entumecer mis pensamientos y todo lo que siento o simplemente enfocarme en otra cosa. Toco mi bolsillo. Aún me sobra algo de lo que Escaballán me dio, pero presiento que lo necesitaré más adelante.
—Yo tampoco he podido volver a dormir —dice una voz a mis espaldas.
Me giro y veo a Myko sonriéndome de lado. Me muevo unos asientos atrás, hasta el que está luego del suyo. Arrodillada en el cuero desgastado apoyo mis codos en el respaldo para mirarlo, y luego dejo caer mi mentón sobre mis manos. Noto que Letha también está despierta, así que dejo que mis ojos vaguen más atrás. Nisha está dormida y vuelvo la atención hacia ellos.
—¿Cómo te sientes, Mer? —susurra ella, aún con la cabeza sobre el hombro de su hermano y aferrada a su brazo.
Hay tanta dulzura como preocupación en su voz.
—Abrumada —confieso dejando salir un suspiro tembloroso—. Impotente. Tan malditamente furiosa. —Miro por la ventanilla a la luna. Mi hermana creyó que la perseguía a donde sea que iba hasta los diez—. Triste por Clay, con miedo por Enora.
—Siento que acabas de describirme —concuerda Myko—, pero te faltó algo: hambriento. Me gustaría comerme una hamburguesa. Con queso cheddar.
Letha se ríe por lo bajo y pongo los ojos en blanco, intentando no dejar vislumbrar mi sonrisa. Ese el el poder de Myko. Puede aligerar cualquier ambiente o noticia con una simple oración. Aprecio eso. No es que él sea insensible, solo trata que nos enfoquemos en algo más que en la pérdida. Habrá mucho tiempo para llorar después, y siendo sincera no creo que ninguno de nosotros aún haya caído en la cuenta de que no volveremos a ver a nuestro amigo nunca más. El silencio se asienta entre nosotros. Miro al par de hermanos y me pregunto cuánto les costará este viaje al final, qué secuelas les estará dejando.
—Él nos salvó —dice de repente la rubia, fijando sus ojos más allá de mí, en Karsten. Al principio me desconcierta el comentario, pero cuando le presto más atención noto hacia dónde va—. Vamos a ayudarlo a recuperar a su madre, ¿verdad? —inquiere poniendo espacio entre su hermano para mirarlo y luego trasladar sus ojos a los míos, insegura.
—Se lo prometimos. —Es lo único que necesito decir para que lo entienda.
Vuelve a relajarse contra Myko.
—Nisha aún no confía en él —dice el chico, con voz reflexiva—, pero nosotros sí.
Ambos me miran. Sé por qué lo mencionan. Quieren saber si yo confío en el apodado zorro. Echo un mirada sobre mi hombro y lo medito por un segundo.
—Yo... —comienzo, pero antes de que pueda continuar los gritos llenan mis oídos.
Todo sucede demasiado rápido. El vagón se sacude con brutalidad y salgo disparada hacia atrás, golpeándome con el respaldo del asiento siguiente y cayendo al piso. Toda la máquina frena de golpe y Letha grita mi nombre, Myko grita el de ella.
Los trenes del Globo no hacen paradas antes de llegar a destino.
No a menos que los obliguen a detenerse.
—¡Lo están usurpando! —advierto antes de que las ventanillas revienten en miles de pedazos.
Me cubro el rostro con los brazos aún en el piso y el corazón me late con repentina fuerza, completamente alterado. Al principio estoy ensordecida mientras me incorporo con un gruñido sobre mis codos. A pesar de tener una chaqueta puesta siento los filos del cristal clavarse en mis antebrazos mientras me impulso para ponerme de pie, desesperada por saber que los demás están bien.
—¡Están en el techo! —advierte Nisha alcanzando nuestras mochilas y empezando a sacar todo lo que robamos a Uxia de ellas.
Miro el techo y lo escucho. Pisadas fuertes que comienzan a dejar el centro del vagón. Bajo la mirada y veo las rocas y ladrillos que lanzaron para romper las ventanillas, solo soy capaz de alcanzar una antes de que empiecen a entrar los por las ventanas y a desenfundar sus armas.
Un hombre se lanza directo sobre Myko, que ha salido rodando por el corredor por el impacto. Tiro de mi brazo hacia atrás y le doy con la piedra en la cabeza tan fuerte como puedo. Se tambalea y tiendo la mano al chico ayudándolo a levantarse a pesar de la tensión que siento en cada músculo.
—¡Letha! —llama Nisha, tirándole una mochila.
La rubia la agarra y usa como escudo cuando el cuchillo de una mujer trata de hacer contacto sobre su rostro. El filo atraviesa la lona y ella arrastra su mano. Todo el contenido del bolso, principalmente comida enlata, cae sobre Letha y la agresora se prepara para el segundo golpe, pero Nisha ya ha hecho tiempo y está empujándola contra una de las ventanas.
Dejo caer la roca y me tiro por el armamento que robamos en la cueva de Cerbero. Tomo un arma y la cargo sintiendo la adrenalina haciendo hervir mi sangre. El sudor me recorre cada parte del cuerpo en cuanto veo a un hombre sobre Karsten, tomándolo por la camiseta y estrellando repetidamente su cabeza contra el piso.
—¡Apártate! —le grito a Myko mientras apunto, quien se agacha.
El disparo retumba en el vagón. El atacante del chico grita lacerado cuando la bala le da en el hombro. Karsten aprovecha para escaparse de debajo de él y correr hacia nosotros con pánico en los ojos.
Letha gime horrorizada cuando disparo por segunda vez, esta vez directo a la cabeza del sujeto. Cae sin más, su sangre se esparce sobre la suciedad del suelo y ahoga los fragmentos de cristal.
Con la respiración agitada me vuelvo y encuentro que la mujer con la que peleaba Nisha ya no está, pero hay sangre en los trozos que aún quedan de ventanilla, prueba de que la ha sacado del vagón a la fuerza. El hombre al que golpeé inicialmente balbucea algo en el piso y Myko se encarga de dejarlo inconsciente de un golpe.
Miro a todos, uno por uno para asegurarme no que hay heridas graves. Al que más caro le ha salido es a Karsten. La sangre le gotea por su sien, escurriéndose hasta su mentón. También le sangra el oído y tiene los labios partidos.
—Hay que encontrar a Escaballán —digo entrecortadamente—. Ahora.